022

324 56 15
                                        

—Sí, papá. La construcción del hotel va bien. Por la mañana, fui a revisar y han avanzado mucho.

¿Qué tanto es mucho, Nick?— cuestionó desde el otro lado de la pantalla—. Avanzar rápido no es bueno si el trabajo no es de calidad. Prefiero gastar dinero en una construcción larga a que perder la reputación de los hoteles solo porque uno de ellos tiene una arquitectura mediocre.

—Lo sé —respondí cruzándose de brazos—. Por eso también llevé al ingeniero a que me explicara cada uno de los cambios. No hay nada improvisado, papá. Están siguiendo el plano original y el arquitecto jefe está supervisando todo personalmente.

Hubo un silencio del otro lado de la videollamada. Mi padre entrecerró los ojos, como evaluando cada palabra que decía. Sabía que era su manera de ponerla a prueba. Siempre lo hacía, incluso cuando no era necesario.

¿Y el mármol para el vestíbulo? Dijiste que llegaría esta semana —preguntó con ese tono seco que usaba cuando ya conocía la respuesta, pero quería oírla de mi boca.

—Retrasado por la tormenta en el norte —admití, sin apartar la mirada—. Pero ya gestioné un plan alterno con otro proveedor. Si el embarque original no llega en tres días, cambiamos de ruta sin perder tiempo. No afectará el cronograma.

Esta vez, mi padre asintió apenas, con un gesto casi imperceptible.

Bien —dijo con una sonrisa. Una vez que estaba satisfecho con el tema laboral, volvía a ser un padre entusiasta—. Ahora, ¿cuándo me vas a presentar a Luka? ¡Tu madre ya habló con él y yo solo lo he visto en fotografías! No es justo. Debo ver si es bueno para mi pequeña.

—Papá... —bajé la mirada, apretando los labios con una sonrisa avergonzada—. Por favor, no lo arruines.

¿Arruinar qué? —preguntó con falsa inocencia, aunque se notaba que se divertía a costa de ella—. Solo quiero conocer al chico que ha logrado que mi hija hable de algo más que cemento, estructuras y reservas de hotel.

—¡No es así! —protesté, alzando una ceja—. A veces también hablo de mármol italiano.

Mi padre soltó una carcajada, profunda y sincera.

Yo no hablaba de esos temas con cualquiera, solo con él. Después de todo, a pesar de ser un hombre alegre y de espíritu libre, cuenta con que, en un futuro, yo herede todo lo que tiene.

—A Luka lo conocerás pronto. Pero no quiero que empieces con tu interrogatorio estilo CEO, ¿sí? Él es... tranquilo. Muy tranquilo. No va a saber cómo responder si le haces una auditoría de cinco preguntas por minuto.

Tranquilo, ¿eh? —repitió mi padre con interés—. ¿Y tú, que no paras ni para respirar, con alguien así? ¿No es demasiado contraste?

Me encogí de hombros, como si no quisiera admitir cuánto me gustaba precisamente eso de Luka.

—No sé... cuando estoy con él, todo es más simple. No necesito estar probándole nada a nadie. Él solo me escucha. Y canta. Y toca.

¿Te canta? —El tono de mi padre cambió de broma a asombro genuino—. ¿Te enamoró con la guitarra?

—No digas eso —gruñí, aunque mis mejillas seguramente ya estaban rojas—. No es una película.

¡Claro que lo es! —rió él—. Y tú estás justo en el primer acto, donde todo es emocionante. Está bien, no diré más... por ahora. Pero quiero conocerlo, Nick. En serio. No solo porque seas mi hija, sino porque confío en tu criterio. Si elegiste a ese chico, algo bueno debe tener.

Hyeana || MLBDonde viven las historias. Descúbrelo ahora