XXI

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Las habladurías no se hicieron esperar después del incidente en la boda.

Aún así la pobre Makoto tuvo que resignarse a estar casada con un hombre al que no amaba, para unos era la decisión correcta para otros era trágico que dos enamorados no pudieran estar juntos.

― Me siento mal por la muchacha ― Jouno sentado en el sofá tejía con semblante triste.

A Jouno le habían explicado todo lo sucedido una vez que volvieron a casa, realmente se sorprendió.

― Sí, su padre le dio una cachetada delante de todos ― respondió el omega castaño sentándose a su lado ― Fue un completo imbécil.

Ranpo escuchaba a sus hermanos hablar en completo silencio.

― Así son las cosas muchachos ― la señora Basili habló entrando en la sala mirando a sus hijos dispersos por el lugar ― No se puede dejar atrás las costumbres.

― En ningún momento hablamos de dejar de lado las costumbres, pero deberían avanzar en lugar de seguir costumbres que se hacían hace cuarenta años ― respondió Jouno todavía tejiendo.

― Tal vez, pero algunas personas son reacias a aceptar un cambio y también es difícil hacer cambiar de pensamiento a alguien que creció con esas ideas inculcadas por sus padres o familia.

Los tres omegas se mantuvieron callados, la señora Basili los miró entristecida y luego comenzó a mirar por todos lados.

― ¿Y Fyodor?

― Fue al trabajo ― respondió simplemente Ranpo.

― Entiendo, ¿Jouno hoy te quedas tú en casa, verdad? ― preguntó dirigiendo su mirada a su hijo.

― Sí.

― ¿Vas a salir? ― preguntó el omega castaño extrañado.

― Tengo que buscar trabajo, me despidieron del anterior.

― Bueno, te deseo suerte en tu búsqueda mama.

La mujer sonrió a su hijo y salió de la sala dejándolos a solas de nuevo, no sin antes avisarles de que su tía vendría de nuevo.

.

.

― Tía, ¿podrías dejar de mirar mal las prendas de Jouno? ― preguntó el castaño conteniendo su molestia.

La tía Madeleine llegó a su casa en medio día, en ese entonces Ranpo ya se había ido al trabajo y su madre ya había salido, solo estaban Osamu y Jouno en la casa.

― No me gusta como está tejido, le faltan detalles ― habló la mujer analizando el gorro que Jouno había estado tejiendo toda la mañana.

― De todos modos no es para ti ― respondió Jouno extendiendo su mano para que le devolvieran el gorro.

― ¿Para quién es? ― preguntó curioso Osamu, acercándose a su hermano.

― No es de tu incumbencia.

Osamu lo miró aburrido, pero no insistió.

― Tía, dijiste que en unos meses te vas al extranjero ¿verdad? ― preguntó Jouno para cambiar el tema de conversación.

― Sí, me voy a Francia a visitar a unas viejas amistades y me quedaré mucho tiempo ― respondió la señora Madeleine con una sonrisa triunfante, como si fuera un logró viajar fuera del país (lo cual lo es ya que no todos podía permitirse el transporte para viajar).

― Envíanos cartas, sé que a mamá le encantaría recibirlas.

La señora Madeleine miró a Jouno y por una vez respondió con sinceridad.

"Mujercitas" | BSDDonde viven las historias. Descúbrelo ahora