El reloj del salón marcaba las diez de la mañana cuando Chuuya apareció, encogido en su abrigo. Nikolai ya agitaba las manos como si hubiera estado esperando el momento más emocionante de su vida.
—¡Al fin! —gritó, arrastrando la i en la palabra—. ¡Nuestro pequeño Chuuya viene a dar el parte romántico del día!
Poe dejó escapar una risa baja, sin apartar la mirada de su cuaderno.
—Es cierto. Nos debes detalles desde lo del jardín.
Tecchou, con la actitud de siempre, asintió.
—La información debe ser compartida en el club para ser validada.
—¡Qué diablos significa eso! —bufó Chuuya, dejando caer el gorro en la mesa—. No estoy aquí para que hagan un juicio.
—Entonces... ¿para qué sí? —preguntó Nikolai, inclinándose con teatralidad.
El pelirrojo suspiró y apoyó los codos en la mesa.
—Está bien. Hoy voy a salir con Osamu.
Hubo un silencio denso, hasta que Nikolai chilló como si le hubieran pinchado.
—¡¡¡UNA CITA!!!
Poe levantó la mirada, sus mejillas ligeramente sonrojadas.
—Eso es... sorprendentemente tierno ¿Dónde?
—En el lago congelado —admitió Chuuya, con voz más baja—. Para patinar.
Tecchou cruzó los brazos, pensativo.
—Hielo. Riesgo de fracturas. Altas probabilidades de caídas. Yo llevaría casco.
—¡No mates la magia, Tecchou! —replicó Nikolai, dándole un golpecito en el hombro—. Patinaje nocturno, respiración entrecortada por el frío, ¡un escenario perfecto para otro beso!
Chuuya se cubrió la cara con una mano.
—¿Por qué demonios vengo a contarles estas cosas?
—Porque en el fondo quieres que alguien lo celebre contigo —respondió Poe, con suavidad, como si se lo dictara una voz interior.
Chuuya suspiró y en ese momento se acercó una mujer a atenderles.
― ¿Que van a pedir? ― la mujer les sonrió amablemente esperando a que cada uno decidiera que tomarían mientras hablaban.
― Yo solo quiero un café, gracias ― Tecchou fue el primero de los cuatro en hablar, Nikolai seguía pensando inclinándose en la silla mientras tarareaba.
― Yo quiero un porción de pastel, los que tenéis en la vitrina ― dijo Nikolai señalando detrás de la mujer que asintió enseguida mientras anotaba en un papelito el pedido para no olvidarlo.
― Yo no quiero nada, ya desayune en casa ― dijo Chuuya rápido, todas las miradas al final se dirigieron a Poe que con la mano levantada negó con la cabeza dando a entender que al igual que Chuuya él no quería nada.
La amable señora les sonrió por última vez y se fue dejando a los cuatro amigos para que continuaran hablando.
― ¿Antes de venir aquí desayunaste con tu abuelo y tu hermano? ― preguntó curioso Tecchou mientras jugaba con la tela de su jersey.
― Sí, fue incomodo porque mi hermano no paraba de mirarme ― respondió Chuuya con tono amargo al recordar a su hermano, nunca podía entender que cruzaba por su mente. Era un enigma.
― Ya debe sospechar de tus amoríos, la próxima vez seguro no te deja salir de casa ― dijo Nikolai con pánico en su voz, como si lo que acabará de decir fuera a suceder de verdad.
― Dudo que mi hermano pierda el tiempo en ir detrás de mí ― respondió Chuuya con una risa sarcástica ― siempre me dice que su tiempo es muy valioso para estar perdiéndolo en cualquier tontería.
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"Mujercitas" | BSD
RastgeleDazai, Jouno, Fyodor y Ranpo son cuatro hermanos que intentan mantenerse en una sociedad tradicionalista donde el omega debe casarse con un alfa. Se enfrentarán a adversidades y ¿tal vez conocerán el amor? © nikosclown
