Jimin arde como una estrella a punto de extinguirse,
y para Jungkook, un estudiante que quiere ser cantante,
amar a alguien que está cayendo significa arriesgarlo todo,
incluso los propios sueños.
Cuando dos galaxias colisionan, ¿qué puede salir mal...
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❝Memories lost in stardust❞
La habitación estaba oscura cuando salieron del baño a trompicones, mojando el suelo con la humedad que goteaba de sus cuerpos.
Jungkook tenía tantas preguntas atascadas en la garganta, mismas que Jimin silenció con besos, caricias e incluso mordidas, hasta que lo hizo olvidar cómo articular sus propias palabras.
Bajo las yemas de Jimin había solo músculos, más de los que había logrado delinear con la mirada cuando Jungkook usaba ropa deportiva y se estiraba un poco en la mañana antes de salir a correr.
Estaba siendo intenso, quizás un poco rudo y cuando ambos cayeron en la cama de Jimin, finalmente Jungkook se deshizo de él y tomó una gran bocanada de aire que terminó en una risa nerviosa. Jimin apenas podía ver el brillo de sus dientes en la oscuridad.
—N-No soy como piensas... —jadeó Jungkook—. Y quizás... no soy tan bueno...
Jimin se sentó en el regazo de Jungkook y se quedó quieto tratando de darle forma a sus palabras, mientras las manos de Jungkook descansaban en su cintura con los pulgares dibujando círculos tímidos en su piel.
—Tenemos dos erecciones bastante dolorosas —se burló Jimin, frotándose sobre la protuberancia contraria—. Llegamos bastante lejos como para tener inseguridades ahora mismo.
Intentó no sonar rudo, solo quería bromear un poco para calmar a Jungkook y también para calmarse a sí mismo. Lástima que solo a Taehyung le salía decir chistes tontos en medio de las situaciones más serias.
—Nunca he estado con nadie... no así.
Oh.
La picardía de Jimin se fue en picada mientras el calor subía a sus mejillas, sintiéndose avergonzado por tratar a Jungkook de lo peor mientras que Jimin conocía este roce a la perfección, acostumbrado a un tacto sudoroso y la extraña sensación ardiente de dos personas tan diferentes encajando en el lugar adecuado entre besos y jadeos, cuando Jungkook apenas abría los ojos. Era inocente.
Los labios de Jimin se cerraron en línea recta y los apretó con fuerza para no decir nada fuera de lugar, una amargura en su boca reemplazó el sabor mentolado que Jungkook había dejado hace un par de segundos. ¿Qué diría él si pudiera ver en la oscuridad?
¿Qué haría si viera la piel moreteada donde descansaban sus dedos?
Si viera las marcas.
Si supiera que esta no era ni la primera ni la última vez de Jimin, no en toda la vida, sino en toda la semana.
—Lo siento —se disculpó Jimin en voz baja, apretando los dientes—. Estaba siendo un poco tonto, podemos vestirnos y hacer otra cosa, ni siquiera te dejé terminar de enjuagarte el cabello...