TE VOY A LLEVAR A UNA FIESTA.

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—¿Que hizo qué? — Ruth se quedó sin aliento, sorprendida.

— Él... Oh, vamos, no me hagas repetirlo una vez más, te lo he dicho unas cuatro veces.

Se acercaba el final de la clase de matemáticas y el Sr. Staples, era incapaz de controlar la clase. Cada maestro debía saber que nosotros éramos adolescentes, y los adolescentes tienden a desobedecer.

— ¡Nicole!

Me volví para ver a Jake.

Levanté una ceja. — ¿Sí?

— Rompiste con Harry, ¿no? — preguntó.

— Um... — Ruth me salvó de responder.

— ¿Y a ti que te importa? Vete a la mierda. — espetó.

Jake levantó las manos en señal de rendición.

— Todo el mundo quiere saberlo, acabo de perder la apuesta.

Hablé antes de que pudiera hacerlo Ruth. — ¿Qué apuesta?

Él sonrió. — La apuesta para ver si realmente habían roto o no, parece que es no, es obvio a partir de la actitud de la señorita Fiesta. — asintió la cabeza hacia Ruth.

Suspiré. — Sí que hemos roto.

Se echó a reír mientras jadeos y murmullos se hicieron eco alrededor de la clase.

— ¿Quieres salir conmigo? — preguntó.

Negué. — No, gracias.

— Vamos, lo pasaremos bien. — susurró, tratando de sonar seductor.

— Ha dicho que no. ¿Qué parte de "no" no entiendes? — dijo Ruth entre dientes, de pie, frente a él.

Él la agarró por la cintura, girándola y presionándola contra él.

— ¿Y tú? ¿Quieres salir conmigo?

Ella sacudió la cabeza, aturdida debido a que la estaba tocando. — No, no me gusta el compromiso.

Se rió. — Bueno, a mí tampoco.

— Nene, no eres mi tipo. Así que cállate. — Ruth agarró mi mano cuando la campana sonó, riendo mientras se escapaba de sus garras.

— Pensé que te gustaba Jake. — dije, una vez Ruth me soltó.

— Sí. Para follar. — se echó a reír al ver mi expresión de disgusto.

— Entonces, ¿por qué actuaste así con él?

— Tienes que hacerles saber que estás interesada y una vez que consigas su atención, sentarte y ver cómo se arrastran a tus pies. — rió, nos dirigimos a la siguiente clase.

— Oh. Así que es una de tus tácticas. — asentí, comprendiendo.

— Sí, sí. ¿A qué hora es el almuerzo? — preguntó, frotándose el estómago.

— A la misma hora todos los días. — reí.

Me miró intensamente. — Idiota.

Me reí. — Sí, sí. — dije, imitando sus anteriores palabras.

Entramos en la clase. En todas las escuelas había un profesor que era estricto y aterrador y al que nadie se atrevía a faltarle el respeto. En esta clase, Historia, lo era el Sr. Mose.

El más humilde, estricto, profesor de Historia.

Pero le respetaba, era viejo y tenía mal humor, sin embargo, era un buen profesor. Nadie tenía menos de una B en su clase. Ni siquiera la gente como Jake, que lo único que sabía sacar era una F.

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