EXTRA

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...Un año después...

El café estaba escondido entre calles tranquilas, con farolillos de papel colgando sobre la entrada y un suave olor a café flotando en el aire, era pequeño, acogedor, con mesas bajas y cojines en lugar de sillas, la luz entraba tamizada por las cortinas de lino, dándole al lugar una calidez única.
San y Wooyoung llegaron primero. Caminaban tomados de la mano, como si ese gesto fuera una extensión natural de sus cuerpos. Llevaban un año juntos, y aunque el mundo seguía siendo impredecible, el uno para el otro se habían vuelto el centro

—¿Crees que lleguen tarde? —preguntó Wooyoung, mientras jugaba con su taza de té

—Jongho no llega tarde, pero Yunho siempre se detiene a tomar fotos de todo —respondió San, sonriendo con los ojos haciendo reír a wooyoung

—Sí, ya me lo imagino tomando una foto a una piedra solo porque le pareció “estéticamente honesta”

San soltó una carcajada justo cuando se abrió la puerta

—¡Hablando del fotógrafo y el novio! —exclamó Wooyoung

Jongho y Yunho entraron tomados de la mano, con sonrisas tan amplias que era imposible no contagiarlas. Jongho saludó con un abrazo fuerte, cálido, apretado y Yunho les dio un beso en la mejilla a ambos. Era la primera vez que estaban los cuatro juntos desde la boda

—¡Por fin! —dijo Jongho—No puedo creer que haya pasado un año

—Y lo que no puedo creer es que se casaran en Japón solo para que nosotros pudiéramos asistir —comentó San, movido por la gratitud

Yunho sonrió, tomando la mano de Jongho con cariño

—Sabíamos lo que significaba y no queríamos hacer nada sin ustedes

—Fue la boda más hermosa en la que estuve, lloré como si fuera la madre del novio—Wooyoung bajó la mirada, conmovido

—Lo fuiste, un poco —se burló Jongho—Me diste consejos como si me fueras a entregar en el altar

Rieron todos. Había una complicidad madura, un cariño que ya no necesitaba demostraciones exageradas. Era paz. Era saber que, después de tanto caos, habían llegado a un lugar donde podían respirar

—¿Y ustedes cuándo? —preguntó Yunho de pronto, mirando a San y Wooyoung con una sonrisa de lado

San miró a Wooyoung, y Wooyoung le devolvió la mirada sin miedo

—No hay prisa —dijo San, entrelazando sus dedos—Lo que tenemos no necesita un día específico para celebrarse, lo celebramos todos los días

Wooyoung apoyó la cabeza en su hombro

—Igual si se da... espero que Jongho no se ponga a llorar otra vez como en su propia boda

—¡No prometo nada! —exclamó Jongho, fingiendo indignación

Las risas llenaron el lugar una vez más. Y por un momento, en ese pequeño café, el tiempo pareció detenerse. Ya no había distancia, ni miedos, ni finales tristes. Solo ellos, juntos. Porque a veces, lo más bonito de la vida no es cómo empieza… sino todo lo que uno sobrevive para llegar hasta aquí.
Después de comer, entre tazas vacías y risas que aún flotaban en el aire, Jongho miró su reloj con disimulo y luego dirigió su mirada hacia Wooyoung.

—Oye… ¿me acompañas a caminar un rato? —preguntó, levantándose

—¿A dónde? —respondió Wooyoung, curioso

—A ese parque de cerezos que vimos antes, está justo cruzando la calle, vamos, solo un rato

San le dio un leve apretón en la mano a Wooyoung, como diciendo “ve” y él asintió con una sonrisa. Salieron tranquilos, con el sol ya bajando y caminaron por los senderos floridos del parque, bajo un cielo pintado de tonos rosados y naranjas. Caminaron en silencio unos minutos. El sonido del viento entre las hojas, las risas lejanas de niños y el crujido de la grava bajo sus pasos llenaban el aire. Jongho fue quien habló primero

𝑆𝑡𝑢𝑝𝑖𝑑 𝐵𝑜𝑦 [𝑊𝑜𝑜𝑠𝑎𝑛]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora