Cuando Jan avanzo a través del portal podía sentir como su cuerpo era receptor de nuevas sensaciones climáticas, olores y sonidos, que, por muy cercanos a borde del portal, estas no lo traspasaban.
Su calzado resbalaba en el piso de mármol, en él podía ver como su reflejo irrumpía en el blanco resplandeciente del piso. El sol se había ocultado hace horas, el aire estaba frio y repleto de fragancias adormecedoras típicas de un manicomio.
Al igual que en las instalaciones de la ONU cerca de Johannesburgo, la ropa de Jan fue la fue la primera en sentir los efectos de sus habilidades. Comenzó a deshacerse dejando una bruma de partículas coloridas tras su paso.
Bastaron dos pisadas para que los hombres voltearan y les proporcionasen una ráfaga de balas, Jan había tomado la delantera, recibiendo gran cantidad de estas sin recibir daño alguno. Algunos de los proyectiles impactaron en los arboles de la isla ya que el portal aún seguía abierto, cuando este se serró acabaron en el final del pasillo rompiendo las ventanas e incrustándose en la pared.
La oscuridad que Okumura les prometió jamás llego, las cosas podrían haberse logrado de mejor manera, pero en la intensidad del fusilamiento, Jan pensó que lo había olvidado.
El jamás estuvo a favor de la violencia, nunca le propino golpe alguno a quien creyera que lo merecía, siempre se abstuvo, pero ahora debía enfrentarse a alguien sin saber cómo. Un golpe muy mal ejecutado, apenas roso a su contrincante, pero eso fue suficiente para dejar los huesos de su rostro al descubierto. Caroline tomo el arma del hombre lacerado, le disparo para eliminarlo y comenzó a reprimir el ataque.
Los enfermeros estaba anonadados, uno de ellos falleció debido a los múltiples agujeros en su cuerpo, otro logro apegarse a la pared, pero aun así fue alcanzado por las balas, el tercero tuvo mejor suerte pues en ningún momento dejo de estar inquieto con la presencia de las fuerzas especiales, cuando aparecieron los demás inmediatamente se apegó a la muralla. El miro a Natsuki, entendiendo el porqué de la presencia de estos hombres, pero apreciaba su vida como para interferir en sus movimientos.
La japonesa desconecto cables y quito tubos para poder cargar al joven drogado. El muchacho pesaba demasiado como para ser removido de la camilla solo con la fuerza de Natsuki. Caroline fue a ayudar a Okumura, pero no paso por alto lo que observó en ella, solo enmudeció.
Un nuevo portal se abrió delante de ellos, aún quedaba un hombre armado y era completamente de Jan. El olvido su estado, se dejó llevar por el combate y con la mano cerrada le dio un golpe ascendente en el mentón. Si hubiera sido un boxeador el que ejecutara el golpe, el sujeto estaría noqueado, pero al ser Jan quien lo dio, convirtió al muchacho en verdugo. El portal se serró.
Fueron pocos segundos, pero ocasionaron un gran desastre. Jan estaba perplejo, era la primera vez que mataba a un hombre, no tenía sangre en sus manos, pero las sentía manchadas. A pesar de tener esa horrible imagen a flor de piel noto que no volvieron a la isla, estaban en una ciudad, él no sabía su nombre, pero si lo supiera sabría que era Wellington, capital de Nueva Zelanda.
–¿Porque estamos aquí?– dijo Jan con un vacío en su interior.
–No fui capaz de crear un portal hasta la isla– dijo Natsuki sentada en el suelo.
–¡Pues crea uno ahora!– dijo Jan mirando sus manos que lo atormentaban–.
–Mírala, niño ingrato– dijo Caroline cargando al muchacho que apenas reaccionaba–, en su estado es una suerte que estemos aquí.
Jan estaba tan perdido en su conciencia que había olvidado a los demás. Natsuki tenía las manos puestas en su estómago, intentando detener la hemorragia. Caroline recibió un disparo en el hombro, pero no sentía dolor por el entrenamiento militar que poseía. El muchacho tenía la ropa de hospital ensangrentada, pero esta no brotaba gracias a la intervención de Caroline.
–Mi culpa, esto es mi culpa-–dijo Jan al ver a sus compañeros heridos–. Debí haberlos protegido. Les falle– dijo mientras se arrodillaba–.
–No te preocupes, es lo mínimo que podría soportar para proteger a mis seres queridos– dijo Okumura mirando al cielo y cerrando los ojos–.
Natsuki los había transportado detrás de unos basureros ubicados en un callejón, era una calle muy transitada por los autos a pesar de la hora, pero ninguno tomaba atención a lo que ellos hacían. Cerca de ellos estaba un hombre gordo, con uniforme de guardia cuidando de un local. Veía una película de acción sin argumento que solo le animaba a creer que un hombre puede enfrentarse a un ejército, al menos eso es lo que escucho Jan.
–Está muy sedado– dijo Caroline–, el somnífero recorre todo su sistema. Tomará algo de tiempo reanimarlo.
–¿No puedes ayudar a Natsuki también?– dijo Jan apoyado en la pared, con las piernas dobladas, una mano tocando la frente y el cabello al mismo tiempo–.
–Llevo usando mis poderes más tiempo que tu muchacho, pero eso no quiere decir que los utilice cada vez que veo que alguien lo necesita– reprocho Caroline–.
–Estaré bien– dijo Natsuki con una sonrisa fingida–. Vamos Nicholas, tienes que despertar– dijo mientras le tomaba la mano izquierda.
Jan escucho como el hombre que veía televisión a metros de ellos se quejaba de la mala señal del aparato, lo golpeaba tratando de ajustar una pieza desencajada. Se rindió cuando la estática estaba en todo el monitor, fue ahí cuando una imagen lo asusto provocándole un escalofrío. En la pantalla solo se veía un ser difícil de reconocer en una tv blanco y negro, pero el sonido era legible. Jan se acercó al muro y oyó una voz alterada para la transición.
–Soy Tyrwol Koj, sucesor de Rhael Koj. Hace pocos minutos un grupo de humanos llevo a cabo un acto que va en contra de lo pactado hace 18 años, por tanto, este suceso será considero una declaración de guerra a Thajlaya. Procederemos a la invasión de la tierra y con ello a la extinción de la raza humana.
La transmisión se cortó de lleno, volvió la película a la televisión, pero el hombre ya no le prestaba atención, intentaba llamar a su familia, se acabó el tiempo. Nicholas tiene que despertar.
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Ojos Negros
Science-FictionLa raza humana necesita ayuda, pero para salvarse deberán elegir entre abandonar todo lo que conocen o confiar en una raza que se extinguió... hace 10000 años.
