Draco Malfoy.

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Casi sin querer, Draco había caído enamorado del chico callado de su propia casa. Literalmente.

El hijo de un sirviente, tan bello era caer a sus pies que ni siquiera le importaba que el menor no tuviera dinero. Ni un poco.

Draco tenía 24 años, sin esposa y con un hijo de 6 años, era padre soltero por complicaciones de la vida, su ex-esposa no quería volverlo a ver, no era que la tratara mal, pero cuando el hombre de ojos verdes platinados había salido del closet con ella, simplemente no quiso atarlo a un "matrimonio mal estructurado" para los gustos de Draco, o al menos fue lo que ella dijo...

Pero ahora bien quisiera o no, aquí estaba, recargado en el marco de la cocina con los brazos cruzados mientras veía a Stephen. El menor, por 5 años de ojos claros como el cielo, estaba preparando un pay de fresa. La especialidad de la casa y por defecto, el postre favorito de Scorpius.

La manera en la que Stephen movía sus manos con tanta tranquilidad contrastaba horriblemente con el hueco en el estómago de Draco, pero no era un hueco de necesidad alimentaria... No. El hueco que sentía en el estómago ya estaba sustituido por mariposas absurdas que revoloteaban con gran felicidad por el lugar.

Se sentía estúpido, tan tonto y perdido en un menor. No diría que era ilegal, claro, pero ¿Cómo podría gustarle? No tiene nada de interesante más que su dinero y la historia oscura de su familia, sin olvidar a su padre claro, su padre que estaba en Azkaban.  ¿Cómo alguien tan roto y lleno de pendientes de adultos le gustaría a un chico que apenas empezaba su vida?

Una parte de su mente, la racional claramente, era la que le decía que se moviera, que dejara de ver al chico y sus manos, su cabello, sus ojos concentrados, su sonrisa tan bonita y... Ahí estaba la irracional, la que le decía a gritos  "¡No seas tonto, ve a besarlo!", o peor aún, "¿Él? ¡Jamás, el jamás gustaría de un perdedor de la vida como tú!"...

Y tal vez su ceño se frunció un poco mientras su conciencia e inconsciente se peleaban, sin esperar una mano familiar en su brazo.

— ¿Esta bien, Señor Malfoy? — Stephen estaba de pie, con una mirada preocupada y mandil en la otra mano... ¿Cuando había terminado de preparar la crema del pay?

— ¿Mhm? ¿Qué dijiste? — Pregunto Malfoy, apenas regresando a la tierra de esos lindos ojos azules galácticos y con la voz más gruesa que de costumbre.

— Lo ví ahí parado casi media hora... ¿Esta bien? — Pregunto con un tono más suave y la mirada más tranquila al ver que el hombre de mayor altura, estaba menos distraído de la realidad.

— ¿Yo? Si, claro... Solo... Pensaba en algunas cosas que faltan en esta cocina — dijo y era claro que mentía, pero Stephen no pregunto más, solo asintió y soltó un suspiro aliviado, algo que llamo la atención de Draco — ¿Por qué el suspiro?

Stephen, que se había alejado para limpiar la cocina volteo a verlo y sonrió suavemente mientras negaba con la cabeza.

— Nada, pensé que iba a despedir a alguien por su rostro tan serio. — Bromeo el de pelo largo a los hombros.

Malfoy nego y se acercó a la barra de la cocina, se sentó en un banco y cruzo los brazos encima del mármol blanco, y se quedó ahí. Veía a Stephan limpiar mientras se distraia fácilmente con la mínima mancha y eso, de alguna forma, le pareció tierno, incluso atractivo.

— ¿Y el joven Scorpius? — Cuestionó el ojiazul mientras expandía un par de trapos en el lavabo dando por terminada toda la tarea del pay de fresa.

— Hmm, su mamá debe traerlo en unos 20 minutos... — Respondió sin prestar mucha atención a la pregunta, solo a la mancha de crema en la mejilla de Stephen — Tienes algo... Ahí. — señaló en su propio rostro.

Con torpeza, Stephen se limpio la mejilla, haciendo todo lo contrario, pues la mancha se convirtió en una pincelada blanca en su mejilla, Draco no supo que fue, tal vez el ambiente tranquilo o la torpeza de el chico menor, pero algo fue más rápido que el mismo e hizo que se levantara para estar frente al menor, tomo un trapo del lavabo y lo paso por su mejilla. Por un lado, Stephen pudo haber reaccionado mal, incluso asqueado por usar un trapo — aunque limpio — sobre su rostro, pero no fue así... Al contrario, se quedó paralizado y perdido en esos ojos verdes platinados.

Y ninguno entendió a ciencia cierta lo que había sucedido ese día, pero la tensión comenzó a existir, en toda la casa si ambos se encontraban por alguna razón, las mejillas de Stephen se ponían rojas al igual que las de Draco, aunque claro, este miraba a otro lado antes de que el pelinegro se diera cuenta de la vergüenza en su rostro.

Hasta que un día, la tensión que era muy obviamente jalada desde ambos puntos, termino por romperse mientras Draco veía a Stephen jugar con Scorpius, no dijo nada, no hubo una acción que cambiará todo en realidad... Solo se acercó y se sentó junto a Stephen, poniendo su mano sobre la suya en el césped, una promesa tan silenciosa que ambos aceptaron estar juntos sin siquiera que la pregunta existiera.
















Corto pero bonito, ¿siono?
Los traía a pan y agua, la verdad pensé
en dejar hasta ahí el libro pero nonono,
aún tengo imaginación suficiente para esto.

𝙃𝙖𝙧𝙧𝘺 𝘗𝘰𝙩𝙩𝘦𝘳 : ᵐᵃˡᵉʳᵉᵃᵈᵉʳ•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora