DIECISEIS

156 24 2
                                        

([@ yukarietd] multimedia ⬆️)

Jadeó con fuerza y sus ojos giraron a todos lados con violencia, respirando fuerte por la nariz y sintiéndose a la defensiva. Estaba entre paredes blancas y máquinas y sillones, y el lugar de pronto era tan familiar que su estrés comenzó a bajar considerablemente. Otra vez estaba en el hospital.

Katsuki suspiró pesadamente, mirando al techo con resignación. Bueno, era algo obvio estar en el hospital después de lo que había pasado, ¿cuántos días habrían pasado ya?

Le dolía infiernos la cabeza y algunas partes de su cuerpo punzaban como una jodida erección, pero se sentía... considerablemente sano. Al menos no había tenido una cirugía a corazón abierto en pleno apocalipsis, o no había despertado como un maldito colador.

Los sillones estaban con algunas cosas como maletas o sábanas, sin nadie más que él en esa habitación. Cuando su visión se aclaró y sus oídos superaron ese pitido irritante y asqueroso, pudo prestar atención a un televisor encendido justo enfrente de él. Elevó la ceja al captar la imagen de sí mismo en la pantalla y parpadeó para enfocar bien las palabras, ¿qué diablos decía ahí? Estiró el cuello, ¿decía sentencia?

—¿Katsuki?

Giró el cuello con fuerza hacia la mujer rubia y temblorosa en la puerta, tanto que siseó por el jalón e hizo una mueca. Mierda, un poco más y se mataba.

—Carajo.

—¡Oh Dios mío, Katsuki!

Mitsuki corrió y se le aventó encima, sacándole otro quejido y poniéndolo poco a poco de mal humor; lo que menos necesitaba era tener a la vieja encima.

—Pareces un sapo, ¿por qué tienes los jodidos ojos tan hinchados? —Arrugó la nariz haciendo el cuello hacia atrás, luego sonrió burlona—. ¿Papá por fin te dejó?

—Oh cierto, tu padre —Mitsuki se separó de golpe y Katsuki se encogió en sí mismo, preparándose para el grito—. ¡Masaru, apúrate, anciano! ¡Katsuki despertó! —Sonrió temblorosa y rodeó el rostro de Katsuki entre sus manos, sollozando al verlo bien—. Mocoso, no sabes en cuántos problemas estás —soltó una risa llorosa que lo confundió aún más—. Lo siento tanto.

—¿De qué hablas?

—¡Oh, Katsuki! —Su padre entonces entró corriendo, repitiendo el proceso de los abrazos y el llanto y todo eso que hacía que el tic en la ceja de Katsuki se hiciera demasiado constante poco a poco—. Tu doctora está en camino, pronto saldrás de aquí —asintió repetitivamente Masaru; se veía tan nervioso que empezaba a contagiarlo—. Escúchame, hijo, necesito que seas fuerte y me obedezcas, ¿entiendes? Quiero que te abalances sobre esa ventana en cuanto te sientas lo suficientemente fuerte y corras al auto; estaremos estacionados afuera y...

—¿De qué carajos hablas? —Katsuki arrugó la nariz—. ¿Por qué haría eso? No estoy loco —sonrió confundido.

—Escucha a tu padre —instó Mitsuki—. Después de que te chequee la enfermera vendrán los policías...

—¿Qué? Ey...

—...así que tienes que salir de aquí antes de que eso pase. Nosotros...

—Ey.

—...tenemos que irnos ya para esperarte enfrente del hospital, no deb...

—Ey, ey, ey, ¡vieja bruja! —gritó, sosteniéndola de ambos brazos cuando estaba a punto de alejarse. Ella saltó sobre su sitio—. ¿Qué pasó? ¿Dónde está Izuku?

—No hay tiempo de explicaciones, Katsuki —Masaru tomó su mano y lo miró con ojos temblorosos—. Te lo diremos todo en el camino, tenemos que irnos.

El numero unoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora