Cristinne volvió a tomar una segunda ducha en lo que iba de la mañana, ligeramente más fría que la primera. Trató de calmarse y pensar más claramente en lo que le estaba pasando, la música de fondo de Edit Piaf se repetía una y otra vez en la misma canción, Non Je En Regrette; sus manos reposaban en el vidrio mojado mientras que el agua caía en su espalda. Perdió la noción del tiempo; sus dedos arrugados le indicaron que era momento de salir, cerró la perilla de la ducha y cubrió su cuerpo con un toalla blanca, su cabello seguía seco a excepción de ciertas zonas más cerca a la piel que por casualidad se mojaron, la docente secó rápidamente de si y se puso una camiseta que le llegaba hasta los muslos con una trusa, volvió a verse en el espejo para acomodar su melena que aún seguía sujeta en una coleta alta.
Observó su celular acomodado en la mesa de noche, eran casi las cuatro de la tarde, desde que Mia se había ido ya había pasado más de 4 horas. Necesitaba comer. Abrió la puerta de su habitación mientras revisaba páginas de delivery de comidas sin animarse por ninguna en específico, cuando un olor exquisito la hizo detenerse en seco, cerró sus ojos y se inundó más con el aroma, su estómago recién empezó a retorcerse. Con cierta cautela bajó las escaleras sorprendiéndose con una señorita Donatelli sirviendo muy magistralmente de dos platos, Cristinne siguió acercándose sin ser notada.
_ Pensé que se había ido.
Hanna se sobresaltó dejando caer con cierta brusquedad la carne en el plato, pequeñas gotas de comida le cayeron en el rostro lo cual la hizo retroceder hasta casi tocar la olla caliente, Cristinne corrió hasta su alumna y la apegó a su cuerpo para evitarle una quemadura.
El rostro de Hanna era un lienzo andante de todos los colores, franjas rojas por su rostro y un brillo en sus ojos que hacía dudar sí era causa de querer llorar o de dolor. Si hubiese una tercera persona presente se habría quedado anonadada por la escena en aquella cocina, una docente casi encuerada sujetando con una mano de la cintura de su alumna mientras que la otra reposaba en la encimera de la cocina, ambos cuerpos tan pegados que había duda que el vapor era causado por esas dos almas o por la olla abierta tras de ellas. Los segundos fueron eternos en esa posición, Hanna ya acostumbrada a safarce de agarres parecidos por su profesión, fácilmente giro en sus pies y terminó acorralando a la docente y debido a que era un poco más baja en estatura sus ojos observaron en deleite los senos de Cristinne. Pudo observar parte de su areola rosada.
_ Disculpe - se alejó rápidamente.
La docente acomodó su camisa y la abotono, su rostro también era un lienzo y al ser ella más blanca que su alumna era mucho más evidente ya que todo su rostro y parte de su cuello enrrojecieron.
_ ¿Que haces aquí?
_ Fue muy descortés e infantil de mi parte mi comportamiento anterior. Entiendo su molestia - Hanna empezó a tocarse las caderas producto de su nerviosismo.
Cristinne cruzó los brazos.
_ Discúlpeme por todo, profesora.
_ Últimamente se disculpa mucho señorita Donatelli, en nuestro primer encuentro me comentó que era una mujer que no se disculpaba, pero mírela ahora.
Hanna sonrió ligeramente ante su comentario.
_ Tiene razón, últimamente como lo menciona, he cambiado muchísimo. Estoy haciendo cosas que jamás hubiese hecho hace meses atrás.
_ ¿Cómo que?
_ Disculparme hasta por respirar.
Aquella confesión sobresaltó a Cristinne.
_ O cocinarle a alguien.
_ Nunca había cocinado a alguien - la gente negó con la cabeza - ¿ni a sus hermanos?
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Mirando al Cielo
Teen FictionLa vida seguía a pasos agigantados dejando atrás a aquella mujer madura de mirada perdida, los suspiros salían de sus labios con más frecuencia; miraba al cielo tratando de encontrar respuesta a su sufrimiento, a su falta de vida. Hasta que la vió...
