Capítulo Dieciseis

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CHRISTIAN

Desperté por un ligero movimiento en mi pecho. Abrí los ojos encontrándome con Vera acomodándose mejor sobre mí. Sonreí al instante, mi pequeña y yo estábamos juntos de nuevo. Recordé la noche anterior y no pude evitar estremecerme. Nunca pensé que Vera y yo volveríamos a estar juntos, pero sucedió y ya nada iba a poder separarnos. Éramos ella y yo contra el mundo.

Mis pensamientos fueron interrumpidos por la entrada de una enfermera quien me sonrió ligeramente.

—Hola, lamento interrumpir esta hermosa escena, pero Vera va a ser sometida a unos exámenes antes de que le demos de alta. Si pudieras despertarla y ayudarla a ir al baño antes de que el doctor venga, estaría agradecida —observé a mi novia quien dormía plácidamente.

—Claro, yo lo haré —respondí acariciando su cabello.

Ella asintió y sonrió por última vez. Luego de que la enfermera se fuera, comencé a besar los deliciosos labios de mi mujer. Sentí que estaba dentro de un sueño. Su belleza era tanta que dolía, pero estaba dispuesto a morir por tan solo estar cerca de ella, de su aura, de su carisma.

—Despierta —la besé suavemente—, preciosa, despierta.

La llené de besos suavemente hasta que la escuché soltar una risita. Embelesado, la miré directamente a los ojos y sonreí. Su mirada de niña enamorada no cambió y eso solo logró volverme loco, porque me dio a entender en ese mismo momento que nunca dejó de quererme. Vera Williams nunca dejó de amarme incluso después de todo lo que sucedió.

—Ya desperté —respondió devolviéndome el beso.

Hipnotizado, la miré por unos segundos más antes de romper el hechizo que lanzó sobre mí. ¿Cómo pude vivir sin esta mujer durante tanto tiempo? Ella siempre fue todo lo que quise y soñé.

—¿Cómo dormiste? —pregunté entrelazando nuestras manos.

—Muy bien —sonrió—. ¿Qué hay de ti?

—Ahora que dormí a tu lado, perfecto —contesté animado.

Y no mentía. Desde que ella se había ido de mi lado tenía pesadillas todos los días sobre su partida, ahora que hemos dormido juntos no las he tenido. Es como si Vera siempre fuese mi bálsamo para la tranquilidad y la paz que nunca antes tuve.

—Eres un cursi —rodó los ojos y me besó.

—Y tú una mujer que necesita urgentemente estar lista para tus últimos exámenes antes de salir de aquí —me levanté con agilidad—, así que arriba.

—¿Dices que saldré hoy? —preguntó alegre.

—Digo que saldrás hoy —respondí con una sonrisa.

—¡Entonces ayúdame a levantarme, Harris!

Solté una carcajada antes de ayudarle. Realmente me sentía completo ahora que estábamos juntos. Sin embargo, muy dentro de mí sentía una punzada de que algo no estaba del todo bien, pero no estaba seguro de qué.

Luego de que le practicaran los últimos exámenes a Vera, encontraron todo correcto, así que le dieron de alta. La subí a mi auto y decidimos ir a su casa por unos documentos sobre la demanda. Insistí en que descansara, pero supe al instante que no quería que la detuviera, por lo que me callé. Respecto a mi madre, no sabía que demonios pensar o hacer, pues a pesar de todo no quería que terminara en la calle, sin embargo, lo que hizo no tenía nombre.

—¿En qué piensas? —la mano de Vera se entrelazó con la mía.

—En mamá —respondí con honestidad— ¿Cómo descubriste que robó la propiedad de tus padres?

Vera se tensó al instante, y ahí supe que había metido la pata.

—No me crees, ¿cierto? —fijó su vista en la carretera.

—No es que no te crea, joder es solo que...

—Escúchame bien, Christian, si vas a dudar de mí te pido que te alejes —habló sin atisbos de duda en su voz—. No estoy dispuesta a sufrir lo mismo contigo solo por tu desconfianza. Además, nunca te necesité, siempre me las apañé sola.

De repente, su mano viajó al freno de mano y saltó del auto.

—¿¡Pero que rayos!? —bajé preocupado—. ¡Vera, joder! ¿Estás loca?

—¡Todo lo contrario Christian, estoy perfecta! —gritó— ¡Por si no lo sabes, el único demente aquí eres tú que no sabe decidir!

Continuó caminando hasta que mi agarre la detuvo.

—Confío en ti, Vera —susurré contra su boca—, confío en ti.

—No lo parecía —me miró.

—Solo me siento abrumado —suspiré—. Es mucha información para procesar.

Luego de un rato en silencio, ella finalmente habló—. No me lastimes.

Después de nuestra pequeña discusión, nos encontrábamos en su casa, Vera sostenía un libro en sus manos y me observaba, probablemente luchando contra su propia mente. Finalmente, decidió hablar y extenderme el libro.

—Lo que tengo aquí, es la respuesta a tu pregunta —comentó—, y no es para volverte en contra de tu madre, sino para que entiendas el porqué de sus actos hacia mí.

Me limité a asentir.

"24 de Agosto de 1996"

Quiero decir que las cosas han mejorado, pero sería mentir. No solo Elliot ha empeorado, Vera enfermó terriblemente y no ha habido recuperación desde hace dos semanas. Me preocupa porque, Lisa está en un estado neutro y estoy sola. Realmente estoy asustada, si Elliot muere, Lisa morirá con él y Vera...

Vera lo perderá todo.

Respecto a los Harris, nos han hundido cada vez más. La señora malvada volvió a todos los abogados en contra de mi hermano, lo que quiere decir que no tenemos defensor. ¿La peor noticia de todas?, debemos irnos de casa ya que la misma mujer ha decidido echarnos sin derecho a nada.
No quisiera decir esto, pero estoy perdiendo las esperanzas sobre que Vera tenga un buen hogar..."

Justo cuando terminé de leer una de las páginas del diario volteé la mirada para encontrar a mi chica limpiando sus lágrimas.

Joder...

¿Qué habíamos hecho con Vera?

Rompiendo PromesasHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora