El caminar de las personas le producía cierto desasosiego, una inquietud que no podía explicar. Su cuerpo apoyado en la pared, sus ojos cerrados y el enorme vaso de cartón que emanaba un olor a café extremadamente fuerte la acompañaban. Era extraño observar a la docente en ese estado, era extraño tan solo verla dudar.
Las miradas confusas de sus alumnos no se hicieron esperar, tomaban su tiempo en inspeccionarla, en tratar de entender que pasaba por su cabeza, pero la docente se encontraba en su propio mundo, un poco ojerosa, un poco fatigada, cansada; un poco humana.
_ Buen día, profesora - Hanna la observó con cierta incertidumbre.
Cristinne reconoció esa voz melodiosa y neutra, sus ojos se abrieron chocando directamente con la mirada de su alumna, su temple volvió, su compostura se corrigió y sin poder analizar bien la situación se sorprendió a ella misma sujetando el brazo de su acompañante y arrastrándola al interior del salón.
La espalda de Hanna chocó con la enorme puerta una vez en el interior del aula, sus hombros descubiertos se estremecieron al contacto de la madera helada e hizo un gesto casi imperceptible, o eso pensó.
_ Disculpa - era extraño, todo de aquella persona frente a ella estaba fuera de lugar.
Cristinne apartó la mirada luego de disculparse, ella misma no se podía reconocer.
_ ¿Está todo bien?. Estuvo ausente varios días, y bueno, eso es raro en usted.
_ ¿Solo tuviste una clase conmigo y ya sabes mis costumbres? - aún con la mirada apartada de su alumna.
El ambiente se encontraba en penumbras y es que ninguna de las dos se había atrevido a realizar otra acción que el estar atenta la una de la otra.
_ Respecto al altercado de aquella noche, ¿su pareja la volvió a contactar? - Cristinne al fin pudo observar a Hanna, comprobando que aquella jovencita era lo más hermoso que había visto desde hace mucho.
_ No es mi pareja. Y respecto a eso, te agradecería no comentes nada de lo que viste ese día.
_ Puede denunciar cualquier tipo de agresión, de hecho si desea... - Cristinne no la dejó terminar.
_ No necesito el consejo de una ñiñata como tú, solo te estoy pidiendo algo, y espero que lo cumplas.
_ ¿O sino? - aquella no era la falsa Mía, y Hanna era consciente.
Las voces tras la puerta le indicaron que no estaban solas, el alumnado ya se estaba aglomerando. Cristinne lanzó la peor mirada a su alumna y sin decir una palabra se dirigió a su escritorio. Hanna, por el contrario se mordió los labios debido a su atrevimiento; giro sobre sus pies y abrió las puertas, dejando a unos pares de ojos sorprendidos por encontrarla encerrada con la profesora más sexy que tiene el plantel.
Cada alumno empezó a tomar sus respectivos asientos en completo silencio, ciertos murmullos se escuchaban pero al notar algún movimiento de la docente estos desaparecían. Cristinne por el contrario volvía a su pose arrogante y poderosa, contorneaba sus caderas de un lado a otro mientras escribía en el pizarrón «Botticelli y su influencia neoplatonica».
Hanna era consciente de la belleza de la mujer que tenía en frente, lo supo desde el momento en que la vio en aquel museo, lo reafirmó cuando tuvo su primera clase, o cuando se sorprendió a ella misma tocando la puerta de su oficina con el corazón en la mano por el nerviosismo; trato de darle alguna explicación lógica a su actuar, pero era consciente de lo intimidante que podía ser y que tal vez, solo tal vez, la indomable Hanna Lombardi estaba flaqueando y aquello la perturbaba ya varios días.
_ Treinta minutos antes de que acabe mi clase les tomaré una evaluación - se escucharon murmullos de quejas - cada uno de ustedes tiene la malla curricular, y estoy hablando con "colegas", no jovencitos de pregrado, así que espero los mejores resultados.
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Mirando al Cielo
Teen FictionLa vida seguía a pasos agigantados dejando atrás a aquella mujer madura de mirada perdida, los suspiros salían de sus labios con más frecuencia; miraba al cielo tratando de encontrar respuesta a su sufrimiento, a su falta de vida. Hasta que la vió...
