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El frío aire de la madrugada levanta sus cortinas, que se ondean como una bandera de rendición. Al cabo de unos minutos escucha unos golpes en su puerta.

Se queda sentado sobre su cama mirando hacia un rincón de su habitación.

Las sábanas huelen a limpio, pero es casi imperceptible por su el olor a alcohol de su ropa.

Se vuelven a escuchar los golpes al otro lado. Sabe quién está ahí y no quiere abrirle. No quiere ver su estúpida cara, ni escuchar su irritable voz. Quiere aislarse del mundo por siempre.

No quiere conocer a nadie más, porque todos lo lastiman.

Un billete se desliza debajo de su puerta.

Ríe desganado y rueda los ojos.

—Se te olvida quien soy, ¿no? No quiero tus limosnas, Max.

Vuelve a tocar la puerta.

Ahora se desliza una servilleta por debajo de la puerta. La curiosidad lo obliga a acercarse. Mira la servilleta desde la distancia, logrando leer lo escrito en ella con esa horrible caligrafía que conocía tan bien.

"Perdóname, Brad :("

Luego toma el billete con exactamente el mismo texto.

Suspira y cierra los ojos por un largo momento. Toma el pomo de la puerta con una mano y con la otra sujeta la servilleta junto al billete. Abre lentamente, viendo los ojos de Max iluminándose, solo para tirarle su basura y volver a cerrar la puerta en su cara.

—Vete a la mierda —lo escucha maldecir, alejándose de su habitación.

Por un momento se siente en paz y orgulloso de sí mismo. No creía tener la fuerza para rechazarlo, pero lo había logrado.

A la mañana siguiente, llega temprano a su primera clase como siempre. Mientras que aquel idiota llega excesivamente tarde que incluso se lleva un regaño por parte del docente.

Lo mira de reojo. Tiene la cara de no haber dormido y de ni haberse duchado. Cuando lo vuelve a mirar, este se había dormido sobre el escritorio.

Qué patético, fue lo único que pasó por su mente.

...

—Creo que me fue mal en la prueba —admite PJ con terror.

—¿Qué prueba? —pregunta Max que tiene la mente en otro mundo.

—La de hace quince minutos... Max, ¿estuviste en clase?

—Mi cuerpo estuvo ahí, pero... ¿Han visto a Bradley?

Bobby suelta una carcajada como si le hubieran contado el mejor chiste de la historia.

—Viejo, estás todo el tiempo pensando en él. Ni que fuera tu novia.

—Hablando de novias, les parece si vamos al café a hablar con la mía. Quizá conozca a alguien que nos ayude a estudiar.

Max los termina siguiendo más por costumbre que como una decisión propia. Busca con su mirada a Brad por todas partes, pero este parece haber desaparecido por arte de magia. Por si fuera poco, el dolor de cabeza no desaparece.

Al llegar al café, la chica capuchino se acerca a su mesa y se sienta junto a PJ, quien la saluda con un beso como de costumbre. La chica no puede evitar notar el extraño comportamiento de Max.

Inertia [Maxley]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora