Cada día que pasaba, los ataques a Camelot se hacían más frecuentes, claro que la mayoría no eran ataques grandes como habían sido el Grifo o el Afnac. Izuku hasta pensaba que parecían simples bromas pesadas de adolescentes, pues a veces el trigo amanecía de un vibrante color naranja o las ovejas despertaban con lana verde fosforescente.
Realmente era inofensivo, y el peliverde estaba consciente de ello. Pero era obvio que Endeavor no pensaba lo mismo.
El rey estaba furioso de que varios magos prácticamente se estuvieran burlando en su cara que podían hacer de las suyas y nadie los podía detener. Y lo peor es que cada que aparecían esas "aberraciones", los objetos afectados eran decomisados o destruidos. No importaba si Izuku deshacía discretamente los hechizos después, el rey parecía estar seguro que si consumían algo que fue tocado por la magia, los afectaría de alguna manera.
Y aunque al inicio perder un par de ovejas o unas cuantas manzanas multicolores no afectaban a nadie, conforme pasaban los días, campos enteros de trigo fueron destruidos y varios rebaños fueron sacrificados, así que el malestar de las personas se volvió más palpable.
Katsuki, aunque también estaba preocupado, había aprovechado la situación para mandar a sus "Caballeros de la mesa redonda" a "investigar y seguir a los perpetradores de esos vandalismos". Así uno a uno se fueron sin que nadie sospechara nada de sus verdaderos motivos. Estaba consciente de que en un par de días más, cuando la mitad de ellos regresara y no precisamente con algún culpable de lo que estaba pasando en Camelot, su padre no lo tomaría bien, pero ya se las apañaría.
Por ahora, tenía que pensar qué hacer para mantener el orden antes de que todos empezaran a alzarse en contra de la corona.
Había estado investigando junto al peliverde, pero realmente los vándalos parecían aparecer de la nada y evaporarse en el aire. No dejaban huellas ni hacían ruido. Izuku tenía la teoría que así como Shindo se desvaneció en el aire dentro de una nube morada, seguramente ahora ellos estaban haciendo lo mismo.
Al final habían decidido simplemente tratar de hacer control de daños y revertir todas las anomalías antes de que llegara el amanecer y todos las vieran, cosa que ya les estaba haciendo mella, pues no habían dormido bien en varios días y estaban francamente exhaustos.
— ¡Alteza! — Aoyama, quien era sumamente disciplinado con el código y la etiqueta, entró a la habitación del príncipe sin llamar, lo cual ya era un signo alarmante.
¿Y ahora qué mierda pasa?
Katsuki gruñó y a regañadientes abrió los ojos. No había pasado ni media hora desde que se había entrado a dormir y francamente no tenía humor para nada, pero sabía que debía ser importante.
— ¿Qué? — preguntó con la voz aún ronca, levantándose de entre las sábanas e incorporándose a duras penas.
— ¡Alteza! Ocurrió algo con el reino vecino, su padre lo convoca de inmediato en el salón del trono.
Al escucharlo, el sueño desapareció por completo de su cuerpo. Los problemas con los reinos vecinos nunca significaban nada bueno.
— Iré enseguida — contestó, mientras se levantaba y comenzaba a calzarse sus botas cazadoras.
Aoyama asintió y se retiró, no sin antes hacer una reverencia apresurada.
Katsuki tomó un papel de su escritorio, y con una letra pulcra escribió una pequeña nota para Izuku.
"Te veo en la sala, dejé el libro donde siempre"
Dibujó un círculo debajo y dejó la nota sobre la mesa de noche junto a una pequeña bandeja de panecillos que seguramente le habían traído de desayuno. Sabía que cuando Izuku fuera a buscarlo más tarde lo primero que miraría sería la bandeja de dulces, así que la vería de inmediato.
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Target: Destiny
Fan-FictionIzuku es un joven mago en un reino que prohibe la magia. Pero su corazón de oro y su necesidad de ayudar a los demás pone su secreto en peligro constantemente, sobretodo en una aldea tan pequeña. Por ello viajará lejos de su tierra natal para tratar...
