Capitulo 4

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Sé que no me ama, eso lo tengo seguro. Tampoco a mi padre, mi hermano y hermana. Si nos amara, no bebería. Cuando está con nosotros parece ser buena persona, pero cuando se reúne con su familia, es como si se quitara la máscara.

Beber, bailar y fumar... ¿es necesario para divertirse? No, no lo creo.

Por lo menos eso me han enseñado en mi escuela. Lo que hacen los adultos para "divertirse" no son sanas.

Mi orientadora de grupo nos dijo un día:

- Cuando sus padres beban, fumen, o hagan cualquier cosa que ustedes sepan que no está bien, hablen y digan así: si me aman, no lo hagan otra vez.

Lo hice una vez y pude deducir que no me amaba, ni siquiera lo suficiente para que por lo menos dejara de reunirse con su familia de seguido.

No quiero ser como ella. No veo que lo que ella haga le cause algún bien. Detestaría verme igual a mi madre, no es lo que deseo para mi vida.

Al parecer mi hermano si quiere seguir sus pasos. No lo veo muy de seguido en la casa, mucho menos los fines de semana.

Cuando se reúne la familia de mi madre, mi abuelo tiende siempre a ofrecerles una copa a mis primos mayores, incluyendo a mi hermano. Cristian no tenía más de 15 años cuando probó su primera copa de licor, o eso creo yo. Desde ahí, todo se fue cuesta abajo para él.

A veces cuando estoy en casa y mi hermano llega, mi madre y él discuten.

- ¡Mamá! ¡De verdad que no he hecho nada! ¡Te estás confundiendo!

- ¡No soy boba, Cristian! ¡Tu camiseta tiene el olor de tabaco impregnado!

Seguían así por un buen rato. La verdad es que no se cómo terminaban las cosas, nunca me ha gustado que las personas griten y hagan piruetas con los brazos mientras tocan un tema; simplemente me iba a mi habitación, de esa manera el molesto ruido no me retumbaba en los oídos.

Hay noches en las que mi hermano cuando sale con sus amigos, no se reporta con mi madre, y tampoco llega a casa.

Es inevitable recordar que hubo una noche en particular en la que mi hermano llegó a la madrugada. No sabría decir con exactitud la hora, pero por lo que él andaba haciendo, se puede deducir facilmente que eran las 2:00 a.m, me imagino yo. Un repulsivo sonido despertó a mi madre de su sueño -tal como pasaba conmigo-, desde su cama pudo ver que la luz de la cocina estaba encendida ¿qué rayos podría ser?

Al levantarse de su cama, caminó por el pasillo sin saber lo que le esperaba, y cuando llegó a la cocina, vió a mi hermano como jamás lo había hecho antes; sin duda alguna, él estaba ebrio. Cristian había llegado a la casa sin que alguna de nosotras nos diéramos cuenta; no tenía que estar despierta y chismeando detrás de algún mueble para saber puntualmente el proceso de cómo llegó a casa.

Puedo asegurar que al llegar a la puerta de la casa -que por cierto no tengo ni la más mínima idea de cómo rayos hizo para terminar ahí y no en otra parte- tuvo problemas para encontrar la llave, para así abrirla. Con movimientos lentos logró con suerte acertar con la llave correcta, entrar y cerrar la puerta como pudiera. En su estado, intentaba no caer de cara al suelo sosteniendo con sus manos su cuerpo de lo que había disponible: paredes y muebles. Consiguió agarrar una silla y situarla en la cocina, luego a el cuarto de aseo para llevarse con él un balde. Con el balde en mano volvió a la cocina a sentarse en la silla. El resto se sabe. Regurgitó hasta que todo ese licor saliera de su cuerpo y pudiera descansar un poco del malestar.

Sólo sé eso. No me empeñé en preguntar más por ese asunto, era ya lo suficientemente triste saber la forma en la que llegó a la casa.

Yo en cambio, seguí formándome de acuerdo a lo que me enseñan en la escuela. Es un colegio católico, femenino, lleno de monjas por doquier al igual que esculturas e imágenes grandes y pequeñas de la Virgen y Jesús, desde que era un pequeño niño hasta el reconocido hombre crucificado por los pecados de la humanidad.

Siempre he desechado lo que he aprendido de mi familia, desde lo negativo, lo que odiaba y detestaba de ellos, hasta lo que me parecía que estaba correcto. No quiero ser igual a ellos, no considero que la familia al reunirse, sea obligatoriamente para fiestas. No entiendo por qué en nuestros cumpleaños ellos tienen que culminar la celebración con bebidas y con sus costumbres.

Pienso que por eso soy así ¿o no? Un poco diferente.

Mientras aprendía normas para mi vida y carácter en la escuela, refugiaba mi alma en la música. Si, no saben cuánto me gusta la música.

Pero yo de los Estados Unidos traje muchos gustos, entre esos la música. A todas mis compañeras del salón, mis amigas y mis primos les gusta el reggaeton.

Mis compañeras y amigas escuchan fielmente a Don Omar, Daddy Yankee y no se quienes más; mientras que mi mundo era Evanescence, Avril Lavigne, Shakira, Celine Dion, Christina Aguilera y muchos otros.

Mis primos dicen que yo soy una especie de rockerita emo corta venas. Yo sé que me tratan así porque no soy como ellas. No salgo a fiestas como ellas, sino que me conformo con salir y jugar con mis amigas de la unidad. No visto con shorts extremadamente cortos, blusas por el ombligo, minifaldas, sandalias, conjunto de ropa lleno de colores extravagantes y que hacen sangrar los ojos de cualquiera; soy de esas personas que es feliz usando ropa negra, blusas y camisas grandes, jeans y tenis, converse, vans o lo que sea, con tal de que no permita que se me vean tanto los pies.

Lo de corta venas es por la fama y el auge que los emos han adquirido ahora, aun así no soy emo, o por lo menos eso pienso.

A veces siento que no encajo y que no soy alguien normal. Es casi imposible encontrar a alguien con quien compartir lo que siento. No sé cómo se sentirá eso, tampoco lo he intentado, ni siquiera sé si me aceptarían de igual forma o se apartarían y se reirían de mi. Pero si tengo claro algo, si sigo la corriente de las personas que me rodean, no seré yo y habré perdido lo que me hace autentica, por lo menos que sólo sea única ante mis ojos.

Creo tener un vacío. Eso de lo que habla la gente, un espacio que al parecer nada lo puede ocupar, donde nada es suficiente, y todo es demasiado. Es complicado explicar ese concepto, al igual que tratar de aliviar ese efecto que produce en mi ser. Tengo muchas incertidumbres, pero no sé a que se refieren. Preguntas que están en mi cabeza atacándome, mas no puedo responder o buscar ayuda en algún especifico lugar por qué no están expuestas, escritas o dichas.

Por ahora, la música me llena y me arrulla mi alma. Esta alma que no se halla, no sabe por dónde ir. Busca algo nuevo, diferente. Desea encontrar la calma, pero tambien el peligro.

Extraño a mi padre. Muchísimo. Sé que cuándo venga me ayudará con este dilema, podré descansar de nuevo, mi alma estará en paz.

Amelia Novoa
2008




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