Sobre las consecuencias que dejo la guerra, donde el enemigo ya no son solo los villanos...
Y donde Katsuki se esfuerza en hundirse en un hoyo que no es suyo.
Y donde Izuku no se da cuenta de nada, enfocado en que ya no quiere ser mas el numero uno...
Inko abrió los ojos, encontrando su techo blanco, el mismo que había visto por años. Tenia la mirada cansada, desinteresada, como a quien le aburre despertar cada mañana. Se quedo ahí unos minutos, su mente se debatía entre levantarse y hacer el desayuno para todas las personas que seguro vigilaban su casa, o quedarse en cama al menos hasta el medio día.
Su cerebro en blanco intento, en verdad intento, no pensar demasiado. Pero gracias al cansancio mental era que su cuerpo cedía por las noches y lograba dormir, solo que...era un martirio. La mujer cerro los ojos y respiro con fuerza, preparándose para sobrellevar un día mas sin saber de su hijo.
Se le estaba dificultando demasiado hasta que unos toques en su puerta la hicieron abrir de par en par sus parpados. Su corazón martilleo con fuerza dentro de sus costillas y rápidamente se le aguaron los ojos, su respiración acelerándose, ese agudo dolor de la esperanza acentuándose aún más, ¿seria...?
Apretó los parpados y contuvo un sollozo. No, no podía permitirse esperanzarse de nuevo, no quería volver a decepcionarse y llorar hasta quedar dormida, pero era inevitable. Yagi se mantenía optimista siempre y le contaba acerca de las investigaciones que los verdaderos héroes y la policía llevaban a cabo, pero le parecían mas suposiciones que hechos. Solo se iba a dormir cada noche con las manos unidas, rezando que Izuku regresara a casa sano y salvo y pudiera seguir con su sueño de ser un héroe.
Por favor, All Might.
Por favor, Tsukauchi.
Por favor, Katsuki...Dynamight.
Los toques resonaron de nuevo, obligándola por fin a olvidar su cama. Con pereza se amarro el cabello y metió sus pies en un par de pantuflas, ato el lazo de su bata y se apresuro en ir a abrirle a, probablemente, Yagi. El la visitaba casi diario, comían juntos, limpiaban y de vez en cuando la animaba a ver alguna serie, pero Inko prefería reproducir sus viejos discos de música mientras se entretenían con algunos juegos de mesa. Yagi la ayudaba mucho a distraerse, la hacía sentir...bien, dentro de lo que cabía.
Cuando abrió a puerta parpadeo confundida, no se esperaba ver a una chica. Ladeo la cabeza con curiosidad y la castaña del otro lado se sonrojo, sonriendo nerviosa.
—H-Hola —balbuceo ella, rascándose el cuero cabelludo apenada.
Inko sonrió suavemente, haciéndole pensar: son como dos gotas de agua.
—Eres la chica que defendió a Izuku aquella vez —dijo la mujer con voz cansada —¿Ura..vity?
—Uraraka Ochaco —se presentó, estirando la mano —Un gusto, soy la...eh...novia de Izuku.
—¿Novia? —entreabrió los labios sorprendida. Vaya —¡Oh!
Uraraka se sonrojo violentamente, tenía una pizca de mezquindad ardiendo, quería que...al menos una persona creyera que eso era cierto.
Porque esa mujer seguramente...seguramente no conocía a Katsuki.
¿Verdad?
¿O porque otro motivo el rubio la mandaría a ella y no vendría el mismo a hablar con la mujer? Sabía que se conocían desde pequeños, que vivían en el mismo barrio, pero a juzgar por como era sus relación el primer año en UA podía llegar a la conclusión de que no eran amigos cercanos, hasta segundo año, ¿cierto?
—P-Pasa —nerviosa se hizo a un lado e intento recordar si Izuku alguna vez la menciono, o Katsuki, o Yagi, pero no podía recordarlo. Se sintió culpable por ello, ¿cuántas cosas seguía sin saber de su hijo?
Cuando Uraraka estuvo dentro Inko la observo con curiosidad. Bajita, castaña y de grandes ojos redondos, tenía una apariencia dulce y no dudaba en que era una buena chica, se veía adorable con esas dos chapetas en sus mejillas. Solo que, bueno, juraba que los gustos de su hijo eran más...rubios.
—No me quedare mucho tiempo —le dijo apenada —Es usted idéntica a su hijo —le dijo asombrada y la mujer sonrió encantada —¿Cómo esta?
—Bien —sonrió con los labios apretados, amable. Sinceramente estaba muy cansada como para fingir estar interesada en la historia de amor detrás —Sobrellevando todo.
Uraraka asintió brevemente. Tomo su bolso y lo abrió rebuscando lo que le había dado Katsuki, su misión. Los ojos de Inko se llenaron entonces de lagrimas y jadeo, observando atentamente la ropa de su hijo.
—Deku está bien —le dijo, conmovida de ver el llanto de Inko al recibir las prendas —Está a salvo en una casa de Endeavor.
—Oh Dios —sollozo, abrazando su playera —Esta vivo.
—Si, los profesiona-
—¿Esta Katsuki con él? —necesito saber, solo así la angustia desaparecería por completo, porque sabía que si estaba con el entonces definitivamente todo estaría bien. No había nadie en quien confiara más en esos días.
Katsuki, quien siempre había estado con su Izuku.
En cambio Uraraka se paralizo. Todo su cuerpo se entumeció e incluso se le durmieron los dedos, de pie frente a la mujer de ojos esperanzadores, que deseaba que mencionara el nombre de Bakugo en toda esa conversación para sentirse segura. Un mohín se formó en sus labios temblorosos, desconcertando a Inko, pero intento recomponerse enseguida.
—Si.
El corazón de Ochaco se trozo otro poco ante el suspiro de alivio de ella. ¿En verdad ni siquiera ahí...?
—Maravilloso —suspiro Inko, agarrándose el pecho —Cielos, son...increíbles noticias, muchas gracias por venir a decirme. Katsuki no me contesta las llamadas.
¿Incluso hablaban por teléfono? Bueno, auch.
—Uraraka...-san —dijo suavemente la mujer, sosteniendo ambas manos de la chica. Le sonrió con simpatía —Gracias por cuidar a mi hijo, ojalá duren muchos años.
Evito decirle que él lo había mandado, quedándose con al menos esa silenciosa victoria.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.