Capítulo 5

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— Bird, te ha salido un grano en la barbilla.

— Hola Alex. Yo estoy bien, gracias ¿y tú? Estos cinco días sin vernos también han sido un sin vivir para mi también —le solté.

Mi mejor amigo rió y me abrazó. Todavía tenía la nariz algo colorada.

— Extrañaba tu sarcasmo.

— Extrañaba tu dinero llevo días sin comprar regalices en el comedor del instituto —Alex se rió y se separó de mí. Me pasó un brazo por los hombros y cruzamos la verja automática del instituto—. No, es en serio.

Ambos reímos.

— Y por cierto —hablé a la vez que ingresábamos en el instituto—, mi grano se llama Jimmy.

Entramos al interior de la edificación, y fuimos saludando a todas aquellas personas a las que nos encontrábamos. En este instituto no había quarterbacks engreídos que se empeñaban en acostarse con todas las chicas con buena delantera y trasera, no había animadoras perras a las que les encantara joderle la vida a alguien, no había profesores jóvenes ni guapos —el profesor más joven y guapo que había allí, tenía cuarenta y siete años, con eso lo digo todo— y tampoco había una gran distinción entre los grupos sociales.

Los más listos les daban tutorías a los de fútbol americano, los de fútbol americano les enseñaban a los más listos a defenderse, las animadoras les enseñaban al resto de chicas cómo sacarse partido a sí mismas, las chicas más introvertidas les recomendaban a las animadoras libros que estas leían y mayoritariamente les gustaban, y así hasta formar una gran círculo de favores en el que todos estábamos incluidos.

— Apártate rarito.

Oh... menos ella.

Megan, siempre siendo la excepción a la regla.

A pesar de formar parte del equipo de atletismo, Megan no era muy popular que digamos, se pasaba ella sola los descansos, y cuando estaba acompañada era de algún tío, o algunos... depende del día. Ademas, todo el mundo sabía cuál era su trabajo.

Rodé los ojos al ver la corta y llamativa falda naranja que Megan llevaba hoy puesta, a Alex se le escapó una risita al ver como Ernest -uno de los más listos- se bajaba las gafas para apreciar mejor el trasero de Megan. Su largo pelo gris, en contraste con ese naranja, era lo que más destacaba.

— Hola Birdy —canturreó al pasar a mi lado.

— Hola plástico andante.

La gente que escuchó soltó unas risitas. Extrañamente, en vez de ofenderse o contestarme, Megan me sonrió y pasó de largo. Fruncí el ceño.

« ¿Qué bicho le ha picado a esta? »

Bueno, la suerte es que faltaba muchísimo a clase.

(...)

Las clases pasaron lentas, aburridas y otra vez lentas, lo peor, aún era miércoles. Lo que era aún peor, que era biología y era última hora.

Aburrida, empecé a repasar a todos mis compañeros de aula. Después de unos minutos, reparé en una chica que estaba un puesto por delante de mí y en diagonal a mi posición.

La verdad, era muy guapa. Tenía el pelo castaño alborotado y bastante rizo. Desde mi posición sólo le veía un perfil de la cara. En ese lado, se le veían unas graciosas pequitas en la nariz, unos labios carnosos pintados de un rojo intenso y unas largas pestañas. De repente, esta se giró y me miró. Y wow... si ella era guapa sus ojos lo eran mucho más. De un color verde hierba intenso, que se acentuaba mucho más por el moreno de su piel. La chica frunció el ceño y se volvió a a girar, esta vez tapándose la cara con el pelo.

Tinta PeligrosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora