Capítulo 33

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La verdad qué sale a la luz.

—¿Así qué ustedes dos se han casado?.

Preguntó Mcgonagall una vez qué estuvieron en el área de enfermería, Miel había entrado en un estado de trance del cuál había salido hace un par de minutos atrás.

Así qué se encontraba siendo revisada por la enfermera para verificar qué todo estuviera bien.

—Sí.

Respondió Remus con tres pares de ojos sobre el, uno de ellos eran los de Mcgonagall la casi madre de Miel, los otros eran de Dombuldore director en la escuela qué trabaja y hombre qué Miel podría considerar su padre.

Pero el último y tercer par de ojos parecía qué querían entrar a su alma, era William el hermano mayor de Miel.

—¿Por qué?.
Preguntó esté último viéndolo fijamente haciéndo qué Remus por primera vez, en muchos años se sintiera incómodo y nervioso.

—Para qué Miel pudiera adoptar a Draco.

Respondió el de forma sincera y directa.

—¿Entonces me van adoptar?.

Preguntó una voz un tanto infantil detrás de ellos, el cuál era Draco.

Tenía sus ojos abiertos en grande y su rostro lleno de sorpresa y confusión.

—Bueno sí, ese es el plan pequeño.

Respondió Remus sacando su nuca para después desviar su vista a Miel, la cuál ya parecía estar mejor qué antes.

Así qué mientras los demás se distraían con Draco y sus preguntas el fue hacía ella.

—¿Cómo estás?, ¿cómo te sientes?.

Preguntó Remus viendo a Miel para después tomar una de sus manos y acariciar su mejilla.

—Estoy bien, sólo fue el susto.

Remus suspiro aliviado al escucharlo dejando un beso en su frente.

—Me alegra tanto escuchar eso.
Después de hablar Remus la abrazo dejando un par de besos más en el cabello de Miel.

—No me vuelvas a asustar así pensé qué te perdería cuando vi pasar aquel rayo de luz verde a un lado de ti.

La voz de Remus era baja pero claramente se podía escuchar el miedo y la preocupación en ella.

—¿Remus estas llorando?.

Preguntó Miel sintiendo un par de gotas de agua caer sobre su cabello.

—No para nada

Respondió Remus alejándose para poder ver bien a Miel, con una ligera sonrisa en sus labios.

Mientras aquellos dos se sumergian en lo qué parecía ser una burbuja de amor, un par de ojos grises los observaba con orgullo y admiración.

Los mayores se habían ido dejado a Draco sólo observando cómo las personas qué ahora el había elegido cómo, su familia se amaban pero también sabía qué eran lo suficientemente cobardes cómo para no admitirlo.

Posiblemente aceptarían su vida de casados sin una declaración de amor digna, Draco se sumergio en sus pensamientos e imaginación qué no se dio cuenta de cómo sus padres lo llamaban.

Hasta qué finalmente los escucho y troto hacía ellos.

La risa de aquellos tres lleno aquella habitación, la cual era de colores opacos de pronto parecía tener color y calidez.

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