Mudanza

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No pudo evitar sentarse en la que fuese su cama y acariciar las sábanas color rosa mientras su mirada viajaba por cada rincón de su habitación, ese sería su último día viviendo en la casa de sus padres y aunque podía volver cuando quisiera sentía que ya no era lo mismo. Sonrió irónicamente al recordar que tiempo atrás pensaba como sería cuando iniciará su nueva vida con la persona que juraba amarla y de un momento a otro estaba comenzando nuevamente con la persona que jamás imagino estuviese a su lado sosteniendo su mano.

El estante con sus pequeños ositos y conejos de peluches se mantenía intacto, había decidió dejarlos y solo llevar su ropa y artículos personales, su madre le había asegurado esa siempre sería su habitación y podía volver cada vez que quisiera. La rubia levantó del suelo a su pequeña gatita al oírla maullar, acaricio las orejas de Luna sintiéndola ronronear de gusto por su acción.

—¿Bombón?—Serena levanto la mirada encontrándose con Seiya.

—Será extraño no dormir hoy en mi habitación—Serena no pudo evitar sonrojarse al pensar que desde esa noche ella y Seiya compartirían la cama—: es raro...me prometes que podré venir y pasar algunos días aquí cuando quiera.

—No soy un dictador para dejarte encerrada bajo llave—el moreno se acercó tomando asiento a su lado—: este siempre será tu hogar, podrás venir las veces que quieras, aún...Serena aun estas a tiempo de arrepentirte si lo deseas.

—No es eso, es solo que...bueno es algo nuevo y me hace sentir nerviosa.

Seiya termino acariciando su cabello, no podía culparla por sentirse extraña, él en un momento de su vida había llegado a sentirse igual al verse en un nuevo hogar rodeado de fama y lujos qué nunca antes espero, es que a pesar de estar con su familia muchas veces la fama llegaba a ser demasiado solitaria, lo había aprendido al ser dejado por Kakyuu, sin embargo después de mucho podía sentir que sus logros y sueños al fin podían ser compartidos con alguien que era sincero con él. Serena sonrió sintiéndose mejor, se dejó llevar por Seiya para despedirse de su familia o acabaría cambiando de opinión, sus padres al verla bajar las escaleras de la mano de Seiya comprendieron que su niña había crecido y era momento de dejarla ir después de todo eso era algo que sabían pasaría en algún punto de sus vidas.

Ikuko le entrego una caja de galletas qué había horneado especialmente para su hija, solo esperaba no las comiera todas en el camino ya que últimamente su apetito se relacionaba más con las cosas dulces que las saladas, sus hermanos le dieron un abrazo asegurandole ir a visitarla, lo mismo ocurría con su padre quien le aseguro iría por ella inmediatamente si lo necesitaba, la rubia se sintió conmovida por la forma en que sus familiares le daban ánimos al verla salir, entrego a la pequeña gatita a su hermana pidiéndole que la cuidara bien, no quería llevarla consigo sabiendo que pronto tendrían un bebé que cuidar y no atendería como debía a la pequeña Luna. Ambos terminaron de despedirse desde el auto antes de partir, Serena miro la caja de galletas en sus piernas con la intención de comerlas sin embargo su estómago se acabó cerrando al imaginarse tener que compartir cada noche la habitación con Seiya, a pesar de haber compartido muchas veces la cama se sentía extraña pues ya las cosas no serían igual que antes.

—¿Bombón?—la rubia levantó la mirada encontrándose con la azulina de su compañero—: pareces un conejo asustado.

—Siendo sincera, es extraño...—el moreno arqueo una ceja sin comprender sus palabras—: desde hoy dormiremos juntos.

Seiya quiso reírse pero al ver su expresión llena de vergüenza se abstuvo de hacerlo. Soltó la palanca de cambio al detenerse en uno de los semáforos, aquel silencio entre ambos fue suficiente para ella saber que todo estaría bien. La rubia retomo su intención de comer sus galletas ofreciéndole en la boca una a su pareja. Seiya no evito sonreír sintiéndose afortunado.

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