Ainz llega al nuevo mundo sin su gremio ni guardianes. Tendra que sobrevivir con su experiencia de YGGDRASIL
¿Que hará ainz solo en el nuevo mundo? ¿Lo intentara conquistar o intentara regresar a su mundo?
En este fanfic momonga es ma...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—Es así... —susurró melancólico uno de los santificados, reposando su cabeza entre las manos, hundido en la frustración.
¿Qué deberían hacer en estos momentos? Era la misma pregunta que rondaba en las mentes de todos los presentes. Aunque nadie hablara, el silencio de la sala era pesado.
Los jefes tribales ya los habían sentenciado como traidores. Peor aún, habían enviado a la feroz raza Lgar para darles caza. Aquello era más que una simple amenaza: era un acto imperdonable. Nunca, en toda la historia de la ciudad santificada ni en el marco de su religión, se había visto un precedente semejante.
Al frente de los santificados, un guerrero de la orden ousdt se mantenía arrodillado, con el rostro sombrío y la respiración tensa.
Los santificados lo sabían bien: en fuerza y ferocidad ofensiva, los Lgar eran superiores a cualquier guardia de la ciudad. Aunque los guerreros de la Orden eran disciplinados y hábiles, el choque frontal estaba inclinado en desventaja a los defensores.
—¿Por eso convocaron al líder supremo de la Orden a la capital tribal? —habló uno de los santificados, con amarga sospecha—. Para dejar a la ciudad sin protección y así erradicarnos más fácilmente.
El comentario heló la atmósfera. La traición, disfrazada de estrategia, se hacía evidente.
—Si las cosas siguen de esta forma... —añadió otro santificado— estallará una guerra civil dentro del país de los hombres bestia. Muchas tribus aún comparten nuestra fe, nuestra religión, y nos reconocen como símbolos vivos de ella.
—Borrar la ciudad santificada —intervino el tercero, golpeando suavemente el brazo de su asiento—Si nos eliminan, no solo destruyen la fe, sino también cualquier rastro de oposición. El plan es cruel, pero brillante. Digno de la capital tribal.
El guardia arrodillado no pudo contenerse más. Alzó la voz con nerviosismo: —¡Santificados! El tiempo se nos escapa. ¿Cuáles son sus órdenes?
Uno de los santificados, tras un respiro profundo, dictó con solemnidad: —Movilicen inmediatamente a los guardias hacia las reliquias. Que resguarden los ítems sagrados.
—Como ordene, santificado —respondió el guerrero con un leve temblor en la voz.
Otro santificado tomó la palabra: —Que dos guardias de la Orden permanezcan aquí. El resto debe dividirse en grupos y cubrir las entradas de la ciudad. Perderemos potencia de combate, sí... pero debemos resistir hasta activar las reliquias sagradas. Una vez invocadas, los enemigos serán expulsados.
El guardia tragó saliva. La sola mención de las reliquias lo llenaba de temor. ¿Eran realmente necesario activarlas? Pocas o nulas veces se había tenido que recurrir a las reliquias.
El silencio prolongado lo delató. Uno de los santificados lo notó y, con un tono sorprendentemente suave, le preguntó: —¿Qué ocurre? ¿Acaso dudas del plan de formación?