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Resulta peculiarmente extraño cómo una situación puede tener diferentes enfoques o perspectivas según la experiencia de cada sujeto. Suele suceder que, aunque haya un punto principal de conexión en los acontecimientos, no siempre éste se roba la atención de quienes presencian el acto.

Soobin y Soojin, por ejemplo, pese a que el drama de la semana se desarrollaba frente a sus inocentes ojos, no hubo ni un atisbo de atracción para intentar comprender. Lo que captó su mirar y todas sus preocupaciones fue el aspecto enrojecido del suelo por donde se regaban múltiples trocitos de cristal y fresas.

Hyukjae y Donghae, por el contrario, pese a tener un desastre en la cocina no parecían ni mínimamente interesados en ello como lo estaban por la partida estrepitosa de Vithali.

Por unos segundos que parecieron la eternidad misma se quedaron en absoluto silencio los cuatro.

DongHae fue el primero en reaccionar siendo presa de un inesperado instinto que le nació apenas Soobin se soltó de su mano.

—¡No! —dio un paso alarmado para sujetarle del hombro antes de que el niño fuera directamente a pisar la fresa que debajo tenía un trozo afilado de cristal. Soobin le increpó con la mirada repleta de curiosidad y desconcierto. Entonces Hae tiró suavemente de las manos de los gemelos para retroceder y sacarlos del peligro que suponía la copa rota. Se acuclilló junto a ambos y casi en seguida obtuvo la atención de los niños. Y de Lee Hyukjae—. Es peligroso. Nosotros nos encargaremos de limpiar aquí —dijo con una sonrisa que pretendía darles tranquilidad ya que, aun cuando no sabían cuál era la situación con respecto a los adultos, ellos daban la impresión de ser arrastrados por ese feo sentimiento que quedó en el aire. Se mostraban curiosamente desconcertados.

Soojin buscó hacer contacto visual con Hyukjae.

Parecía angustiada. Como si temiera que alguno de los vidrios rotos hubiera lastimado al pelinegro. Eso parecía. Estaba tan callado y serio que mucho le costó tratar de sonreír a su sobrina para darle calma. Pero lo consiguió. Y la nena se relajó en automático al devolverle el gesto.

—¿Podemos ayudar? —dijo Soobin tirando suavemente del suéter de Hae. Éste le regaló una nueva sonrisa. Hae trataba con todas sus fuerzas de no dejarse llevar por el dolorcito que tenía en el pecho. Quizá lo que más lo delataba era el temblor de sus extremidades.

Hyukjae nunca le quitó los ojos de encima.

Quería atravesar el pequeño lago rojizo que los separaba para abrazarlo y besarle todo el rostro. Para respirar entre su cuello. Para morderle los labios queriendo castigar esos semi pucheros que alcanzó a advertir entre sus labios. Para pegarlo a su cuerpo y nunca soltarlo. Y para pedirle, antes que nada, que le dijera cómo se sentía en esos momentos. ¿Qué pensaba? ¿Qué imaginaba? ¿Qué tanto había escuchado?

—Vayan a buscar a mamá. Nosotros nos encargaremos de todo —insistió el castaño.

Soojin tenía la réplica en la boca cuando escucharon movimiento a sus espaldas.

—Dios, ¡pero qué pasó aquí? Creí que vendrías por cervezas nada más —jadeó Anika viendo desde gran distancia todo el charco de bebida que se expandió por el suelo. YooHan se encontraba detrás de ella. Y también intentaba fisgonear para enterarse mejor de lo que ocurría.

DongHae se levantó; dirigió sus palabras a ellos.

—Vithali se acaba de ir —dijo a los amigos—. Pienso que sería buena idea si alguien le hace compañía. Él... —hizo una pausa. De reojo miró a su costado. No alcanzó a enfocar a Hyukjae como hubiera querido, pero Anika entendió la indirecta (este gesto fue demasiado breve y fugaz)—. Seguramente lo necesita —agregó con un corto asentimiento.

Strawberry [EunHae]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora