Ambas mujeres terminaron de conversar sobre temas banales y minutos después Cristinne estaba abriéndole la puerta de su porche para que Hanna pudiera entrar y sentarse. En tan solo minutos que la docente empezó a conducir apareció cierta complicidad entre ambas y el ambiente se sentía cálido a pesar de que el clima empezaba a enfriar.
— No es necesario que me hables de usted, puedes decirme Cristinne y tutearme.
— Cristinne — saboreo lo melodioso que sonaba su nombre al nombrarlo en voz alta.
— Si, Mía. Solo no me llames por diminutivos, no me agrada.
— ¿No tiene otro nombre? Perdón, ¿No tienes otro nombre?
La agente sonrió.
— Si.
— ¿Cuál es?
— Algún día te lo diré, pero por ahora solo Cristinne.
— Me deja con la curiosidad. Para ser sincera se me hace complicado tutearla así que dame tiempo si, pregunta, ¿en público como nos comportaremos?.
— Como te sientas cómoda, al final estamos aceptando ser amigas ¿No?.
— ¿Esa misma amistad que tiene con Alexa?
— No.
— ¿Por qué?
—Alexa la conozco desde la universidad, empezamos a sentirnos cómodas tal vez por contexto o grupos en común. La conozco bastante bien pero no termino de sentirme cómoda con ella, tenemos diferentes gustos y educación, que te puedo decir.
— Ella es más liberal, cariñosa, melosa y expresiva con su cuerpo; todo lo contrario de usted, de tí — se corrigió.
La docente se quedó pensando.
— Por eso es que todos se mueren por ti y se embelesan — terminó de completar la idea.
— ¿Así?
— Lo misterioso siempre atrapa, es exquisito. Aparte de ello, no te has molestado en ser amable con nadie, das esa impresión de ser intocable e inalcanzable. Ser perfecta.
— ¿Eso piensas realmente de mi?
Hanna sonrió apenada, había hablado de más. Sus mejillas enrojecieron. El carro paró en su recorrido debido a un semáforo en rojo, Cristinne se tomó el tiempo de observar detalladamente a la muchacha que tenía al lado.
— Lo mismo pensé de ti cuando te vi en aquella galería de los Uffizi, con ese vestido verde y esa perfección hecha persona — Hanna no podía controlar el calor que emanaba de su cuerpo.
— ¿Puedo abrir la ventana?
— No — la agente la observó fijamente mientras empezaba a respirar por la boca — me gusta verte sonrojada.
El claxon del auto de atrás las sobresaltó, el semáforo había cambiado y ninguna se había dado cuenta. La docente movió los cambios y empezó a acelerar, un minuto después encendió el aire acondicionado para que el calor que también se había formado en ella, se calmara.
— ¿Deseas que te lleve a tu casa?
— Por favor.
— Pon tu dirección en el maps — mientras le entregaba su iPhone 17, rápidamente colocó la dirección y lo devolvió. La dirección apareció en la pantalla tactil del auto señalando que ruta usar — la zona es peligrosa.
— Nunca ví nada fuera de lo normal.
— Deberías mudarte. Aún faltan dos años para que termines el doctorado y te gradues, ¿o lo haces por el dinero? ¿Cuánto es la mensualidad que pagas por el departamento?
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Mirando al Cielo
Ficção AdolescenteLa vida seguía a pasos agigantados dejando atrás a aquella mujer madura de mirada perdida, los suspiros salían de sus labios con más frecuencia; miraba al cielo tratando de encontrar respuesta a su sufrimiento, a su falta de vida. Hasta que la vió...
