Mamá
Hikaru Kobayashi
Toqué al costado de mi cuello. Pude palpar con mi mano un punto que permanecía intacto, si mi padre creía que me tragaría la mentira de que ese relieve de mi cuello solo era por el pinchazo que me dieron para evitar matarlo, era un iluso.
Estaba claro que me habían incrustado algo, mi cuerpo lo sentía, algo estaba fuera de lugar.
Parpadeé repetidas veces, no sabía que hora era, ni que día, ni que mes. No sabía cuánto tiempo llevaba aquí. Mi padre se encargó de evitar que viera algún rayo de sol, algo que me dijera si era de día o de noche.
Lo único que me mantenía era la adrenalina, y el intacto recuerdo de Emiko en mi memoria.
Desde que me enfrente a él dejo de ser condescendiente, ahora esto no se trataba de ser solo controlado, si no de sobrevivir. Cada día traían a alguien, una persona cualquiera o eso creía, que peleaba conmigo hasta que alguno muriera.
Está de más que decir que ninguno de los que moría era yo. Los hombres eran fuertes, veloces, algunos hasta inteligentes, intentaban cansarme para después rematarme, pero lamentablemente si ellos eran así yo lo era el doble, el triple.
Obviamente no los mataba. Conocía cada rincón de su cuerpo, cada punto vulnerable que podía hacerlos caer sin romperlos del todo. Mis golpes iban directos a la base del cráneo, esa zona en la nuca donde el bulbo raquídeo gobierna silencioso, controlando todo lo que nos hace humanos. Un impacto preciso ahí era suficiente para apagar sus sentidos, dejar sus cuerpos vacíos, inconscientes, como marionetas sin hilo por minutos eternos. Era mi manera de jugar con la maldición que me ata: si morían lejos de mi contacto, sin que mis manos los tocaran en su último aliento, el oscuro lazo no podía aferrarse a mi alma ni arrastrarme al abismo que ellos dejaban atrás.
No sabía cuánto tiempo duraba la maldición activa después de tocar o mirar a alguien, pero mientras hacía esto los minutos que ellos permanecían en un hilo entre la vida y la muerte y luego morían eran suficientes para no tenerlos en mi mente atormentándome.
Solo esperaba salir de este maldito agujero cuanto antes. ¿Qué coño está haciendo James que no me encuentra todavía?
Como esté rascándose el culo mientras yo como pan más viejo que Matusalén, juro que le parto las bolas. Sí, probablemente me cancelen todas las feministas del mundo después de eso, pero me da exactamente igual.
Con la cantidad de espermatozoides que debe haber dejado regados por ahí, seguro ya podría repoblar media humanidad.
Miré el techo, tirado en el suelo como despojo. Es que en serio, ¿cómo carajos James, siendo el mujeriego empedernido que es, todavía no ha dejado embarazada a nadie?
O tal vez el engañado he sido yo todo este tiempo, y lo suyo son los hombres con peluca. Lo cual, honestamente, explicaría bastantes cosas.
Estaba a punto de perderme en esa reflexión hasta que la puerta se abrió de una patada. Qué manera tan fina de anunciarse.
Un tipo elegantemente vestido entró, escoltado por dos armarios con patas. Su pelo peinado con precisión quirúrgica, la ropa limpia, planchada... Dios, cómo extraño una ducha.
A saber cómo huelo.
—Si vienes a darme una paliza, llegas tarde. El horario de torturas acabó hace media hora —murmuré, sin moverme del suelo.
—Vengo a hablar contigo.
—Pues vaya sacando número, viejo.
Se pasó la mano por el pelo como si eso fuera a ayudarlo a parecer menos ridículo. Seguro su mamá le enseñó esa técnica para no gritarle a la niñera. Qué tierno.
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Only Us (Jara)
Fanfiction·(AVISO) ESTE LIBRO PUEDE TENER MALAS PALABRAS, ABUSOS, VIOLENCIA, Y CONTENIDO EXPLICITO +18· Todo quedara a tu responsabilidad si lees este libro. James Weasley, una figura envuelta en soberbia y egoísmo, despliega su presencia con una seriedad que...
