7. La verdad parece una mentira

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Alexa

Tenía que tener una buena razón para haber cortado conmigo. Sin embargo, no podía perdonarle la forma en como lo había hecho. Odiaba a las personas que abandonan a los que dicen que aman. Por mucho que me doliera debería dejar salir a la chica de la fachada dura y distante a la que le da igual el mundo. No podía dejar que él me viera de una forma frágil.

No más chica frágil.

—Primero que nada debes saber que no debes de fiarte de Kiefer

Esas fueron las primeras palabras de Aitor para explicarme el verdadero motivo. No entendí. ¿Qué tiene que ver Kiefer en lo que él haya hecho? Esto me olía a excusa. Rodé los ojos y me separé completamente de él hasta ponerme en pie.

—No quiero excusas, Aitor —dije cruzándome de brazos lanzándole una mirada desafiante—. Quiero la verdad —exigí.

—Aunque no lo creas, la verdad empieza por ese sujeto —explicó devolviéndome la mirada.

Fruncí el ceño confusa.

—Cuando corté contigo, no lo hice para irme con otra chica o porque quería dejarte. Lo hice por tu bien.

No lo pude evitar, solté una carcajada. Él me miraba de manera seria mientras me veía reír.

—Ah, ¿lo dices en serio? —pregunté incrédula—. Es la peor excusa que me han dicho.

Ya era hora de irme a mi nueva casa, o mejor dicho a mi nueva habitación junto con mi nueva compañera. Busqué con la mirada mi guitarra por si Aitor la había traído después de lo que me ocurrió en el escenario. Recordar aquello me daba escalofríos.

—No trajiste mi guitarra

—Lo siento, pero estaba más preocupado por ti —dijo encogiéndose de hombros. Luego se puso de pie—. ¿Qué fue lo que te ocurrió? —preguntó con interés.
Lo fulminé con la mirada.

—No voy a contarte nada hasta que me digas la verdad —repliqué molesta—. Será mejor que me digas de una vez antes que suceda algo y no puedas decirme.
Ya fue suficiente cuando Kiefer intentaba hablar conmigo y fuimos interrumpidos.

—¿Qué? —preguntó confuso.

Rodé lo ojos y gesticulé con las manos un poco.

—Es lo que sucede en los libros hasta incluso en las películas.

Él esbozó una media sonrisa curvada.

—Kiefer está jugando con los demonios —soltó sin más—. Y tú fuiste su primera víctima. Alexa, te deje porque si no lo hacia él iba a seguir experimentando contigo. Esa fue la condición que puso.

Sus palabras fueron abrumadoras. Difíciles de creer, pero a la vez había una brecha de querer creerle porque lo que me había pasado testificaba de que puede que él esté diciendo la verdad. ¿Será que todo esto es un sueño? Él se acercó hasta mí pero lo detuve, porque sus últimas palabras dieron vuelta a mi cabeza hasta marearme. ¿La condición de que dejará de experimentar conmigo era que Aitor me dejará? ¿Qué clase de excusa era esa? No lo entendía, y ¿por qué Kiefer quería jugar con los demonios poniéndome de conejillo de indias?

—No te me acerques. No sé si ambos están mal o esto es una terrible pesadilla. No puede ser real —dije sin aliento. No sé cómo llegué a este estado. Sentía como me costaba respirar y no era la primera vez que me pasaba. Me ahogaba. Apoyé mis manos encima de la mesita de noche intentando recuperar el aliento y calmarme. Otra vez él quería acercarse a mí pero lo detuve con un movimiento de una de mis manos para que no se acercara más.

La Voz De Un ÁngelDonde viven las historias. Descúbrelo ahora