1.Capitulo Corregido

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Es irónico el sentirse solo cuando estamos rodeados de miles de personas. Pero, a veces únicamente estamos sumergidos en medio de un caos, en el que sólo escuchamos un inmenso silencio. Quizás, veamos a todas y cada una de esas personas que se cruzan en nuestro camino 1 o 2 veces en el resto de nuestra vida.

Sí, me resulta raro girar la cabeza una y otra vez, de un lado a otro, y ver como cada segundo alguien pasa a mi lado, pero yo sentirme totalmente sola. Me siento tan pequeña en medio de algo tan grande, esperando a que todo se detenga y alguien note mi presencia.

Pero, no voy a trasladarles a un espacio tan amplio, no. Quiero invitarles a entrar en mi pequeña dimensión, a que descubran a lo largo de esta historia los diferentes sentimientos que me atraviesan como balas, haciéndome vivir todo con tanta intensidad que a veces me hace llegar a pensar que un día acabaré tan sobrecargada, que acabaré explotando y destruyendo todo a mi paso.

Estábamos todos colocados en posición, y el profesor empezó a explicar algo, pero mi mente viajaba a miles de años luz de aquella patética clase de gimnasia. En ese momento lo único que hacía eco dentro de mis pensamientos eran los latidos de mi corazón y mi respiración agitada.

-Jeffers. - escuchaba a los lejos. -¡Jeffers!.- aquello lo escuché más cerca y en un momento volví a la realidad. Frente a mí aparecieron los fríos y penetrantes ojos negros del Profesor Collins. -Vamos Claire, ¡el juego acaba de empezar!.- gritó este.

Sin entender a que se refería, eche un vistazo a mi alrededor. Ya no estábamos en circulo, yo me encontraba en el centro, y no se en que momento me fue entregada una pelota; supuse por tanto que jugábamos al balón prisionero, por lo que lancé el balón al primero que se interpuso en mi mirada.

Tras unos minutos, en los que hacía el mínimo esfuerzo, el profesor Collins terminó sentándome en el banquillo. Y ahí fue cuando mi mirada volvió a centrase en un punto lejano, mientras mi cabeza trataba de encontrar las respuestas a aquellas sensaciones inexplicables. ¿Qué sensaciones? Se preguntarán mucho de ustedes, pues bien han de continuar leyendo para descubrir que era lo que pasaba por mi cabeza.

Después de un largo y agotador día de instituto, por fin fui libre para regresar a casa. De camino, un estruendoso trueno sonó de repente, y a continuación una fuerte lluvia hizo acto de presencia. Pero no apresure el paso, ni siquiera me resguarde en algún lugar hasta que la lluvia cesará o calmará. Simplemente seguí caminando, hasta que me detuve, mire hacia arriba y deje que las gotas cayeran sobre mi rostro; deje que la lluvia me empapara y penetrase hasta mi piel.

No se cómo, ni tampoco sabría explicar porque hice aquello, solo se que en ese instante sentí paz; como si cada gota se llevase consigo cada uno de mis tormentos, complejos, dolor, rabia...

He ahí nuevamente aquellas sensaciones que venían a mi sin motivos, sin respuestas. Solo fluían en mi ser; lo que hacía que me obsesionara con algo que no podía entender.

-¡Ah!.- un grito desgarrador salió de lo más profundo de mi garganta. Maldita sea, donde se encontraban las jodidas palabras, las oraciones, para explicar lo desgarrador que era sentir sin entender en si el que sentía. Otra vez el misterio...¿qué le ha pasado a esta chica que no se entiende a sí misma? Seguro que es la pregunta que les rondara a muchos llegados a este punto. De seguro, muchos ya me han tachado de loca. ¿Una chica, parada en medio de la calle, bajo la lluvia y soltando gritos como si de una película dramática se tratara?, sí huele a locura.

Tras mi escena bajo la lluvia, reanudé mi camino a casa, y tras 10 minutos llegué a mi hogar ubicado en la zona sur de la ciudad de Madrid. Una vez dentro, deje mis cosas en mi cuarto, saque toda mi ropa mojada y fui directamente a la ducha. Mientras estoy bajo el agua caliente, creo que debería de presentarme, al menos así vamos generando confianza.

Mi nombre es Claire Jeffers, tengo 18 años y estoy en mi último año de instituto. Hace 3 años perdí a mis padres en un accidente de tráfico, por lo que ahora vivo sola en una enorme casa. Triste ¿verdad? Ahora bien, seguro se preguntan cómo puedo subsistir, pues bien por un lado tengo lo que mis padres fueron ahorrando para mi futuro, y por el otro, trabajo en un restaurante los fines de semana. O, y no, no cuento con la ayuda de nadie más. Mi "familia", si así se puede llamar a semejantes individuos, me dieron la espalda.

Ahora, volvamos a mi escena de la ducha, ¿por donde iba? Oh si ya recuerdo. Después de calentar mi cuerpo con la deliciosa agua tibia, regresé a mi habitación y me coloqué algo cómodo para dormir. Baje a la cocina, cene algo rápido y posteriormente regresé para ya meterme en la cama. Al instante caí rendida.

InseguridadesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora