#5: Tormenta emocional

900 80 15
                                        

********Dos meses tras la llegada de Aladdin, Alibaba, Morgiana y Sphintus a Sindria********

- Calma, Tao, sólo es un trueno- froté la cabeza del felino intentando calmarlo mientras con la otra mano mantenía una esmeralda a punto de acabar de pulir.

- Hoy deberías irte antes, querida- aconsejó Ranja mirando por la ventana-. Parece que se acerca una tormenta y no creo que sea muy seguro que regreses a palacio bajo la lluvia. Podría caerte un rayo encima.

- No exagere, hombre- reí soplando sobre la joya y admirando su perfecta forma de rectángulo-. He acabado de todas formas. 

- Bien, no hay nada más por hoy- sonrió tomando la esmeralda con cuidado y poniéndome una mano en el hombro-. Si mañana sigue lloviendo no vengas, me las apañaré solo.

- ¿Está seguro?- me puse en pie, con una mano sobre el cuello de Tao para tranquilizarlo. Otro trueno había retumbado, esta vez más fuerte que el anterior. 

- Completamente. No quiero que te enfermes. 

- Bueno... De acuerdo- acepté hundiéndome de hombros-. Hasta que se acabe la tormenta entonces, Ranja-San.

- Adiós, hija.

- "Por favor, volvamos rápido"- rogó Tao ya en la calle y subiendo a palacio.

- No pasa nada, es sólo una tormenta del Sur- insistí.

"¡Ayuda!"

Me detuve en seco al oír aquel grito. Tao se quedó mirándome extrañado.

- ¿No has oído eso?- me alteré, mirando en derredor en busca del origen de esa voz suplicante.

- "¿El qué?"

"¡Por favor, alguien! ¡Ayúdenme!"

- ¡Eso!- grité, empezando a ponerme nerviosa.

Entonces, lo vi. Más bien, la vi. Una mota de Rukh flotando impaciente, de ahí provenía la voz. Se pegaba a todas las personas que le salían al paso gritando, pero nadie podía escucharla. 

- Eh- llamé con suavidad, estirando una mano-. Yo puedo oírte.

La mota voló con asombrosa velocidad hasta plantarse sobre la palma de mi mano. Con una extraña sensación de succión, pareció sujetarme de la piel para empezar a tirar de mí, por lo que comencé a seguirla hasta llegar a la puerta de una casa. 

Tragando saliva, empujé con fuerza contra la puerta de madera hasta que conseguí romper la manija, tapándome de inmediato la boca del espanto: en medio de una única habitación, había una manta en la que reposaba un pequeño bebé... y a su lado, con una mano extendida tratando de llegar hasta él, el cuerpo de una mujer. Al otro lado del que supuse era su hijo, la mota de Rukh que me había guiado hasta allí se juntó con las otras, formando así la apariencia en vida de la madre fallecida. Con una dolorosa expresión de tristeza, me miró suplicante.

- Por favor, llévate a mi pequeño Abel. Yo ya no puedo seguir cuidándolo.

- Pero...- me acerqué despacio hasta el cuerpo vacío y toqué su mano. Estaba helada, debía de haber muerto hacía no muchas horas-. ¿Qué le ocurrió?

- No lo sé. Supe que algo iba mal en el instante en que me palpitó el corazón con demasiada fuerza. Caí, y mientras me sentía morir intenté llegar hasta mi hijo, pero no pude. Estuve en esta forma hasta que se durmió, y entonces salí en busca de ayuda. Menos mal que estabas cerca.

- ¿Y su marido?- pregunté tras comprobar que, tal como ella había dicho, había sido un ataque al corazón. 

- De viaje de negocios en Kou. Regresará en una semana, junto a la princesa Ren Kougyoku y el príncipe Ren Kouha. No tiene nada que ver con ellos, pero estaba muy emocionado por tener el honor de volver a casa en el mismo barco que dos príncipes... Según me contó, vienen a tratar asuntos comerciales que beneficien a Kou y Sindria a la vez.

Gemas amatistasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora