44.

145 23 8
                                        

Yesung pensaba que, si Hae no se detenía, en cualquier momento dejaría un hueco en el centro del departamento. Bien podía ignorarlo. Su estado le generaba también un nerviosismo atroz que no mostraba intenciones de suavizarse. Sin embargo, había que reconocer que algo de gracia tenía ver a su amigo de esa forma. No paraba de andar y suspirar mientras observaba el suelo. De repente le escuchaba murmurando cualquier cosa. Era cuando más atención le prestaba, aunque poco captaba de ello.

¿Cuántos pasos habrá dado ya para ese entonces? Rebasaban los diez minutos esperando en medio del lugar. Ningún ruido salvo por el lejano barullo de los chicos que estaban en el otro departamento. Aquello era una fiesta salvaje comparado con la tranquilidad y la tensión del lugar donde la otra mitad de amigos se encontraban a la espera.

El chasquido de la puerta interrumpió la caminata de Hae (aquella que emprendió para controlar su nerviosismo). Él levantó la mirada al fondo del pasillo y Yesung se enderezó para prestar atención a la persona que se aparecía frente a ambos.

Park JungSoo se quedó quieto mientras los veía de lejos. Arrastró los pies perezosamente hasta acercarse. A pesar de vestir tan solo un pijama su semblante era completamente serio y profesional. Hae fue más rápido que él. Lo interceptó a medio camino.

—¿Cómo está? —preguntó sin suavizar ni un poco su curiosidad. Yesung observó a sus dos amigos que se ofrecieron por voluntad propia a acompañarle.

—La única herida que tiene es la del labio. En general, se encuentra bien.

—¿Estás seguro? ¿No es necesario que lo llevemos al hospital?

—Créeme que no. Fuera de las heridas en el rostro su condición es buena. Eso sí, noto cierta… —hizo una pausa. Ahora sus ojos cambiaron hacia Yesung como si fuera necesario suavizar su declaración para esa persona—. Debilidad… en su cuerpo.

—¿Te ha dicho qué le sucedió?

—No quise preguntarle. Me parece que soy el menos indicado para ello en vista de que su situación no refleja un daño físico severo.

—¿Puedo pasar a verlo?

La puerta volvió a abrirse. Los tres chicos atacaron visualmente en esa dirección para enfocar a la persona que, sin querer, se volvía protagonista de la noche. En realidad, detestó darse cuenta de ello.

Kim ChangKyun vestía otras ropas. Su cabello estaba igual de húmedo que antes, aunque ahora acomodado de una forma más prolija ya que se había dado una ducha antes de que JungSoo le revisara.

Era cierto. Viéndolo a detalle y sin el estrés repentino de encontrarlo en un estado lamentable tras la puerta, tanto Hae como Yesung notaron que la única contusión era la que tenía en su boca. El resto estaba en orden. Al menos en apariencia pues todos fueron plenamente conscientes de que los ojos de Kyun estaban vueltos un par de charcos rojizos y brillantes.

Debió llorar demasiado para tenerlos en ese estado.

—Los espero con los demás —habló JungSoo a todos e incluso proporcionó una sonrisa a su repentino paciente médico. ChangKyun le devolvió el gesto y además hizo una reverencia para agradecer la atención.

DongHae tomó la iniciativa nuevamente.

—La ropa te quedó muy bien, ¿verdad?

—Así es —respondió Kyun intentando actuar con más naturalidad. Pero lo único que Hae y Yesung podían ver era a un gatito asustado contrayéndose y tensando los hombros cada que le miraban por más tiempo del necesario.

—Umh… —el castañito titubeó. Tenía el discurso perfecto para hacer menos incómoda la situación, pero de repente se le olvidó toda palabra de hospitalidad—. ¿Tienes hambre?

Strawberry [EunHae]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora