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Pasaba de la una de la madrugada y San seguía dando vueltas en la cama, atrapado entre las sábanas revueltas y su propia cabeza, se había tapado hasta los hombros, luego se destapó completamente, se recostó de lado, de espaldas, boca abajo… y nada funcionaba, suspiró hondo, por décima vez y se quedó mirando el techo, con los brazos cruzados detrás de la cabeza, lo único que podía ver era a Wooyoung, no enojado, no desafiante, ni siquiera molesto, lo veía en esa versión imposible de ignorar, la que le había sonreído tímidamente frente a la pastelería, la que se había quedado en silencio en la cena, pero con los ojos siempre atentos, lo recordaba moviendo las flores en la ventana para dejar pasar más luz, cómo fruncía la nariz al leer el menú, la forma en que sus labios se curvaban apenas cuando lo miraba sin que él se diera cuenta

Y entonces, sin que pudiera evitarlo, la imagen cambió, su mente traicionera, volvió a esa sala, al roce lento de sus labios, al cuerpo de Wooyoung tan cerca del suyo que no supo dónde terminaba él y empezaba el otro, ese primer contacto, contenido, desesperado, ese beso, San apretó los ojos con fuerza

—Maldita sea… —susurró entre dientes

Giró otra vez en la cama, de lado, apretando la almohada como si eso ayudara a disipar la electricidad que le recorría el cuerpo, pero no fue suficiente, sintió el calor acumulándose en su abdomen, la presión creciente que le hizo maldecir por lo bajo, la entrepierna empezó a responder sin permiso, como si su cuerpo hablara un idioma que él mismo no entendía

—No, no, no, mierda… —gruñó, frotándose el rostro con desesperación—¿Qué carajo me pasa?

Se incorporó un poco, con el pecho agitado, los dientes apretados, se sentía frustrado, confundido y sobre todo, irritado consigo mismo ¿Por qué no podía dejar de pensar en eso? ¿En él? ¿En cómo lo había besado como si lo necesitara? Porque le había gustado, aunque lo negara con todas sus fuerzas, le había gustado mucho

Se levantó de un salto, cruzando la habitación con pasos torpes y furiosos y fue directo al baño, giró la llave con brusquedad y se metió bajo la ducha, sin siquiera esperar a que el agua alcanzara una temperatura soportable, el golpe helado del agua lo recibió de lleno, clavándole mil agujas en la piel, pero no se movió, cerró los ojos, apoyó ambas manos en la pared cubierta de azulejos fríos y dejó que el chorro lo empapara por completo

—Maldita sea… —escupió entre dientes, con la mandíbula apretada

Pero el frío no ayudaba, no lo calmaba, el calor seguía ahí, el deseo, la confusión, la culpa, el temblor en el abdomen, la tensión en su entrepierna, el aire le pesaba en los pulmones, soltó un golpe contra la pared

—Joder… —jadeó y un gruñido profundo le escapó sin querer

La respiración se le hacía difícil, las gotas golpeaban con fuerza, pero él ya no sentía el agua, solo sentía el ardor recorriéndole el cuerpo desde dentro, vibrando bajo su piel, quemando desde el pecho hasta lo más íntimo, sabía que no estaba bien, pero su cuerpo no escuchaba. Se recostó contra la pared, sus dedos bajaron con lentitud, inseguros todavía, temblando… y en su mente, claro como una imagen tatuada bajo los párpados cerrados, estaba él.
Wooyoung
Pero no duró mucho tiempo, San se apartó de la pared bruscamente, como si sus propios pensamientos lo asquearan, su mano, aún temblorosa, se detuvo a medio camino

—No —dijo en voz alta, como si pudiera ordenarse a sí mismo—No, no voy a hacer esto

Retiró la mano con fuerza y se frotó el rostro con ambas palmas, como si pudiera borrar las imágenes de su cabeza, como si pudiera arrancarse de la piel lo que acababa de sentir, se echó hacia atrás y alzó la cara al chorro helado, dejando que el agua golpeara directamente sobre su cuero cabelludo, resbalando por su frente, sus mejillas, su cuello, se mojó el cabello una y otra vez, respirando con dificultad, mientras se obligaba mentalmente a dejar de pensar, a olvidar esos labios, ese cuerpo, ese momento compartido

𝑆𝑡𝑢𝑝𝑖𝑑 𝐵𝑜𝑦 [𝑊𝑜𝑜𝑠𝑎𝑛]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora