Y todo se convirtió en fuego, los besos ardían y le quemaba cada parte de su piel, pero quería más, deseaba profundamente quemarse con su cariño, pues todo era hermoso, esos ojos, al mirarlos supo que iría a los profundo del infierno, pues había oscuridad, lo único que hacía que no hubiese solo negrura era esa llama roja, en donde debía estar su pupila, que cada vez se hacía más potente y beso tras beso le transportaba al infierno, al infierno de la pasión.
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