Eso fue lo último que leí al salir del pueblo envuelto en llamas, Jo maneja mientras Sombra no deja de mirar a lo único que no ardió en ese pueblo. El plan principal se cumplió, este pueblo iba a arder con Emiliano en él o no, una lástima que fue lo último que el fuego hizo cenizas.
—¿A dónde vamos, Nora? —pregunta Sombra.
—Los Ángeles, necesito dejarle un mensaje a alguien.
No pregunta más, llegamos al aeropuerto de la ciudad cercana al pueblo y no tardamos en abordar el jet, todo el incidente de ese maldito delegado que mató a Austin se resolvió con unas llamadas a la gente adecuada y quedé libre de cualquier cargo, también como regalo de despedida hice que le quitarán los cargos a Emiliano por el asesinato de su madre.
Las nubes se ven tan irreales, todo me parece nuevo con la perspectiva que tengo ahora, perspectiva que obtuve al ver de lo que fui capaz, Jo me mira, parece que ve en mis ojos la misma duda que siento en estos momentos.
—¿Estás segura de esto? —cuestiona.
—Yo no puedo hacerlo, ella sí. Siempre mostró capacidad para eso. —trago saliva para aliviar el nudo en mi garganta—, además no es como que la abandonaré, solo volveré en el momento indicado.
—Espero no te arrepientas más adelante—me mira—, la verdad dude por un momento que lo hicieras, te subestimé por primera vez.
Me levanto cuando es seguro hacerlo y lo miro.
—No lo vuelvas a hacer, es el peor error que podrás cometer conmigo, Jo.
Camino hacia una de las habitaciones acondicionadas en el jet y me acerco sigilosamente a mi final, la duda se acrecienta en mí cuando unos ojos profundamente azules me recuerdan lo que hice, estoy haciendo lo correcto, me repito una y otra vez pero ¿de verdad lo estoy haciendo?
Sólo el tiempo lo dirá.
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