Estaba en la habitación de Kiefer arreglándome para irme. No podía creer lo que había hecho, el dolor y la impotencia que había tenido me habían arrojado al lado de Kiefer y sin mencionar que estaba ligada a él. El sentimiento de buscarlo se hizo más profundo por la muerte de mi amiga Samantha en el cual nos besamos y luego nos fundimos en uno. Todavía no podía creer que ya no estaba con nosotros. Había discutido con Aitor culpándolo por haberse metido en medio cuando pensaba que podía destruir aquel demonio. No podía dejar de pensar en que si él no me hubiera frenado Samantha estuviera viva. Tenía que ir al funeral y no quería pasar por la casa de Aitor para buscar ropa, por lo que Kiefer fue a comprarme algunas cosas.
Los padres de Samantha habían venido a su funeral como se esperaba, aunque por un momento había pensado que no iban a venir, ya que no habían estado en ningún momento cuando mi amiga lo necesitaba. Pude ver a Aitor que estaba consolado a Rocío, la cual estaba destrozada, sumergida en un dolor del cual prácticamente entendía porque Samantha era para mí como la hermana que nunca tuve. La pelirroja no paraba de llorar a su hermana, pero mis lágrimas se habían convertido en un mar de venganza. Quería acabar con lo que nos asechaban porque no quería ver morir a alguien más. El pueblo tenía que estar libre de esta maldición generacional.
—Has venido —dijo el castaño acercándose a mí tras haberme visto llegar, dejando a Rocío llorando cerca de sus conocidos—. ¿Dónde has estado? Estaba preocupado por ti, no me cogías el teléfono, temía que te hubiera ocurrido algo malo.
No sentía deseos de hablar, solo quería saciar el deseo de venganza que emanaba en mi interior. Vi a Kiefer entrar con su padre, se nos quedó mirando, pero clavé mis ojos negros en los de Aitor. No quería lastimarlo, así que no le iba a decir con quien había estado. Le había hecho prometer a Kiefer que lo que había sucedido entre nosotros se quedaba entre los dos.
—Aitor ahora no. Estoy bien, solo quería pensar en lo ocurrido y asimilar el hecho de que mi amiga ya no esté.
Sin esperar respuesta fui hasta los padres de mi amiga muerta.
—Deberían estar ustedes dos en ese ataúd y no Samantha. Ustedes y todos los que han estado jugando en realizar un pacto con los demonios no tuvieron la decencia de informarnos y ahora estamos pagando las consecuencias de sus actos, prefirieron tener una vida alejada del pueblo dejando a sus hijos en una especie de cárcel.
Había llamado la atención de muchos de los presentes quienes empezaban a murmurar, pero no me dieron respuesta, tan solo la madre de Samantha se había puesto a llorar mientras que su esposo la consolaba.
—Quiero que te vayas —pidió Rocío enfurecida. Yo rodé los ojos, me aparté de ella sin decir nada por respeto a Samantha. Fui hasta el ataúd para despedirme de mi amiga y prometiendo que iba a acabar con todo esto, que a pesar de que no me caía bien su hermana, iba a intentar protegerla. Lo iba a ser por la amistad que habíamos tenido.
Cuando salí, Kiefer fue detrás de mí.
—¿A dónde vas?
—No te importa —bramé sin detener mis pasos hasta que él me tomó del brazo—. Te pedí que no te aprovecharás de mi situación.
Él me soltó y suspiro desarreglándose el cabello.
—Pensé que iba a poder rechazarte, pero no pude —confesó acercándose más a mí.
Su cercanía era una gran debilidad. No podía soportar el hecho de estar ligada a él e ir a buscar consolación en sus brazos, en sus caricias y besos. No podía dejar que lo que me estuviera sucediendo tomara el control, no sin antes haber acabado con esta situación. Así que con mucha dificultad me aparte de él.
—No te me acerques, si me quieres como dices no lo hagas —le advertí.
No dijo nada, sobre todo porque Valeria se acercó a él diciendo que lo andaba buscando, así que sin decir nada más me fui. Odiaba esta situación.
Al día siguiente acordamos todos volver a reunirnos y hablar del tema para poder buscar juntos una solución. Estaba negada a ello, pero Aitor me había convencido. Cuando había llegado estaban ya todos hablando sobre el tema. Aitor sonrió al verme y me hizo un gesto para sentarme junto a él. Kiefer no paraba de observarme. Si seguía en ese plan no tardarían en sospechar lo que pasó entre ambos o era el remordimiento que me comía por dentro.
—Ha sido mi culpa que mi hermana ya no esté.
—No digas eso, el que tiene la culpa aquí soy yo porque no fui lo suficiente insistente para que me escuchara, había venido a protegerla.
—Calla Liam, no entiendes —susurró con tristeza—. Iván —negó al decir su nombre —. Aquel demonio que se hizo pasar por él nos convenció de sacarte de en medio –su voz se rasgó y apenas pudo continuar. Esperamos callados a ver si se recomponía y así lo hizo. Se limpió una lágrima que asomaba por su rostro para seguir—. No sé lo que tenías, pero ante tu presencia Iván —maldijo al volver a equivocarse—. El demonio no podía estar presente cuando tú estabas con mi hermana, así que nos propuso sacarte del medio, mi hermana se había negado pero yo por cabezota y de poder olvidar a alguien...
Me removí desde mi asiento cuando miró a Aitor, el cual se encogió de hombros. Todos sabíamos que hablaba de Aitor.
—Acepté, porque pensé que se trataba de mi cuñado, de que querías evitar que volviera de entre los muertos —se quedó callada por unos segundos—. Sé que es imposible que alguien vuelva entre los muertos, pero con todo lo que pasaba pensamos en que podía ser posible y cuando —se fue en llanto y Aitor se levantó a consolarla en un abrazo.
Me quedé observándolo sintiéndome incómoda porque aunque estuviera ligada a estar con Kiefer, ver a Aitor, a mi novio abrazando a Rocío me partía el corazón. Apreté los puños porque no tenía el derecho de recriminarle nada cuando la noche de la muerte de mi amiga fui a acostarme con otro hombre, con aquel que odiaba y creía que lo ponía por encima de él.
—Tranquila, Rocío. No tienes por qué seguir —dijo Aitor consolándola, pero se apartó del abrazo para mirarlo.
—No, no podemos estar con secretos porque eso fue lo que mató a mi hermana. Por no confiar en ustedes ahora ella ya no está —su voz se escuchaba rota y ahogada. Se notaba el dolor que corría por sus ser—. Cuando el demonio pidió que me acercará a ti —Miró a Liam—. Con la única misión de poder acostarme contigo y de esa forma no desaparecer cuando estabas presente y por lo que creo que liberó la forma de hacerle daño a mi hermana porque mientras estaba al parecer no podía hacerle daño. Tú eras su guardián, su ángel.
Liam se levantó enojado de su asiento.
—Pero que tonto fui —dijo una y otra vez.
—Lo siento —confesó dolida, destrozada y en llanto.
Nos quedamos en silencio viendo la situación y analizando lo que acababa de decir la pelirroja, ya que la sorpresa como la pena por Liam al haber sido utilizado después de que había intentado ayudarnos.
—Esto acabará muy pronto, casi mataba aquel estúpido demonio, si no fuera por —me callé para no tirar más leña al fuego.
—No ibas a matarlo —bramó Liam aún enojado—. Los demonios son seres inmortales, no pueden morir.
¿Qué? No podía creer lo que decía. Estaba segura de que podía haber ganado la lucha si no fuera por Aitor. ¿Si no pueden morir cómo rayos se supone que íbamos a vencer?
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La Voz De Un Ángel
ParanormalSamantha y Alexa viven en un pequeño pueblo y como todo pueblo, éste también tiene su leyenda. Nunca pensaron que aquellas historias eran reales hasta que una serie de sucesos rompió el molde de vida que estaban forjando. Descubrirán que el mundo es...