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Cuando el avión aterrizó, Wooyoung sintió cómo el corazón le latía con más fuerza, el aviso de los asistentes de vuelo, el sonido metálico de los compartimientos abriéndose, el murmullo de los pasajeros ansiosos por bajar... Todo le parecía un sueño, se puso de pie, tomó su equipaje de mano con manos temblorosas y siguió el lento avance por el pasillo, al salir del avión, fue, mostró su pasaporte, respondió unas preguntas básicas y siguió adelante hasta recoger su maleta. Las puertas automáticas de la salida estaban frente a él y detrás… sabía que estaba San

Caminó con pasos que se le hacían eternos, como si cada uno pesara más que el anterior y entonces, lo vio, San, de pie en medio de la multitud, buscándolo con desesperación contenida… hasta que sus ojos se encontraron, fue como si el tiempo se detuviera, el ruido, la gente, las luces… todo se volvió un murmullo lejano, solo estaban ellos dos, inmóviles, atrapados en una burbuja invisible. Wooyoung sintió cómo el corazón le golpeaba el pecho con tanta fuerza que temió que se le fuera a salir, tragó saliva, sus piernas temblaban apenas y dió el primer paso, San lo imitó, lento, medido, como si cada movimiento significara algo. Cuando por fin quedaron frente a frente, San alzó sus manos y las apoyó a cada lado de la cabeza de Wooyoung, pegando su frente a la suya, cerró los ojos, respirando profundo Wooyoung tembló ligeramente, y sus manos se alzaron por instinto hasta posar sobre las de San, aferrándose como si tuviera miedo de que se desvaneciera, entonces, San se apartó solo un poco, lo justo para depositar un beso suave en su frente y luego lo abrazó, fuerte, con todo el cuerpo, como si necesitara sentirlo real. Wooyoung no pudo más, un sollozo le escapó de los labios y los brazos se le enredaron en la espalda de San, devolviéndole el abrazo con igual fuerza, con igual urgencia, lloró en silencio, sin esconderse, sintiendo cómo por fin algo en su pecho se aflojaba. San lo sostuvo más fuerte por unos segundos, acariciándole la espalda

—Tranquilo… ya todo pasó, vámonos a casa

Al separarse con lentitud, tomó las maletas sin dejar que Wooyoung hiciera esfuerzo, lo guió hasta el auto, le abrió la puerta y luego se subió al volante, el silencio los envolvió un momento, pero San lo rompió con suavidad

—¿Qué fue lo que pasó, Woo? —preguntó en voz baja, sin apartar la vista del camino—Jongho me dijo algo, pero… prefiero escucharlo de ti

Wooyoung cerró los ojos por un momento, su respiración se volvió densa, como si cada palabra que estaba a punto de decir se le atorara en la garganta, no podía mentirle, no a San

—Fui drogado… y secuestrado por Seonghwa —dijo con la voz apagada, sin mirarlo—Tuve sexo con él... pero… no recuerdo nada de ese día.

San no respondió al instante, su mandíbula se tensó de golpe y las manos se aferraron al volante como si quisieran fundirse con él, los nudillos se le pusieron blancos, los ojos, fijos al frente, se llenaron de una rabia contenida y un dolor punzante

—¿Cómo que no recuerdas nada? —murmuró, con un tono apenas contenido, tembloroso por la impotencia

—Me desperté en una habitación… desnudo… sabía lo que había pasado pero no con esa intensidad, sabía que una vez que me hizo tomar ese liquido, iba a abusar de mi, pero no pude hacer nada —Wooyoung tragó saliva—Pero yo no... no me acuerdo, nada y eso me asusta más que cualquier otra cosa

San apartó una mano del volante y se la pasó por el rostro con fuerza, intentando calmar la tormenta que le hervía por dentro, sus ojos estaban húmedos, pero no era tristeza, era furia, era el deseo de arrancarle el alma a ese maldito

—No tenías cómo defenderte —dijo San al fin, con voz quebrada—No fue tu culpa—agregó, girando apenas la cabeza para mirarlo, con los ojos cargados de dolor y ternura—Lo que te hizo… eso no tiene nombre y te juro… te juro que no voy a dejar que vuelva a tocarte jamás

𝑆𝑡𝑢𝑝𝑖𝑑 𝐵𝑜𝑦 [𝑊𝑜𝑜𝑠𝑎𝑛]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora