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Los primeros rayos del sol de la mañana se filtraron a través de las cortinas, proyectando una luz dorada sobre la habitación. El suave canto de los pájaros afuera de la ventana quebró el silencio, despertando a Kanon, de un sueño inquieto. El día de hoy sería crucial para el Santuario, y determinaría el rumbo de sus movimientos futuros. Le costaba admitirlo pero la anticipación y la preocupación lo habían mantenido despierto casi toda la noche.

   Dando un suspiro se incorporó lentamente y al llevar una mano a su lado sintió una frialdad extraña. Frunció su ceño mirando hacia abajo. La cama está vacía. Ikki no estaba allí. La sorpresa le recorrió. El japonés no es de los que madrugan. Siempre es Kanon quien se levanta primero, el era quien  enfrentaba el día con estoica resolución, mientras Ikki dormia profundamente.

¿Dónde está? Se preguntó, más curioso que preocupado por su compañero. Se levantó de la cama y se estiró para sacudirse la inquietud persistente de su sueño. Él debe haber estado despierto por un tiempo.

Al salir de su habitación, sus pies descalzos lograron hacer eco en los fríos pisos de piedra. El templo de los gemelos nunca estaba tan inquietantemente tranquilo a esta hora.

  Mientras caminaba por el pasillo, escuchó un ligero tintineo proveniente de la cocina y La curiosidad lo embargo, así que se dirigió hacia  la fuente del sonido.

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Kanon se detuvo en la entrada de la cocina al observar la escena frente el; Ikki de pie frente a la estufa. Los hombros de chico están tensos, la concentración dibujada en su rostro mientras voltea algo en una sartén. El aroma del pan tostado llenaba el aire, un aroma doméstico en marcado contraste con la estoicidad habitual del Fénix.

Esto es... inesperado, penso Kanon, apoyándose contra el marco de la puerta. Ikki en la cocina es algo que nunca creyó que vería.

— ¿Qué estás haciendo?

Ikki se estremeció y giró bruscamente, entrecerrando los ojos. Kanon notó un destello de inquietud en su mirada, pero pronto esta se tornó seria, hasta manifestar su típica expresión inexpresiva.

Malditos gemelos....¿Podrías dejar de aparecer tan sigilosamente? Descerebrado.— Kanon no escucho lo primero, pero estaba seguro de que era un insulto a su persona, así que optó por ignorarlo.

— No esperaba encontrarte aquí. Siempre eres el último en levantarte.—Ikki volvió a la estufa, pero Kanon notó la rigidez en sus movimientos.

— Bueno, supongo que hoy es diferente.

—¿Y qué es este... cambio repentino?

Ikki resopló, sin mirarlo.

— Estoy haciendo el desayuno, por si no te has dado cuenta.

— No te tomo por un cocinero.

— Hay muchas cosas que no sabes de mí...

Ikki se dio la vuelta para encarar a Kanon, con los brazos cruzados sobre el pecho. El gemelo menor podía sentir la tensión emanando de él.

Está incómodo, piensa sorprendido. ¿Pero, por qué?

— Entonces, ¿por qué el repentino deseo de convertirte en chef?

Ikki vaciló, apartando la mirada por unos instantes, pero luego volvió a mirarlo, como si nada hubiese pasado. Sin embargo, el géminis notó un leve atisbo de preocupación en sus ojos azules.

— Desperté temprano y me dió hambre.

— Podrías haberme despertado. No era necesario que lo hicieras.— una imperceptible mueca en los labios del mayor izo ver qué estaba contento. No soy tan tonto, como para creer que te levantaste temprano por gusto y gana, Ikki. No cuando me has levantado por cosas, más insignificantes. Meditó, mientras veía al chico. ¿Pero, realmente se esforzó en hacer esto por mí?  se pregunto, mientras un calor desconocido se extendía por su pecho.

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