Cedric Digory

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¿Te has preguntado cómo es estar muerto en vida?

Las personas dicen que es imposible, pero desde mi perspectiva, creo que solo a los que nos han roto el corazón sabemos lo que significa.

Y es que nadie habla del dolor inhumano que sientes en el pecho, la taquicardia que corre en las madrugadas, las manos sudorosas y temblando, los sueños lúcidos que te lastiman al despertar y las ganas horribles de llorar todos los días y no poder hacerlo porque has pasado tanto tiempo en lo mismo que tus lagrimales están secos y tus ojos tan cansados y rojos que simplemente no dan para más.

Estar muerto en vida, no es literal, aunque se sienta así. Porque sientes el calor de la fogata en tus manos y piernas, la lluvia cayendo en tus hombros y el frío calando en los huesos... Pero los humanos, tan deseosos de sentir, también son víctimas de su necesidad.

Simon lo sabía, estaba hace meses postrado en esa cama de plumas, suave y calientita pero poco consoladora, aún le olía a él... Su perfume impregnado en el lado izquierdo de la cama, como si el universo quisiera darle un golpe aún más bajo después de la noticia que lo había roto.

El chico de ojos con hetecromía dormía sin descansar en la cama matrimonial que el y su novio habían compartido tantas veces que parecían viejo matrimonio con acuerdos para no incomodar al otro durante toda la noche, aunque ahora mismo deseaba con todo su ser ser molestado por el de ojos  verdes en medio de esa solitaria noche.

Simon aún no se acostumbraba, esa era la única verdad que le podías sacar, habían pasado 2 meses desde que Cedric había muerto y si, era egoísta tal vez pensar en su novio como suyo pero no lo iba a negar, Cedric era suyo, suyo más que nada, había marcado su cuello tantas veces pero incluso ahora ese recuerdo parecía borroso y su piel tibia no se parecía a nada, ni al té que su mamá dejaba temprano en la mañana o el café que padre le daba en la tarde, ni siquiera la sopa de verdura que su hermana mediana — con tanto esfuerzo porque ella no sabía nada de cocina — había hecho.

Simon no se dió cuenta del tiempo hasta que las cosas fueron empeorando en el mundo mágico, el era el único con magia en sus familia, eso en parte también lo hacía sentir más cercano a Cedric, porque... Era el único que lo entendía, o al menos eso pensaba, porque la verdad es que desde que conoció al de sonrisa perfecta, no se había dado el tiempo de conocer a más chicos, estaba completamente enamorado de él.

Un día, durante una cena... La madre de Simón subió con un plato de galletas caseras y una taza de chocolate caliente.

— Hola, ratoncito — Hablo la voz suave de su madre, con ese tono que solo tienen las mamás preocupadas por sus pequeños hijos.

— No tengo hambre, mamá — Respondió Simón, mientras se acurrucaba en las sábanas.

Pero está vez, contraria a otras noches, Allison, mamá de Simón, no se fue.

Ella se quedó a su lado, dejo la charola en la pequeña mesa al lado de la cama de su hijo y soltó un suspiro que más que aliviado, parecía pesado.

— Tienes que salir de aquí, Simon — Dijo con las manos en las rodillas, mientras se sentaba en la rodilla de la cama a pies de su "ratón".

— No puedo, no sin él — Respondió honesto, con voz perdida entre la almohada y las sábanas.

— ¿Crees que a él le hubiera gustado verte así? — pregunto ella sin afán de ofender, pero sin quererlo... Tocó una hebra tan sensible que se arrepintió de su comentario apenas unos segundos pasaron.

— ¿Crees que a él le hubiera gustado morir así? ¿Crees que el quería perder todos nuestros planes? ¿Crees que es así, mamá? — Soltó, no su ratón, fue otra persona, fue la máscara de dolor que llevaba cargando su pequeño hijo en esa maraña de tela y pelo revuelto.

Allison no respondió, no tuvo palabras que decir y mentiría si no dijera que lo que dijo le habia dañado, pero ahora ella se había llenado de la idea que siempre habia llevado desde que tuvo a su par de mellizos. "Ellos están primero, ellos están aprendiendo y yo puedo ayudar a que aprender no duela tanto como a mi".

Después de ese día, Allison se acercó un poco más a su hijo la noche siguiente, escuchando los comentarios de su hijo porque hirientes o no, sabía que no hablaba su pequeño ratón, hablaba la furia, el temor y sobre todo, el dolor.

Alison sabía lo que se sentía perder a alguien tan importante, lo había vivido con un hermano y sus padres pero ella tampoco se imaginaba una vida, ni un solo día sin su esposo. Así que trato, trato tanto que las noches en las que Simón dormía por mucho tiempo después de solo dormirtar, ella entraba a su cuarto y poco a poco limpiaba el desastre que  la muerte de su yerno había provocado. Y claro, no culpaba a Cedric. ¿Cómo hacerlo cuándo solo era un niño que murió por estar en un lugar equivocado?

Y pronto, más de lo que pensaban, pasaron 5...6...7 meses, Simón por primera vez había salido de su habitación para desayunar en familia, ese día Allison se sintió tan agradecida con su pequeño ratón que le hizo hot cakes con fresas y plátanos, como cuando era niño y se había lastimado al montar la bicicleta de su padre.

Y poco a poco mejoro, no fue lineal, claro que no, había días en las que Simón simplemente cerraba su cuarto con llave y su hermana, vecina por ley, al lado de su cuarto, escuchaba a su hermano menor por 4 minutos llorar contra la almohada o en el balcón que compartían y no, tampoco lo culpaba, no lo odiaba por no dejarla dormir, porque prefería mil veces escuchar a su hermano sacar todo lo que llevaba que guardarlo y un día, no volverlo a ver.

Al llenar los 11 meses, Simón había podido visitar la tumba de Cedric, dejar flores y un pequeño poema enterrado a pies de la tumba, alguna vez tuvieron esa conversación que en ese momento fue solo por juego y hoy era realidad.

— ¿Y si muero primero? — Pregunto aleatoriamente Simón durante un día de lluvia en Hogwarts.

— Entonces, tendré que morir para estar a tu lado, seremos dos pasas viejitas cuando pase eso — Respondió con una sonrisa su novio mientras comía un dulce de menta.

— ¿Y si pasa antes? — Pregunto el de pestañas largas mientras veía la luna encima de ellos.

— Hmmm, entonces no te lo permitiría — Dijo con una risa suave.

— Oh claro, porque puedo decidir cuando morir ¿No? — Simon soltó una carcajada suave entre sarcasmo teñido de cariño.

— No es eso... Es solo que se algo que tú no — Respondió mientras se sentaba al lado de Simón a contemplar la luna llena de esa noche.

— ¿Y que es eso que sabes, genio? — Simón, con una sonrisa volteo a ver el perfil de su amado y atractivo novio, sin esperar la respuesta que después le daría la fuerza para ese año lleno de dolor.

— Por qué se que tu puedes sobrevivir sin mi, eres inteligente y genial, jamás pasarías por eso — Oh, que equivocado estabas Cedric... — Pero yo... Yo sé que sin ti, moriría de solo escuchar una sola frase en la que te han dañado, porque para mí eres todo y sin mi todo, yo no podría seguir. Así que si tú mueres antes que yo, me asegúrare de verte lo más pronto posible, pero si yo muero antes que tú ... se que podrás sobrevivir a eso, porque eres más fuerte de lo que piensas y jamás te dejarías rendir por algo tan natural como la muerte.





























El final muy raro, pero es que sigo tristón y si me pongo sentimental ustedes sufrirán las consecuencias ijiji 🛌 buenas noches mi gente latino.

𝙃𝙖𝙧𝙧𝘺 𝘗𝘰𝙩𝙩𝘦𝘳 : ᵐᵃˡᵉʳᵉᵃᵈᵉʳ•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora