• Capitulo 9 •

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—El negro se está volviendo tu color dominante, diosa—Austin menciona al sentarse a mi lado, observa a mi sombra organizar todo para el funeral de Eren. —, aún recuerdo cuando te conocí, parecías la misma muerte, toda oscura. Después cambiaste y ahora, de vuelta al negro. 


—Siempre me ha gustado el negro, lo deje por poco tiempo pero que puedo decir, es un color que resalta mucho más mi belleza—y combinado con rojo como ahora que porto unos delicados guantes de seda rojos, me siento como la reencarnación de Lilith—, cuida bien de mi sombra, Austin. Ha prevalecido ante muchas cosas. 


Empieza a llegar la gente y se acercan a ofrecerme sus condolencias, soy una afligida viuda con muchos millones y propiedades a su nombre. Solo recibo los pésames por la muerte de Eren ya que Nadia y Marie hicieron el funeral de Nuria aparte, y por lo que me han dicho los que vigilan de cerca la casa, no ha llegado nadie y por ende no han recibido ninguna condolencia.

Nunca espere que el hombre con el que me asocie me quitaría de encima a Nuria también y cuando lo hizo, sentí una pequeña molestia, esa perra merecía una muerte peor y orquestada por mí. 

Austin se acerca al ataúd de Eren e inicia un pequeño discurso, todos lo escuchan atentamente y sombra lo mira con corazones en los ojos, ha llegado el arcoíris después de su tormenta. Austin termina y me señala, me levanto y me acerco. Observo a todos, nadie puede imaginar que mi esposo este ahí por mí, retiro uno de mis guantes para poner mi fría mano sobre la fría madera, aflojo lagrimas que conmueven a todo el que me ve. 


—Solo pude disfrutar poco de estar casada con este gran hombre, hace tiempo el destino nos separó, pero nos volvimos a encontrar y ahora la muerte es la que nos separa—se me quiebra la voz—, pude despedirme de él a pesar de que estaba herida por su engaño, con mi propia hermana, no pude dejar de amarlo en ese momento, aunque hubiera querido. —suspiro—, pueden estar seguros de que se fue con calma por el perdón que le concedí. 


Seco mis lágrimas y observo a todos afligidos, sus miradas de lastima, todos creyendo mis palabras y, entre esas miradas, una no me cree. Me sonríe por mi cinismo, ve más allá de lo que todos se tragan y creen, menos él. Está siendo astuto, sabe cuándo aparecerse para ponerme de los nervios, pero me mantengo firme. Ahora lo que me importa es acabar con todo este show sobre Eren, su abogado no debe tardar en aparecer para hacerme entrega de todo lo que ahora me pertenece.

El gran error de Eren sin duda fue el ponerse como único obstáculo para poder tener todo en mis manos. 

Me alejo del ataúd cuando veo a D'Amico siendo llevado por mi guardaespaldas a mi estudio, toco el hombro de Austin y el asiente yendo con sombra a entretener a todos los que vinieron. Vuelvo a colocarme el guante, Emiliano se ha ido a su habitación cuando logró lo que quería. Entro a mi estudio y voy directo a sentarme en la silla de mi padre. 


—Infórmame, D'Amico.


—El auto de tu padre fue destruido poco después de su accidente, aunque no tenía el suficiente daño para considerarlo pérdida total y destruirlo—me da una carpeta—, ahí viene todo el estudio de la escena y en esta. —me da otra carpeta un poco más vieja—, el informe del auto del señor Milano. 

Leo lo de la primera carpeta, la escena es clara, el auto perdió el control ya que dejo huellas de las llantas, lo que significa que papá quiso recuperar el control y eso no justifica que mi papá iba ebrio como nos dijeron ya que hubo marcas de sus neumáticos por varios kilómetros más. Si papá hubiera estado ebrio, solo se habría salido del camino al perder el control del auto, lo cual no paso. 

MounstroDonde viven las historias. Descúbrelo ahora