El sol alumbraba directamente el rostro de Hanna y una pequeña mueca apareció en su rostro, con mucho pesar abrió los ojos y un aroma a vainilla la hizo derretirse un poco en el suave albornoz en el que estaba envuelta. Sus manos se extendieron por la cama mientras se estiraba audiblemente, sin embargo, el contacto con la tela la hizo ponerse alerta ya que su cama nunca se había sentido tan suave; se sentó casi inmediatamente al borde de la cama y empezó a observar a su alrededor, definitivamente aquel lugar no era su habitación, llevaba puesto un pantalón y una camisa de seda, todo de un blanco brilloso con botones rosas, no recordaba haberse cambiado, por más que el aroma a vainilla le gustará no reconocía el lugar, su último recuerdo eran unos ojos verdes y el contacto de su cuerpo caliente; empezó a temblar.
_ Mierda - se dijo así misma.
Se levantó temblorosa y caminó lentamente hacía la comoda que se encontraba en la esquina, miró su rostro y no tenía ni una pizca de maquillaje, su cabello estaba suelto y ligeramente mojado. El celular que se encontraba en la mesa de noche empezó a vibrar, casi corrió hasta tenerlo en sus manos, el número que reflejaba la pantalla lo conocía muy bien, deslizó para enviar un mensaje automático, no deseaba hablar con Gustavo en ese momento, miró su celular y marcaban exactamente las doce del medio día, buscó su ubicación y estaba en Av. Panamericana norte, no conocía el lugar.
_ Hanna eres una idiota - volvió a decirse a mi misma.
Abrió el closet al lado de la cama y encontró para su sorpresa conjuntos de poleras y camisetas bien acomodadas, dudó en cambiarse pero no podía salir en pijama del lugar donde fuera que se encontrara, se dijo a si misma que fuese quien fuese quien la llevó a ese lugar le pagaría por la ropa usada. Escogió un pantalón gris suelto de una tela bastante delgada, un polo blanco y una casaca de cierre blanca también. Mientras se cambiaba aprovechó en revisar su cuerpo por posibles lesiones pero no encontró nada, el suspiro que soltó era evidencia de su tranquilidad, estaba casi segura que tampoco tuvo intimidad. En casi quince minutos se encontraba lista, con suma delicadeza giro de la perilla y asomó su cabeza, unos pasos y se encontraba fuera de la habitación, se dió cuenta que estaba en un segundo piso porque en medio del lugar había una escalera que daba a la sala, en unos pocos segundos estaba en la primera planta que se encontraba desolada, una vez allí se dió cuenta que se encontraba en un edificio de piso duplex.
_ Al fin se despertó.
Hanna observó en la dirección donde provenía la voz.
_ Buenos días - casi inaudible.
Cristinne llevaba un short y camiseta licrada, zapatillas de deporte blancas, su cabello estaba sujetó en una coleta alta y una botella con agua en la mano; se veía sofocada, sus mejillas estaban sonrojadas al igual que sus manos pero no había rastro de sudor alguno.
_ Tomaré una ducha.
Y sin esperar respuesta subió las escaleras hacía la planta alta. Hanna entonces se convenció de que aquella sospecha del lugar donde se encontraba era cierta, era la casa de ella. Se quedó quieta unos segundos y tal vez minutos tratando de acomodar sus ideas, tratando de recordar. Se perdió en la vista panorámica que brindaba el rascacielo donde se encontraba, ya no trataba de recordar, ya no se martirizaba poniendo situaciones extremas, dejó de pensar en su padre y la explicación que le daría. Se desconectó un momento.
_ Porque sigue parada ahí.
La docente volvió al lugar con una vestimenta muy parecida a la que llevaba la agente pero con el pelo completamente mojado.
_ Normalmente no tomo desayuno pero creo que hay jugo en la refrigeradora.
Hanna seguía sin moverse, solo la observaba con aquellos pantalones sueltos y aquel polo que dejaba ver parte de su cintura. Era tan raro verla informal que podría jurar que la imponencia que siempre mostraba había casi desaparecido, definitivamente verla elegante era un plus para la docente.
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Mirando al Cielo
Novela JuvenilLa vida seguía a pasos agigantados dejando atrás a aquella mujer madura de mirada perdida, los suspiros salían de sus labios con más frecuencia; miraba al cielo tratando de encontrar respuesta a su sufrimiento, a su falta de vida. Hasta que la vió...
