16

57 7 2
                                        

Ambas mujeres terminaron de conversar sobre temas banales y minutos después Cristinne estaba abriéndole la puerta de su porche para que Hanna pudiera entrar y sentarse. En tan solo minutos que la docente empezó a conducir apareció cierta complicidad entre ambas y el ambiente se sentía cálido a pesar de que el clima empezaba a enfriar.

— No es necesario que me hables de usted, puedes decirme Cristinne y tutearme.

— Cristinne — saboreo lo melodioso que sonaba su nombre al nombrarlo en voz alta.

— Si, Mía. Solo no me llames por diminutivos, no me agrada.

— ¿No tiene otro nombre? Perdón, ¿No tienes otro nombre?

La agente sonrió.

— Si.

— ¿Cuál es?

— Algún día te lo diré, pero por ahora solo Cristinne.

— Me deja con la curiosidad. Para ser sincera se me hace complicado tutearla así que dame tiempo si, pregunta, ¿en público como nos comportaremos?.

— Como te sientas cómoda, al final estamos aceptando ser amigas ¿No?.

— ¿Esa misma amistad que tiene con Alexa?

— No.

— ¿Por qué?

—Alexa la conozco desde la universidad, empezamos a sentirnos cómodas tal vez por contexto o grupos en común. La conozco bastante bien pero no termino de sentirme cómoda con ella, tenemos diferentes gustos y educación, que te puedo decir.

— Ella es más liberal, cariñosa, melosa y expresiva con su cuerpo; todo lo contrario de usted, de tí — se corrigió.

La docente se quedó pensando.

— Por eso es que todos se mueren por ti y se embelesan — terminó de completar la idea.

— ¿Así?

— Lo misterioso siempre atrapa, es exquisito. Aparte de ello, no te has molestado en ser amable con nadie, das esa impresión de ser intocable e inalcanzable. Ser perfecta.

— ¿Eso piensas realmente de mi?

Hanna sonrió apenada, había hablado de más. Sus mejillas enrojecieron. El carro paró en su recorrido debido a un semáforo en rojo, Cristinne se tomó el tiempo de observar detalladamente a la muchacha que tenía al lado.

— Lo mismo pensé de ti cuando te vi en aquella galería de los Uffizi, con ese vestido verde y esa perfección hecha persona — Hanna no podía controlar el calor que emanaba de su cuerpo.

— ¿Puedo abrir la ventana?

— No — la agente la observó fijamente mientras empezaba a respirar por la boca — me gusta verte sonrojada.

El claxon del auto de atrás las sobresaltó, el semáforo había cambiado y ninguna se había dado cuenta. La docente movió los cambios y empezó a acelerar, un minuto después encendió el aire acondicionado para que el calor que también se había formado en ella, se calmara.

— ¿Deseas que te lleve a tu casa?

— Por favor.

— Pon tu dirección en el maps — mientras le entregaba su iPhone 17, rápidamente colocó la dirección y lo devolvió. La dirección apareció en la pantalla tactil del auto señalando que ruta usar — la zona es peligrosa.

— Nunca ví nada fuera de lo normal.

— Deberías mudarte. Aún faltan dos años para que termines el doctorado y te gradues, ¿o lo haces por el dinero? ¿Cuánto es la mensualidad que pagas por el departamento?

Mirando al CieloDonde viven las historias. Descúbrelo ahora