Buscándote la pista,
siguiéndote el camino.
La alegría que invádete mi cuerpo,
cuando respondes de vuelta.
Darte buenos días.
Tú aún en madrugada.
Acercarte mi compañía,
hasta que, como los lobos,
le reconocen de tanto verle.
La costumbre,
de lo que era,
nuestra costumbre.
Saberte,
sobre tu día,
contarte,
sobre el mío.
Verte ceder,
poco a poco,
gota a gota.
Volverte a llamar:
mi rey...
