El olor a humo era intenso, no el de un cigarrillo, sino una mezcla de carne quemada con plástico. Los sonidos poco a poco se fueron aclarando y su vista fue adaptándose lentamente al medio, la conciencia de Jan estaba de vuelta. La oscuridad se quebraba por un fuerte haz de luz que atravesaba la tela de la bolsa, tal vez era para mejor.
–¿Es el?– dijo una voz grabe y masculina–.
–Así parece- dijo una mujer–.
–Cumple con todos los requisitos– dijo otro hombre–, espero que sea el, ya casi se acaba el plazo.
–Ya saben que hacer– dijo la voz grabe–, y quiero que lo trátenlo bien, no quiero que ocurra lo de la última vez.
–No se preocupe señor– dijo la mujer–, no puede estar en mejores manos que las nuestras– dijo mientras terminaba con una pequeña risa burlona–.
Después de eso se oyó un portazo seguido de unas pisadas que retumbaban en sus oídos.
La última frase provocó un pavor tan grande en Jan que su corazón prácticamente se le salía del pecho, se imaginó lo peor.
–Vaya, la bella durmiente despertó– dijo la mujer, mientras su compañero le quitaba la bolsa–.
En efecto, una fuerte luz le apuntaba directo a los ojos, tan fuerte que apenas los mantenía abiertos, pero en la dificultad observó lo que aparentemente era un hombre con un pasamontañas, este le ponía algo semejante a un casco, varias cintas de metal que le recorrían el pecho, además de otras entre los dedos índice y anular. Cada una de estas piezas estaba unidas por cables a lo que para sus ojos sería una computadora portátil.
–Te haremos preguntas, tu responde con la verdad o de lo contrario te la sacaremos a electrochoques– dijo la mujer como si fuera una frase cualquiera–.
Los nervios de Jan lo estaban consumiendo, se le nublaba la vista, sintió un fuerte dolor en la sien, estaba hecho agua con tanto sudor y el ultimo síntoma eran los espasmos de todo su cuerpo, aunque si no fuera por estos movimientos involuntarios jamás se habría notado las esposadas en las manos y los pies, ambos atados a su silla, no tenía escapatoria.
–Primera pregunta– dijo ella–. ¿Eres Jan van Heerden?
Jan apenas lograba unir sus ideas, solo podía ver como a su izquierda el hombre miraba con atención máquina que tenía conectada. No creyó que las palabras de aquella mujer fuesen ciertas, aunque no estaba en condiciones de debatir eso, pero al fin y al cabo solo quieren una respuesta. Que podría salir mal.
–No.
En ese momento Jan descubrió que era lo que había provocado ese olor a humo tan particular.
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Ojos Negros
Science FictionLa raza humana necesita ayuda, pero para salvarse deberán elegir entre abandonar todo lo que conocen o confiar en una raza que se extinguió... hace 10000 años.
