NADA VOLVERA A SER LO MISMO.

14.6K 550 56
                                        

 

—¡Ruth! —tomé su cabeza entre mis manos,apoyándola en mi regazo. Estaba completamente pálida. Temía por ella. —¡Harry!—le miré rápidamente, él estaba apoyado en la pared mirándonos sin inmutarse,no demostraba ni una pizca de preocupación. —¡Harry es tu hermana!

—No es mi hermana, y lo más conveniente es que lasaques de mi habitación, comienza a oler a perra barata. —se cruzó de brazos.

Lo miré completamente aterrorizada, ¿pero que podíaesperar de él? Así es Harry. No puedo pedir nada de él en este momento, tendréque arreglármelas yo sola.

—Ruth, por favor respóndeme. —exclamé, condesesperación. —Ruth, Maldita sea. —le di una bofetada en la mejilla.

Al ver que no respondía a mis llamados supe que loque había sucedido era algo grave. No podía marcharme y dejar a Ruth ensemejantes condiciones. Le había pasado algo malo, eso era lo más probableluego de haber llegado de una orgía. No entendía como pudo ser tanirresponsable.

—Harry, ayúdame a pasarla a la cama, por favor.

—No, no puedo con tanto peso.

—¿Puedes dejar tus malditas estupideces a un lado yser útil? —solté exaltada, ahora si estaba enojada. —Te juro que si no meayudas haré que tu castigo sea mucho peor.

Clavó sus amenazantes ojos verde en mí, mientrasapretaba los puños de sus manos con fuerza. Mi cuerpo no pareció sentir temorya que la ira era lo único que me controlaba en ese momento.

Y de repente se acercó a nosotras, y tomó a Ruthentre sus brazos, salió de la habitación y caminó hacia la habitación de Ruth,la dejó en su cama y luego se volteó para mirarme a los ojos mientras seacercaba a mí lentamente.

—Llama a tu padre. —cogió el teléfono de subolsillo y me lo entregó.

Lo tomé rápido, y marqué el teléfono de mi padrecon urgencia, me llevé el móvil al oído y esperé a que entrara la llamada.

Un pitido comenzó a sonar en el primer piso,haciéndome recordar que mi padre me había regalado su teléfono móvil. Se mehabía olvidado por completo.
Estoy jodida.

Harry rió sin gracia, e intentó salir de lahabitación pero lo agarré del brazo. No quería sentirme sola en este momento.No sabía a quien llamar ni adonde ir. ¿Debía ir al hospital? eso era algo de loque estaba dudando, necesitaba que algún adulto me ayudara a tomar unadecisión.

—Llévanos al hospital. —le rogué a Harry, tenía laesperanza de que su corazón se ablandara.

—No. —lo que esperaba.

—¿Por qué? —grité.

—Me han castigado. —se encogió de hombros. —Nopuedo salir de la casa, ¿Qué no has escuchado a Anne?

—Esto es una emergencia.

—Ay, claro que no. Solo está bajo los efectos de ladroga, luego se repondrá.

—Harry... —me llevé las manos a la cabeza tratando decontrolar toda la ira que sentía en ese momento, me chocaba la actitud de Harry.Lo único que quería en ese momento era matarlo, literalmente. —Te lo estoypidiendo con amabilidad. Por favor, Harry. No te cuesta nada y además es tuhermana. Reacciona. —intentaba estar calmada.

Me miró directamente a los ojos.

—Prométeme que el día de mañana estará dedicado amí. —salió de su boca.

—Lo prometo. —asentí con urgencia, sintiendo lasmanos de Harry sobre mis hombros. Se inclinó hacia delante y me dio un beso enla comisura de los labios.

Cosquillas, mariposas y hadas comenzaron a volarpor mi estómago. Ese era el efecto que producían sus besos. Me hacían olvidarde todo.

—Harry...—hice espacio entre nosotros. —Vamos.

Asintió, y caminó hacia su habitación. Esperé unossegundos y luego vi que Harry volvía con las llaves del coche en sus manos, melas entregó y caminó hacia Ruth. Salí de la habitación, bajé las escaleras yabrí la puerta de la casa. Me dirigí al coche de Harry y abrí la puerta de losasientos traseros para que pusiese acomodar a Ruth ahí mismo. Cuando lo hizo,cogimos rumbo al hospital que quedaba a unas cuantas calles de nuestrovecindario.

—Harry... ¿Crees que le pase algo malo a Ruth?—pregunté.

—No. —contestó sin quitar la vista de la carretera.—Seguramente es un siempre mareo, tal vez necesitaba dormir. En serio noentiendo porque tanta preocupación por tu parte. Creo que Ruth esta tratando dellamar tu atención ya que gusta de ti. Maldita sea.

—Estás mal de la cabeza. —exploté. Jamás he conocidoa una chica que le gusten tanto los hombres como le gustan a Ruth. Por favor,eso está completamente claro. Los celos de Harry lo han cegado por completo, lollevan a desconfiar de todo el mundo. Esta enfermo.

Cuando miré a mí alrededor ya estábamos en laentrada de urgencias del Hospital. Harry se bajó del coche y abrió la puerta deRuth.

—¡Hey! Necesito ayuda. —le grité a unas enfermerasque se encontraban cerca, ellas vinieron inmediatamente.

Aquellas enfermeras tomaron a Ruth, y se lallevaron en una camilla. Me quedé observando horrorizada. No quería que nadamalo le pasara Ruth, era mi mejor amiga.

—Vamos, Nicole. —Harry pasó su mano por mi espalday me guió dentro del hospital.

—Harry, estoy asustada. —confesé.

—Yo también lo estoy.

Paré de caminar, y le miré a los ojos.

—¿Lo estás?

—Sí, mis padres me van a castigar aun peor.

Negué, y miré hacia otro lugar.

—Tranquila, Nicole. —tomó mi barbilla. Le miré alos ojos. —Todo va a estar bien. Yo lo sé.

—¿Lo prometes? —pregunté. Me dolía ver a Ruth enese estado. No quería que le pasase algo malo.

—Lo prometo.

Sonreí con tristeza. Caminé hacia las sillas deespera y me senté en una de ellas, Harry hizo lo mismo. Esperaba que no hubiesediscusiones por un momento, necesitaba estar tranquila. Recosté mi cabeza en elhombro de Harry y cerré los ojos.

++++

Abrí los ojos, escuchando los llamados de Harry, sumano me tocaba suavemente el hombro. Miré hacia arriba y le vi mirándome. Teníala cabeza apoyada en su regazo. Observé su rostro tan perfecto como siempre. Laúnica diferencia que tenía, era que antes de que termináramos no tenía barba yahora la tiene. Esa barba le da un toque sexy, indiscutiblemente.

—Ruth. —pronuncié su nombre al instante en el quesu imagen vino a mi cabeza.

—Está bien. Podrá irse para la casa hoy mismo.—acarició mi cabello. Había extrañado sus caricias. Alguna parte de mí,comenzaba a ceder, pero tenía que controlarlo, no podía volver con él. —Alparecer alguien le dio una sustancia la cual hizo que perdiera la razón. Losmédicos no se explican como fue que llegó a casa. —explicó Harry.

—Pobre Ruth. —susurré.

Harry se quedó en silencio. Me miraba a los ojosdetenidamente, haciéndome sonrojar, él sabía aquel efecto que tenía en mí consolo una mirada. Podía hacerme volar.

—Harry...—me levanté y me reacomodé en la silla.Necesitaba hablar con él.

Por mucho que lo amara y que sintiera lo que sientoen este momento no puedo abandonar mi lucha contra su posesividad. Recordar laspalabras que me dijo en el coche sobre Ruth y su vaga afirmación de que gustabade mí, me dio aliento para seguir firme en mi posición. No podía dejar que lascosas siguieran así. Necesitaba que Harry cambiara, y necesitaba que ese díafuera pronto porque no sabía si iba a seguir aguantando el problema que sehabían convertido mis días. Las dramáticas discusiones y enfrentamientos.Quería que todo volviera a ser igual que antes (Desechando su posesividad).

—¿Sí? —contestó, y pasó su mano por mi mejillasuavemente.

¿Estaba utilizando alguna táctica o algo por elestilo?

—Quiero hablar contigo. —espeté.

Su cara se tensó notablemente. Sabía que le iba adecir algo malo. Él lo sabía. Me conocía a la perfección.

—¿De qué? —se aclaró la garganta.

—Harry... Yo —hice una pausa, sin saber comocontinuar. —Quiero que sepas que todo sigue igual que antes. No hemos vuelto.Los besos que nos hemos dado no quieren decir que te haya perdonado. Tambiénquiero aclarar que no tengo nada con Drew ni con ningún otro hombre. Quiero quelo tengas claro.

Asimiló mis palabras por unos segundos, antes delevantarse de la silla y caminar hacia adelante. Eso lo hacía cuando estabamolesto. Rascó su cuello con una de sus manos y luego la pasó por su cabelleradorada.

Y de repente se volteó, su boca se entreabrió porun momento pero no salió ninguna palabra. Fruncí el ceño completamenteconfundida.

—Nicole Miller —pronunció mi nombre. —Quiero quesepas que no te necesito para complacer mis necesidades. Puedo buscarme a otrachica y ser feliz con ella. ¿Lo entiendes?

—¿Complacer tus necesidades? —expresé confundida.

—Sí, soy un hombre y las tengo. —se acercó mas a míal ver que una anciana nos observaba. —Te he esperado como un perro, heaguantado tus estupideces y maltratos. Rechazos y engaños. No me creas idiota.

—¿Qué estás queriendo decir? —pregunté.

—Nunca. Jamás. Voy a cambiar. —se arrodillo frentea mí. —Jamás lo haré. Entiéndelo. Si me quieres acéptame como soy. Si no estásjodida. —su voz era gruesa y amenazante.

—¿Entonces... Piensas buscarte a otra chica?—pregunté dolida. Esa idea me causaba nauseas.

Me miró por unos largos segundos.

—Sí. —declaró firmemente.

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.


Voten y comenten!

Fin del maraton.

H.

POSSESSIVE.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora