10.Capítulo Corregido

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Al finalizar las clases, Lucas me acompaño a casa y nos despedimos. La verdad que he de admitir, que no me la paso nada mal con él. Siempre que trato de mantenerme distante, de esconder mis emociones y protegerme, mis ojos se pierden en los suyos, y todo se va a la mierda.

En la ducha, una sonrisa tonta se escapa de mis labios sin poder evitarlo, al recordar la anécdota suya con su hermana. Por un instante, se sintió tan bien el poder compartir con alguien esos pequeños detalles, sin importarte nada más, solo disfrutarlo y sentirse completamente libre de decir y expresar lo que uno quiera.

Nunca me imagine, que llegaría a conocer a un chico tan insistente y dispuesto a conseguir que aceptará su amistad; y la verdad, empiezo a creer que ha valido la pena. El conocernos así, el que todo se este desarrollando de esta manera, me parece tan surrealista, pero a la vez tan emocionante. Me hace sentir viva.

Tras darme una ducha, me vestí con algo cómodo y salí nuevamente de casa para ir al súper y comprar ciertas cosas que necesitaba.

Iba distraída mirando el móvil, cuando siento que mi carro de la compra choca con otro.

-Oh, lo siento. - Dije apenada y cuando levanté mi mirada, allí estaba, la persona que hizo pedazos mi corazón.

-Vaya, sí es la pequeña Claire, aunque ya no estas tan chiquita. - La voz de Adrián me causó asco nada más escucharla. Sus ojos me recorrieron de arriba abajo y una sonrisa pícara y juguetona se poso en sus labios. Puse mis ojos en blanco exasperada y decidí no responderle y continuar mi camino, pero su voz me detuvo.

-Sabes, me pregunto si todavía piensas en lo que paso aquel día. - Una risa amarga y fría sale de lo más profundo de su garganta. Sé que intentaba minimizarme y herirme, así que tome aire y trate de retomar mi paso. -Ya nos veremos pequeña Claire, quien sabe si al final tus deseos se hagan realidad, ya sabes, logres enamorarme. - Dice a modo de burla antes de voltearse e irse.

Rabia. Eso era lo que corría por mis venas ahora mismo. Pero no tan solo eso, sino también dolor, mezclado con impotencia. Sé que pensarán, estúpida por qué no te defendiste. Pero es que, sinceramente, no sabía qué contestar; a pesar de que haya pasado el tiempo, la herida que provocó Adrián todavía duele.

Una vez salí del super, aquel episodio con Adrián todavía rondaba mi cabeza, haciéndome volver a aquel día.

Flashback

Llegue a casa empapada, manchada de barro y con los ojos hinchados y rojos de tanto llorar. Corrí escaleras arriba, dando un portazo y encerrándome en mi habitación. La voz de mi madre no se hizo esperar.

-Cariño, ¿qué ha pasado?, ábreme por favor. - La cálida voz de mi madre se escucho al otro lado de la puerta, tratando de convencerme de que salga. No obstante, hice caso omiso y empecé a coger, tirar y romper todo lo que encontraba en mi habitación.

Era tanta la impotencia que sentía, que pensaba que con aquello lograría sacarlo todo de mi interior y quedarme totalmente desahogada. Las lágrimas y los gritos no tardaron en aparecer, sintiendo como mi garganta se desgarraba. ¿Por qué? Era la pregunta principal en mi cabeza, pero no encontraba la respuesta. ¿Realmente era necesaria semejante humillación?,
¿Qué ha ganado con esto?

Miles y miles de preguntas, venían de aquí para allá, así como miles y miles de cosas llegaban a mis manos y acababan igual de destrozadas que yo por dentro. Así estuve durante un par de horas, hasta que agotada me tendí en el suelo, cerré mis ojos y dejé mi mente totalmente en blanco.

- ¿Claire?, cielo, déjame entrar. - Su voz sonaba tan preocupada. Pero, en aquel instante, el dolor y el enojo que sentía me tenían totalmente nublada, ida.

- ¡LARGATE!, Solo déjenme sola. - escupí aquello con tanta ira, que esperaba que mi padre acabase entrando, echando la puerta abajo. Pero, nada de eso ocurrió, en toda la noche, nunca más mi madre volvió a acercarse a mi puerta.

Fin del flashback

Estuve encerrada por días, hasta que mi cuerpo me exigió alimento, y agua. Deje que mi madre entrará, y siempre recordaré como sus ojos se llenaron de lagrimas al instante al verme allí parada, hecha un desastre y rodeada de caos. Le conté todo, y sus brazos me rodearon fuertemente, y fue justo en ese momento, cuando sin poder aguantarlo más, terminé de romperme entre los brazos de mi madre.

Regresar al instituto, fue tarea difícil, pues Adrián se encargo de que todo el mundo supiera acerca de aquella humillación. No sé cómo, pero logró grabar en video todo lo ocurrido y lo envío a todo el instituto. Las risas y las burlas eran continuas, crueles y despiadadas. Era la comidilla de todos y de todas, y nadie hizo el afán de detener aquello, todos estuvieron completamente dedicados a la causa de ver quien avergonzaba más a la estúpida Claire.

Lo fui acumulando todo, no decía nada, ni siquiera a mis padres. Hasta que un día, encerrada en mi habitación, pensamientos obsesivos atacaron mi mente.

Das asco.

¿Para qué seguir viviendo?

Nadie te soporta.

Sería más fácil estando muerta.

Mírate, eres horrible.

Gorda.

Estas llena de granos.

Y más, y más cosas venían a mi mente. Ya harta de todo, un día me encerré en el baño de mi cuarto, tome mi afeitadora y saque su cuchilla. La observé entre lágrimas, creyendo que aquello lograría liberarme de aquellas voces. En mi reflejo del espejo, mis ojos me escudriñaban, fijándose en cada maldito detalle.

-Sí, estas gorda. Sí, mírate, con una cara horrible llena de granos. Sí, das asco. Sí, nadie va a amarte. - Dije en voz alta, sin darme cuenta de que por cada sí me había cortado.

Así es, fue ahí cuando empecé a autolesionarme, encontrando en aquello una vía de escape. Una manera de exteriorizar toda la mierda que me estaba matando por dentro. Mucha gente se piensa, que los que hacemos esto somos imbéciles por creer que esta es la solución; o que se trata de una manera muy fácil de querer arreglar las cosas, que existen miles de recursos para superarlo. Pero lo que muchos no saben, es que a veces, los que sufrimos de esta manera, estamos tan absortos en tantas voces que no paran de gritarnos y recordarnos cuan horribles somos, que no podemos llegar a escuchar ninguna voz resolutiva.

Aquello se sentía tan bien para mí. Era como si por aquellos lagos de sangre, saliera de mi todo el dolor, la rabia, la impotencia, los celos, es decir, todos y cada uno de los sentimientos negativos e hirientes que sentía. Suena a locura, lo sé, pero, para mí aquel contacto de la cuchilla con mi piel era liberador, y me calmaba por dentro.

Desde entonces, empecé a vestir con sudaderas enormes que ocultaran mis cortes, pues no era idea de que mis padres se enterasen, que su hija de 14 años se autolesionaba. Al principio, sospecharon de mi con el cambio de look, pero lo ocurrido con Adrián, les hizo creer que estaba en una etapa de transición o algo así, así que no le dieron tanta importancia; aunque en verano si se me hacía realmente complicado, ocultar las heridas, así que trataba de controlar mis ganas de cortarme, y de camuflarlas con el maquillaje de mama.

Al rato, llego a casa y me encamino hacia la cocina, dejo las bolsas sobre la encimera y me dispongo a guardar la compra. Cuando termino, me tumbo en el sofá con una bolsa de gominolas y papitas, y me pongo una peli. Horas de después, ya había anochecido, así que subo a mi cuarto para cambiarme por mi pijama y lanzarme en la cama, quedándome al poco tiempo completamente dormida.

InseguridadesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora