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Después de un rato, San se movió en el sillón y miró a Wooyoung, moviendolo suavemente, que seguía acurrucado contra él

—Ve a darte una ducha, ¿sí? —le dijo con suavidad—Yo voy a preparar algo de comer

Wooyoung alzó la vista, apenas asintiendo, se levantó con lentitud, como si su cuerpo todavía cargara con el peso de todo lo vivido, caminó por el pasillo en silencio hasta llegar a la habitación que ahora le pertenecía, abrió la puerta con cautela y al entrar se detuvo. Era bonita, amplia, luminosa, con un gran ventanal de cristal que dejaba entrar la luz tenue, le recordó, inevitablemente, a la habitación de Seonghwa. Avanzó unos pasos y se detuvo frente al ventanal, apoyó una mano en el cristal frío y susurró, casi sin voz

—Espero no haberte lastimado mucho… pero no te pertenezco y nunca lo haré

Suspiró, cerrando los ojos por un momento, luego se giró y se dirigió al baño, cerrando la puerta tras de sí. El agua caliente cayó sobre su cuerpo, aliviando tensiones, se quedó un largo rato bajo el chorro, en silencio, dejando que los pensamientos se arremolinaran en su mente, Seonghwa, sus palabras, sus ojos, sus gestos, su voz, su furia contenida, su obsesión disfrazada de amor. Miró su mano, el anillo brillaba sutilmente bajo el agua, lo contempló largo rato sin tocarlo, sin pensar nada concreto, solo sintiéndolo como un peso. Al salir de la ducha, con el cabello mojado y el cuerpo envuelto en una toalla, se dirigió a su maleta, rebuscó entre sus cosas hasta encontrar una pequeña cajita de terciopelo oscuro, se sentó en el borde de la cama, sostuvo el anillo con dos dedos y lentamente, se lo quitó, lo miró por última vez antes de dejarlo caer dentro de la cajita, que cerró con firmeza, luego la guardó al fondo de sus cosas, como queriendo enterrar también todo lo que significaba

Se vistió con su pijama, una camiseta cómoda y pantalones sueltos y salió de la habitación caminando despacio, sus pasos eran suaves, el cabello seguía húmedo y la mirada serena pero lejana, al llegar a la cocina, San se giró al sentirlo y sonrió

—Siéntate, ya casi está listo —le dijo con un tono suave, animado

Pero Wooyoung no le hizo caso, en silencio, caminó hasta él y lo abrazó por detrás, rodeó su cintura con los brazos y apoyó su frente contra el hombro de San, este soltó una risa baja, sin dejar de remover lo que cocinaba

—¿Sabes que eso puede ser peligroso? —bromeó con calidez

Wooyoung no dijo nada, solo lo apretó un poco más, San sintió el calor de sus manos contra su abdomen, su respiración tranquila detrás de su oreja y se quedó así, simplemente cocinando, con él pegado a su espalda. Cuando la comida estuvo casi lista, San aprovechó un movimiento para correrse un poco al lado quedando frente a la meceta ir, girando de forma algo repentina, Wooyoung, por reflejo, se apoyó en la meseta con ambas manos, una a cada lado del cuerpo de San, para no perder el equilibrio, quedaron cerca, muy cerca, demasiado, San lo miró apenas un segundo, con una sonrisa y las mejillas apenas rosadas

—Ve a la mesa —susurró

Y se apartó con rapidez, sin darle tiempo a responder, ni moverse. Wooyoung se quedó un segundo paralizado, luego caminó hacia la mesa con las mejillas encendidas, evitando mirarlo, se sentó, cruzó los brazos sobre la mesa y fijó la vista en cualquier lugar que no fuera él, San lo miró desde la cocina y soltó una carcajada baja

San colocó con cuidado los platos en la mesa, uno frente al otro y luego se sentó con tranquilidad, como si no hubiera notado el silencio torpe que flotaba en el aire, pero sí lo notaba, le encantaba, en realidad

—No está tan elaborado —comentó mientras se servía agua—Pero creo que sabrá bien

Wooyoung asintió sin levantar la vista, sus mejillas seguían encendidas, y se entretenía dándole vueltas al tenedor entre los dedos

𝑆𝑡𝑢𝑝𝑖𝑑 𝐵𝑜𝑦 [𝑊𝑜𝑜𝑠𝑎𝑛]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora