JAMES
El sonido de la flecha al ser disparada, resonó en mis oídos incluso segundos después de ser soltada. Dirigí una rápida mirada en dirección a Elena —quien aún sostenía con fuerza el arco entre sus manos— antes de regresar mi atención al encapuchado. Con precisión mortal, Elena logró darle a su hombro izquierdo. Normalmente, después de recibir un golpe de esa magnitud, las personas detendrían su caballo, bajarían de él e intentarían revisar el daño, lamentablemente, nuestro encapuchado no era una de aquellas personas.
Sin detenerse siquiera, el sospechoso continuó su camino. Lo único que indicó que la flecha dio en el blanco, fue el grito de dolor en cuanto ésta impacto contra su cuerpo, así como la mano que llevó a la herida en su hombro. Pese a todo, continué siguiéndolo a través del pueblo hasta que finalmente se interno en el bosque, donde debido a la oscuridad y múltiple maleza me resultó difícil seguirle el rastro. Era una parte el bosque que no conocía, si seguía por este camino, probablemente me perdería.
Detuve mi caballo y dejé que el encapuchado huyera, sostuve con fuerza las riendas hasta que mis nudillos se volvieron blancos. No era posible, deje que aquel sospechoso huyera. Escuché el trote de otro caballo acercándose velozmente, no necesitaba voltear para saber de quién se trataba. Elena se detuvo justo a mi lado, observando en la dirección por la que el sujeto escapó.
—No podías hacer nada —murmuró.
—Debí continuar tras él —respondí.
— ¿Y arriesgarte a perderte? No sabes si se encontraba solo, podrías terminar directo en una emboscada —la ira era notoria en su voz, pero también lo era el miedo. La observé de reojo.
—No deberías preocuparte por mí. ¿Por qué me seguiste? Era peligroso.
Elena bufó y rodó sus ojos.
—Si pensabas que te abandonaría... estas muy equivocado, James —clavó su mirada en mí, un desafío colgando entre ambos.
—Si algo te hubiera sucedido... —susurré, sosteniendo su mirada.
—Nada pasó, ya no tengo once años, puedo cuidarme sola —el tono de autoridad que usó dejo en claro aquella afirmación.
—Lo sé, aún así... no puedo evitar preocuparme por ti.
Sonrió, me desconcertó aquel hecho, no había motivo alguno por el que ella reaccionara de aquella manera ¿o acaso la había? en vez de responder, Elena negó con su cabeza, aún con su sonrisa plantada en el rostro. Jaló las riendas de Max y con un sutil gesto de mano, me indicó que la siguiera. Observé una última vez el lugar por el que el encapuchado huyó, antes de seguir a Elena de regreso por el bosque.
***********
Presentando el informe sobre mi persecución de la noche anterior al rey, sentía su desaprobación. No era necesario que dijera nada, la mirada glacial con la que me veía fijamente mientras hablaba era más que suficiente. Su mirada era idéntica a la de Elena cuando solía enojarse, en ocasiones, tanto ella como su padre pueden ser muy parecidos. Elena. Mientras hablaba, omití la parte donde ella disparó al encapuchado, no era necesario que el rey —su padre— se preocupara por eso.
— ¿Eso es todo, capitán? —dijo el rey con voz monótona.
—Sí, su alteza —guardé silencio después de aquello.
— ¿Recuerda el camino por el que huyó el sospechoso? —asentí con la cabeza —. En ese caso, le recomiendo que investigue aquel lugar. Realice una expedición con sus hombres, tal vez encuentre algo útil.
—Lo que ordene —me incliné en una reverencia antes de dar media vuelta y caminar directo a la salida.
—Capitán —llamó el rey, me detuve —. Asegúrese de regresar con información suficiente.
Sin decir nada, proseguí mi camino. Sabía que ahora, no sólo el pueblo cuestionaba mi liderazgo, sino también el rey. Tenía que buscar una manera de lograr recuperar la confianza que un día él depositó en mí. No fallaría, no esta vez.
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Después de presentarle mi informe al rey, fui donde los guardias y convoque una reunión con ellos. Debía hablar y explicarles la situación, esta mañana los rumores del pueblo llegaron hasta el palacio, y múltiples soldados se acercaban a mí para confirmar lo sucedido, lo único que hacía era decirles que hablaría con ellos más tarde.
—Aquí estamos, señor. Díganos, que debemos hacer —dijo uno de los soldados en cuanto tomaron sus respectivos asientos dentro de la sala de comando.
—El rey quiere que realicemos una expedición en busca del sospechoso de la noche anterior —expliqué—. Necesitaremos planear una estrategia para el viaje.
—Muy bien, ¿tiene alguna idea, señor?
Dicho esto, expuse mis ideas ante mis hombres, al igual que en las reuniones anteriores les pedí sugerencias y opiniones respecto al plan. En ocasiones, ellos lograban descubrir fallas en los planes y no dudaban en señalarlo. Eran bastante observadores. La reunión duró poco más de dos hora, exponiendo planes, buscando fallas y trazando rutas, terminamos después de asegurarnos que ningún detalle pasaba por alto.
—Bien, es todo, pueden retirarse —indiqué.
—Si, señor —respondieron al unísono.
Al salir de la sala de reuniones, encontré a Elena recargada en la pared del pasillo con los brazos cruzados. Siempre me ha sorprendido el hecho de que sabe donde hallarme, a veces, llegaba a pensar que tiene una especie de don o intuición, la cual le ayudaba a encontrarme.
— ¿Problemas? —preguntó a modo de saludo.
—También me alegra verte —sonreí —. No, no hay ningún problema.
—Hace un momento vi a mi padre... no parecía feliz —suspiré.
—No lo está —Elena me observó fijamente, sabía que ocultaba algo —. Quiere que realicemos una expedición para buscar al sospechoso —confesé, la expresión hasta ahora tranquila de Elena cambió repentinamente .
— ¿Él quiere qué? —exclamó con molestia.
—No es nada de qué preocuparse, he ido en expediciones más peligrosas —comenté con tranquilidad.
— ¿Irás? ¿Iras tras él?
—No tengo opción —Elena me observó con frustración.
—Bien.
Y pese a ser ordenes directas del rey, no puede evitar desear que él no ordenara absolutamente nada.
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Me aseguraba que la silla de montar de mi caballo estuviera bien sujeta antes de montar, los soldados elegidos para acompañarme al viaje hacían lo mismo.
—Pensabas irte sin despedirte —murmuró una voz a mi espalda. Giré, para encontrarme cara a cara con Emma.
—Creí que sería más fácil —dije sin mirarla.
—No para mí —continué revisando la montura hasta que sentí la mano de Emma posarse en mi hombro —. James —gire nuevamente a verla —. Ten cuidado, por favor.
No supe cómo sucedió, lo único que recuerdo es sentir los labios de Emma sobre los míos. Rodeó mi cuello con sus brazos para acercarse más. No sabía cómo actuar en este momento. Mi cuerpo actuó instintivamente, rodee la cintura de Emma y la acerqué a mí. Cerré los ojos y me perdí en el beso.
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La Heredera al Trono
Historische RomaneElena Gyllenhaal es una chica común... o eso quiere creer ella, Elena es la futura heredera al trono de Azelleb, por lo que su padre -el rey- decide casarla lo antes posible con algún príncipe. Sin embargo, lo único que ella quiere es tener un poco...
