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Suele suceder que el alcohol, a pesar de la adrenalina, retrasa la llegada de un orgasmo. Los rumores señalan que la demora varía en un plazo de 30 minutos. Así, cuando esto se supera hay dos únicos caminos: el orgasmo se presenta vigorosamente o la persona termina rendida en el intento. Seguramente dormida ante los efectos caóticos de la bebida. Resulta también que, dependiendo de la cantidad de alcohol, la excitación puede elevarse o verse dramáticamente perjudicada. Es decir, entre mayor consumo, más complicado se vuelve obtener una respuesta satisfactoria en el estímulo de los genitales. Pero cuando se logra ese balance perfecto, el equilibrio entre la cordura y el alcohol, los resultados son considerablemente fructíferos.

Ellos habían ya desbloqueado tal mesura.

Para cuando Hyukjae puso a DongHae contra el escritorio de la habitación los sentidos de ambos se fueron reacomodando. Casi podían jurar que estuvieron totalmente conscientes de cómo el calor del alcohol iba desapareciendo para, en su lugar, abrirle paso a la excitación natural de sus cuerpos. Y el cambio fue, de hecho, exquisito. Por cada embestida Lee DongHae tensaba sus párpados ya cerrados. No concebía el abrir los ojos porque su mirada se nublaba y se volvía tan borrosa que prácticamente sus pupilas se querían voltear por el placer.

Hyukjae estaba simple y sencillamente insaciable.

No tenía voluntad para dejar al castañito descansando por mucho rato. Y sí, efectivamente, el alcohol provocó que su orgasmo se ralentizara. ¿Era esto un inconveniente? Ni en broma. Hyukjae tenía entre sus manos la forma de sacar provecho de la situación. Se valió de ello. Y entonces decidió que Hae debía seguirle el ritmo.

Para cuando le abrió las piernas en el borde de la cama y luego se las colgó a los hombros como un precioso collar fabricado para adornar su corporeidad, descubrió que su novio era más precioso como un desastre envuelto en sudor, gemidos y lágrimas. El milagro de cada cien años. La luz de una estrella erosionando en el firmamento. Escultura de un prestigioso museo a cuya entrada no tiene acceso cualquiera.

Besándole las pantorrillas (que antes él le había ya mordido), acariciándole los muslos (que antes él había ya succionado), apretándole el trasero (que antes él había ya golpeado) y sujetando su cintura (que antes él había ya marcado con sus dedos) se hundió en el duraznito para descubrir cómo la situación no sólo tenía que ver con su propia fisionomía. Lee Castañito DongHae todavía no se corría. Aunque las gotitas del semen le lloraban de vez en cuando amenazando con un término, advertían también que todavía no sería el momento. Hyuk pensaba que esto podría deberse a que Hae trataba de contenerse para alargar más la situación, pero no. Imposible. No había manera de que Hae quisiera soportar cuando sus reacciones eran así de genuinas.

Por cada que Hyukjae entraba en él lo sentía apretando hasta lo último. Como si su receloso cuerpo se sintiera molesto de pensar en que la dureza de Hyukjae en algún momento planeaba abandonarlo.

Por cada que Hyukjae le besaba los pezones lo tenía ahí arqueando la columna y sollozando sin pudor de por medio.

Por cada que Hyukjae le estrujaba las nalgas él se aferraba y pedía por más dando a entender que todavía no se sentía lo suficiente magullado. Pero lo estaba. Oh, vaya que lo estaba. En las piernas, en el cuello, en las caderas, entre los glúteos, en cada dedo, sobre las costillas, entre sus clavículas, sobre los lóbulos de sus orejas, en su aperlado pene.

Strawberry [EunHae]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora