Sirius Black 2.0

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— Puedes huir conmigo, se que puedo tener conexiones y ... — Lo interrumpí con un beso, porque el lo sabía y solo nos mentía, yo no podría escapar y el no podría dejar todo lo que ama detrás.

Y al parecer el lo entendió porque no se separó y me siguió el beso, era suave, no era desenfrenado ni necesitado, todo lo contrario... Era cariño puro, amor real.

Me aleje unos pocos centímetros y lo ví a los ojos.

— No podemos. — Dije en voz baja y una sonrisa triste.

— No, no podemos. — Respondió el, con un suspiro y su mano dejo la fuerza en mi cintura.

No dijimos nada más, hubo llanto pero no hubo un adiós o un hasta luego, no sabíamos que sería después de ese día. Al día siguiente yo estaría en un altar esperando a Alicia.

Salimos del lugar y nos formamos en las filas de nuevo, de vez en cuando volteaba a verlo y viceversa. Solo que ahora mis lágrimas se contenían al igual que las suyas.

Dos años después.

Estaba en la sala de la mansión, leyendo un libro de herbologia mientras suspiraba, sonó el timbre y me levanté, no teníamos sirvientes, no creíamos en eso y en gran parte se lo agradecía a Alicia, porque ella era libre de hacer lo que quisiera de su vida y yo era... Libre dentro de esa Mansión desolada.

Cuando abrí la puerta, Alicia entro con Sirius, me paralice pero pocos segundos bastaron para notar a mi supuesta esposa ebria, la cual pedía su cama con pucheros y pequeños saltos, entre risas suaves y palabras arrastradas.

— Pasa, pasa. — Dije tomando a Alicia y llevándola escaleras arriba, dejando a Sirius en el pasillo de la entrada.

Cuando por fin deje a mi esposa en su cama, reí suavemente y la acomode quitándole los tacones.

— ¿Fiesta del Ministro, eh? — Pregunte suavemente con una sonrisa.

— Te traje tu regalo, no seas malo conmigo Isa — Dijo riendo bajo. — Black sigue loco por ti, guapo.

Mi corazón se paralizo, no, era mi mente, no... ¿Mi cuerpo? ¿Qué me pasaba? ¿Por qué?

— Deja de ser un llorón, ve y arregla las cosas con tu hombre, niño bobo. — Dijo ella con una risa estruendosa antes de ponerse boca abajo y dormir plácidamente después de soltar aquella bomba.

Cuando la deje por fin, baje las escaleras y Sirius estaba ahí, traje negro, seguía viéndose igual aunque con un aire más señorial.

— Gracias por traerla, normalmente me llaman sus amigos. — Dije sonriendo suavemente.

— Uh, ella... Insintio. — dijo frontando sus manos, algo nervioso.

— Ah, si, ella... Es así. — Respondí y vi a otro lado, estaba congelado, sin saber si acercarme era lo correcto.

Después de tanto tiempo, uno pensaría que sería fácil, pero ver al primer hombre con el que descubrí mi homosexualidad, que fue mi mejor amigo durante 4 años y nos habíamos besado el último día de clases, para nada era fácil.

— Yo... No quiero ser un idiota de nuevo. — Dijo con seriedad, pero no me permitió preguntar a qué se refería cuando sentí sus labios sobre los míos, fue fugaz, fue solo un segundo pero mi corazón explotó como fuera una estrella en el espacio.

¿Sabían que algunas estrellas ya están muertas cuando su luz llega hasta la tierra? Es encantadoramente dulce pensar que el seguía aquí con ese brillo que creí extinto hace tiempo.

— También te extrañe. — Respondí con una sonrisa y baje la guardia, abrazándolo y hundiendo mi nariz en su pecho, llenando mi sentido de su olor tan familiar.

𝙃𝙖𝙧𝙧𝘺 𝘗𝘰𝙩𝙩𝘦𝘳 : ᵐᵃˡᵉʳᵉᵃᵈᵉʳ•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora