Volver..

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Volver a Los Santos fue como volver a tocar una herida que todavía sangra. No sabía si era el lugar o yo la que estaba rota, pero el aire se sentía distinto. Más pesado. Más sucio. Más real.

No me costó reconocer a mis hermanos, aunque los años se nos notaban en la mirada. Lionay estaba más duro, con esa actitud de jefe que antes solo era un reflejo y ahora era un fuego que le brotaba del pecho. Ivette... mi Ivette, ya no era una nena. Había crecido, y aunque sonreía, le vi el cansancio en los ojos. Todos lo teníamos.

El barrio nuevo era otra cosa. Calles que no conocía, caras extrañas, miradas que medían hasta el alma. Pero había algo en esa locura, en ese caos organizado, que me hacía sentir que quizás, solo quizás, podría empezar de nuevo.

Fue ese día cuando lo vi por primera vez.

Hades.
El nombre ya pesaba. Tenía esa forma de mirarte que te desarma, como si supiera lo que te dolía y se lo guardara para cuando menos lo esperes. No hablamos mucho al principio. Un cruce de miradas, una sonrisa torcida. Pero algo en mi pecho se movió, algo que llevaba dormido desde hacía tiempo. No era amor. Era una alerta. Como si mi alma reconociera que él iba a ser una herida disfrazada de deseo.

Los robos seguían. Ahora con más gente, con más organización. Había códigos, tiempos, y silencios pactados. Yo ayudaba cuando podía, pero necesitaba algo más. Algo que me sacara de esa rutina de peligro constante. Así que Lionay me consiguió un lugar en el taller de Jake, su amigo de toda la vida.

Jake era raro, pero tenía buen corazón. Me enseñó rápido y me dejaba mi espacio. Me gustaba ensuciarme las manos con grasa, sentir que estaba armando algo aunque por dentro me estuviera desarmando.

Pero como todo lo bueno, duró poco.

El taller me daba estabilidad, pero me faltaba fuego. Y eso fue lo que me llevó al Bahamas, el club nocturno. Al principio solo era para mirar. Luego fueron los tragos, la música, los bailes. No tardé en aceptar trabajar ahí. No me avergüenza decir que me gustaba. Me sentía libre entre las luces de neón, aunque al salir, la oscuridad volvía a abrazarme como siempre.

Los recuerdos no se iban. Ni los gritos, ni las playas malditas, ni las veces que me miré al espejo y no supe quién era. Sabía que esa niña que fui... la que soñaba, la que confiaba, ya no volvería.

La mataron las decisiones, los errores, los hombres equivocados... y también el silencio.

Pero ahora estoy acá.
Respirando.
Sobreviviendo.
Y aunque mi alma esté en guerra, aprendí a caminar entre los escombros.

Y sé que Hades...
Ese maldito Hades, con su risa rota y sus palabras dulces, será parte de mi historia.
No sé si como salvación o castigo.
Pero ya es demasiado tarde.
Lo dejé entrar.

Y eso, ya no tiene vuelta atrás.

RETOMARE LA HISTORIA

Nuevo Capitulo para que Disfruten.

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