Apreté la mano de mi madre.
Tenía mal aspecto, mucho más que de costumbre. Su piel se encontraba mucho más pálida de lo normal, las ojeras bajo sus ojos eran mucho más marcadas y violáceas, a las puntas de sus dedos y a sus nudillos se les notaban muchísimo más las rojeces... mi madre se moría. Y por primera vez era capaz de admitirlo.
Dejé caer mi cabeza sobre mi mano libre a la vez que apoyé mi codo en el borde de la camilla, y por un momento, por un mísero momento, me permití creer que todo iba a salir bien. Que Susan estaría a mi lado en menos de dos días, que sería un simple susto como las otras veces y que volveríamos a nuestra vida en menos de dos meses.
Y durante un momento creí que la realidad era sólo una pesadilla, hasta que me sacaron de mi ensoñación.
— Bird...
Me di la vuelta y les sonreí, aunque mi intento de sonrisa se quedó en mueca un tanto siniestra.
— Hola —susurré.
— Lo siento tanto...
Me levanté para corresponder el abrazo de Claudia y después el de Alex. Seguía llevando la misma ropa que ayer, y aseguraba —por la pena en la que sus ojos me miraban— que estaba hecha un desastre.
— Tranquilos... no es vuestra culpa—, es culpa de la maldita genética.
Tomaron la segunda de las tres butacas y la colocaron al lado de la que yo estaba utilizando.
Claudia y yo nos sentamos en las butacas, y Alex salió para decirle a su madre en que habitación estábamos.
— Alessia, tranquila ¿vale? Todo va a salir...
— Se va a morir —susurré con la voz rota.
— No, cariño... — Claudia tomó mi cabeza entre sus manos y la llevó a su regazo.
— Va a morirse, Claudia. Y no voy a poder hacer nada —apreté su falda azul entre mis dedos mientras sentía que mis ojos se llenaban de lágrimas, no había llorado hasta ahora—. No voy a poder evitar que sufra, no voy a poder evitar que llore, no voy a poder evitar que recuerde a Max cuando se muera, no voy a poder mitigar su dolor, solo puedo aumentarlo... —sollocé.
— Max... ¿era tu padre?
Asentí.
— Lo siento tanto, Bird...
Y fue en ese preciso momento, en el que lo asimilé todo. Fue cuando asimilé que mi madre estaba en fase terminal, que iba a perderla a ella también, que me quedaría totalmente sola... y fue entonces, cuando, con todo el peso de la realidad sobre mis hombros, comencé a llorar desconsoladamente.
Claudia me proporcionaba leves caricias en la espalda e intentaba hacerme creer que todo iba a salir bien, cuando ambas sabíamos que eso no ocurriría, mi madre no mejoraría. Escondí la cara e intenté controlarme, pero cuando más lo intentaba más me descontrolaba. Todos los momentos vividos con ella y con mi padre venían a mi cabeza como si se tratasen de relámpagos, aumentando mis llantos. Todas las noches que me acababa durmiendo en la cama de mis padres por tener pesadillas, las tardes que jugaba con Max y mis muñecas, las veces que limpiábamos un desastre en la cocina después de que Max y yo intentásemos cocinarle algo a Susan, el día que mi padre se fue, el día que supimos que estaba muerto, el día que Susan me dijo que tenía cáncer... Todo se estaba yendo, todo se estaba muriendo con ella. Me estaban quitando todo, aquello me estaba quitando la vida... y no quedaría absolutamente nada de mí después de que todo acabará. Si es que algún día lo hacía.
No me percaté de cuando entraron Alex y su madre, porque Claudia comenzó a acariciar mi cabeza suavemente, y me quedé dormida mientras lloraba.
La verdad lo necesitaba, pero no porque llevase sin dormir más de un día, sino porque necesitaba escapar de la realidad.
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Tinta Peligrosa
Ficção AdolescenteFue como caerse en un precipicio sin fin. Una vez se halló allí metida, tan sólo rodeada de oscuridad, no se vio capaz de salir. Ella consideraba tener una vida normal antes de conocerle, una vida complicada, pero normal al fin y al cabo. Después ca...
