— ¿¡Entonces esa fue tu grandiosa idea!?
Después de la reunión, Saori había convocado a sus caballeros en el salón privado del ala este, un espacio diseñado para la reflexión y la estrategia, donde las antiguas tapicerías contaban historias de batallas pasadas y la luz suave que entraba por la ventana creaba un ambiente propicio para la concentración. La atmósfera era densa, cargada de la tensión que precede a una discusión.
Un pesado silencio se había instalado tras el relato de Seiya sobre los eventos de la mañana, y ese silencio fue finalmente roto por la exclamación del caballero de Leo, cuya voz resonó con incredulidad y asombro.
— Al antiguo maestro parece que le va a dar algo.— musitó Milo, observando la expresión del mencionado. Dohko, que siempre había mantenido una compostura casi inquebrantable, ahora parecía estar al borde de la desesperación. Aunque no pronunciaba palabra, el destello inquieto en sus ojos revelaba su agitación interna.
— El color azul que tiene Saga en su rostro no creo que sea natural.— admitió Aioros, con una mezcla de preocupación y asombro, notando cómo la tensión en la sala aumentaba.
— Oye, Cam, ¿Cam? ¿Camus?¿Camuchis? ¿Elsa? ¿Frigolaf? — llamaba Milo, sacudiendo suavemente al francés, quien parecía estar perdido en sus pensamientos, sumido en la gravedad de la situación.
— Brillante, Seiya, has descompuesto a mi maestro.— le dijo Hyoga al castaño, mientras ayudaba a Milo a intentar recuperar la atención de Camus, quien finalmente parpadeó, regresando de su ensueño.
— La verdad es que sí lo es.— al escuchar estas palabras salir de Shiryu, la mayoría lo miró sorprendido, incluso Dohko levantó una ceja en señal de asombro.— Piénsenlo, maestro. Athena estaba sola enfrentándose a la mayoría; no creo que ninguno de ellos ceda tan fácilmente.— se disculpó, dirigiendo una mirada a la diosa, quien simplemente suspiró y asintió, reconociendo la verdad en sus palabras.
— No, tienes razón. Si algo sé de los dioses, es lo terco que somos; siglos de historia lo demuestran.— reflexionó Saori, su voz cargada de una sabiduría muy rara en una chica de solo 15 años, lo que dejaba claro lo presente que estaba el alma de Athena en ella.
— Así es.— concordó Shiryu.— Y volviendo al tema, debemos tener en cuenta que además se trata de una pelea en nuestro terreno.— explicó, notando cómo su maestro adoptaba una expresión más pensativa.— Gracias a la diosa Artemisa, será una pelea sin cosmos, lo que evitará la destrucción masiva y que se convierta en una batalla interminable.— concluyó, advirtiendo que su maestro parecía reflexionar más profundamente sobre la situación.— Si consideramos esto, tenemos un 70% de probabilidad de ganar.
— ¿Por qué no un 100%? — inquirió Aldebaran, frunciendo el ceño, su mente analítica buscando posibles fallos en el plan.
— Debemos contemplar la posibilidad de que hagan trampa.— intervino Shura, apoyando a su compañero, consciente de que la astucia de los dioses podría jugar un papel crucial en el desenlace.
— No creo que los espectros o las marinas hagan algo tan rebuscado.— musitó Saori, tratando de mantener la calma en medio de la cruda verdad.
— Shura no se refiere a ellos, Athena.— explicó Shiryu, logrando que la diosa captara su implicación. La mirada de Saori se tornó más seria, comprendiendo que el verdadero desafío podría venir de aliados inesperados.
— Ya veo...—murmuró, consciente de que estaban considerando todos los ángulos.
— Aunque eso no es algo que Seiya, no haya pensado, ¿verdad? — el dragón miró a su compañero, quien se señaló a sí mismo con una expresión inocente.— Solo nos queda pensar en la mejor estrategia para ganar.
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Vida
De TodoCuando la guerra contra el Dios del inframundo término , Athena decidió hacer un tratado de paz con todos los dioses del olimpo y con el mismo Hades para así poner fin a tantos siglos de guerras interminables que siempre terminaban con perdidas en a...
