Unión

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Miro su figura ante el espejo sin dejar de sonreír, su vientre abultado resaltaba bajo el vestido color marfil qué Mina y ella habían escogido durante su visita a una de las tiendas más exclusivas del centro de la ciudad antes de ir directamente al templo Hikawa donde se realizaría su unión matrimonial con Seiya. La rubia se sentía tranquila a pesar de todo lo que tuvieron que hacer desde muy temprano esa mañana, Lita decidió encargarse de conseguir el pastel mientras Rei se ocupo de la decoración en el jardín del templo, sus padres aunque sorprendidos se sintieron felices por la noticia. Su boda a pesar de que era apresurada le hacía sentir feliz ya que estaría rodeada de su familia y amigos, además de eso el saber que ella y Seiya serían esposos desde ese día simplemente lograba que su corazón se agitara fuertemente debido a la felicidad que emanaba de cada poro de su cuerpo, lo amaba y desde ese momento no se cansaria de demostrarle cuanto lo amaba. Sus manos acariciaron su vientre al sentir los movimientos de su bebé y pudo sentirse segura de que aquella pequeñita en su interior estaba igual de feliz.

—Te ves hermosa—Serena miro la figura reflejada tras ella en el espejo con asombro y al mismo tiempo con miedo. Darien había escuchado sobre la boda por casualidad al oír una conversación entre Taiki y Amy, fue por ese motivo que decidió ir hasta el templo Hikawa para hablar con la rubia en privado.

—¿Qué haces aquí? ¿Cómo entraste?

El moreno miraba fijamente el vientre abultado de la que una vez fuese su prometida y no pudo evitar imaginar pensar en Setsuna, al ver a Serena a los ojos comprobó el miedo que sentía de estar ante él aunque deseo evitar esa mirada, supo que no podría hacer nada. Dando un suspiro levantó las manos en señal de paz tratando de calmar a Serena.

—Escuche sobre tu boda y no, no vengo a impedirlo ni mucho menos he venido para hacerte sentir mal en el día más feliz de tu vida—la rubia permaneció en silencio esperando que dijera todo lo que debia decirle y después se marchara—: todo lo que hice estuvo mal no merezco me perdones.

—¿Por qué dices eso ahora?—Darien se encogió de hombros sin saber exactamente que decirle—: pareciera que quisieras dejara todo por ti y espero me este equivocando.

—Lo haces, quiero seas feliz Serena como yo lo soy cada día, no voy a interferir más en tu relación y mucho menos pondré en duda la paternidad de Seiya—aquellas palabras hicieron que la rubia se quitará un peso de encima qué pensó nunca iba a desaparecer—: sea mi hija o no, al final del día desde el inicio la desprecie al igual que a ti, mientras él la amo desde el momento que escucho los latidos de su corazón y creo eso lo hace ser su padre con honores, ¿No crees?

—Seiya nos ama y lo demuestra cada día, me hace feliz, nunca antes me sentí tan feliz como me siento ahora estando a su lado—Darien sonrió complacido al escuchar su confesión—: a pesar de todo deseo que tu siempre seas feliz, aunque las cosas no acabaron bien entre nosotros te deseo felicidad porque fuiste alguien importante en lo vida.

—Lo sé, en ti no existe espacio para el rencor—el moreno  extendió su brazo mostrando su mano en señal de amistad y ella aunque nerviosa acepto el gesto sosteniendola con la suya dándole un suave apretón—: es hora de avanzar aunque siempre algo nos unirá.

—Darien...

—¿Qué? Se que no es mi hija en uno de los   sentidos pero debes saber que si en algún momento necesita que sea su padre lo seré.

Serena asintió ligeramente mientras Darien alejaba su mano de ella dando media vuelta, en ese pequeño momento ambos sentían que podían avanzar sin ningún tipo de rencor o remordimiento en medio de ambos. Para sorpresa del médico Seiya se encontraba fuera de la habitación mirándolo con un semblante de sorpresa.

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