Mi padre ha vuelto. Si, lo sé; mi felicidad es notable. La verdad es que ya me da igual si está aquí o no. Soy una pésima hija. Lo amo y todo, pero no es como antes. Creo que así se siente cuando creces. Aprendes a vivir con el dolor, sólo que este dolor se intenta camuflar tras un vidrio. Creemos que a pesar de que está lejos de nosotros, no sigue presente y atento a deshacer nuestras vidas apenas le demos oportunidad.
Las cosas entre mis padres han estado un poco extrañas. Mi madre sólo le habla de convertirse al cristianismo, el arrepentimiento y perdón de los pecados gracias a la obra en la cruz de Cristo. Mi padre se rehúsa a ir un domingo a la iglesia, simplemente detesta que pidan dinero. En la congregación nos han enseñado que diezmar es un mandato de Dios, es por eso que lo hacemos. Dios nos pide que seamos dadores alegres y que sea un acto que nazca del corazón. No creo que este mal, ¿o sí? Entonces, mi padre ha empezado a reunirse con un hombre que es pentecostal.
Entiendo que todos queremos que mi padre, el único que falta para convertirse a nuestra fe, se una a nosotros. Pero mi madre insiste demasiado. Supongo que esa es nuestra misión como seguidores de Cristo; ir por el mundo, compartir el evangelio y hacer que las personas del "mundo" sean hijos de Dios. Pienso que todos son hijos de Dios, vayan o no a la iglesia, puede que este equivocada, pero es lo que creo hasta ahora.
Hace pocos días, mis padres salieron juntos en la moto de mi padre, una Yamaha XT 600 azul, hacia el eje cafetero en el departamento del Quindío. Fueron junto a otras parejas, también cada pareja en su respectiva moto y sólo una en camioneta por si se presentaba algún inconveniente. Este grupo de personas pertenecen a una iglesia pentecostal. Ahora, en mi opinión, ellos si son otro asunto. Aunque usen las mismas biblias que nosotros los cristianos, tienen muchísimas reglas, sobre todo con las mujeres. Ellas no pueden usar maquillaje, deben dejar su cabello virgen y largo, y por lo menos para asistir a la congregación, deben usar faldas que muestren discreción. Qué bueno que no somos como ellos, o que nuestra iglesia nos lo impida. Amo usar de vez en cuando maquillaje y probar un montón de sombras de distintos colores en mis parpados; así que sería como una especie de cruel castigo que me quitara esa dicha.
Siguiendo con el relato, viajaron, pasaron un rato muy divertido y en la tarde ya era hora de volver cada uno a casa. Como por coincidencia de la vida, la mejor moto existente en medio del grupo, empezó a tener fallas mecánicas. Si, exacto, la moto de mi padre. No tuvieron más remedio que dejar la moto en mantenimiento en otro departamento y volver a Cali en la camioneta. Para colmo de males, la pareja que iba en este vehículo era la que había intentado con paciencia introducir a mi padre en las creencias de su fe.
No conozco con detalles lo que hablaron en el camino. Pero por cómo llegaron a casa ese día, se puede deducir que no muy bien. Los escuchaba discutir un poco de que mi padre no quería ir a la iglesia cristiana, porque sentía que nos estaban engañando. Mi madre le respondía que nosotros los cristianos teníamos la verdad y que las otras religiones no estaban realmente basadas en lo que dice la biblia.
Argumentos tras argumentos; excusas tras excusas. Al final mi padre nos reunió a las tres; mi madre, Sara y yo. Nos dijo que si nosotras queríamos seguir siendo cristianas, que lo hiciéramos; pero él había tomado la decisión de asistir a la iglesia de los pentecostales que había conocido recientemente.
Por supuesto, mi madre se descompuso totalmente. En la biblia hay un versículo que dice que una casa se dividirá en dos, "dos bandos", por así decirlo. Así estaba sucediendo con nosotros. Cristian, Sara, mi madre y yo a un extremo y mi padre en el otro.
Un día, como cualquier otro. Recibimos una visita de un viejo vecino. Recuerdo que de pequeña, solía ser amiga de su hija. Vivíamos enamoradas de todo lo relacionado a Harry Potter y pasábamos mucho tiempo juntas porque su apartamento quedaba diagonal al de nosotros.
Mis padres empezaron a hacerle preguntas de cómo iba su vida. Descubrieron que se había convertido al cristianismo, así que ya se pueden imaginar el tema del que hablaron por un buen y largo tiempo. Este caballero les contó su historia, de cómo su vida se estaba desmoronando igual que un edificio con las sacudidas de un terremoto, o una pequeña estructura de naipes; y que gracias a Dios y a su hijo, Jesús, pudo recuperar a su esposa y la paz interior que había perdido.
- Don Alejandro, permítame preguntarle, ¿usted a qué iglesia asiste? - interroga mi padre al hombre que se encuentra sentado en uno de los muebles de nuestra sala.
- Don José, yo voy a la misma iglesia a la que va su esposa y sus hijas.
- Que pena con usted, don Alejandro, pero a mi ese lugar no me convence, no me trae buena impresión -. Dice mi padre acomodándose en el sofá, colocando sus codos sobre sus piernas - ¿Cómo puede ser posible que los pastores de esa iglesia, por poco me exijan y obliguen, a que debo dar tanta cantidad de dinero? ¿Cómo hacen ustedes para creer que ese diezmo u ofrenda les será multiplicado? Nosotros tenemos cuentas que pagar, cosas por comprar; no podemos ir dejando todo nuestro ahorro en los bolsillos de un pastor, o es que, ¿no sabe usted que uno de los dos hijos del pastor anda en un Mercedes Benz? ¿De dónde piensa usted que saco millones y millones de pesos para comprarse un modelo de esta prestigiosa marca, que ni siquiera ha salido al mercado?
Todos nos quedamos en silencio. Lo que mi padre está diciendo es la verdad. He visto el carro del hijo del pastor de nuestra iglesia, es una ofensa hacia nosotros.
- ¿Acaso no proviene la "bendición de Dios" del bolsillo de mi esposa? Don Alejandro, trabajo muy duro en los Estados Unidos para darle a mi familia una buena vida, ¿pretenden que ahora labore para pagarle la casa al pastor?
Seguimos con la boca cerrada.
- Ahora, otro asunto, ¿es de Dios estar predicando y orando pateando el piso como si quisieran matar una cucaracha? Me molesta ese tema de estar reprendiendo a los demonios y echándolos fuera a cada instante. Se levantan a la madrugada a caminar por toda la casa declarándole la guerra al diablo. Don Alejandro, no voy a negarle que esté en contra de muchas cosas que imponen en la iglesia de ustedes, pero tengo muchas dudas. Quiero realmente seguir a Dios y cumplir su palabra, pero he comprobado que no existe tal lugar o aquella persona sin avaricia. Si en New Jersey no logre hallar ese sitio, ¿cree usted que aquí en Cali eso pueda pasar?
Mi padre está molesto. En él el disgusto es palpable, frunce su ceño y lanza una mirada de "te juro que te mato aquí y ahora". Pero esta vez es diferente, su mirada comunica necesidad de conocer la verdad.
Don Alejandro le sonríe, ¿es que no sabe que está jugando con fuego? Cuando a mi padre se refiere, es mejor tener los argumentos más sólidos existentes.
- Don José, lo entiendo. Entiendo su desconcierto y anhelo de que no lo engañen.
Don Alejandro para un momento de hablar, pero aun así nadie interviene. Mete su mano en uno de los bolsillos de su pantalón para sacar su celular. Lo desbloquea y empieza a mover su pulgar. Algo está buscando.
- ¿Quiere saber la verdad? - Mi padre asiente con su cabeza - Conozco a la persona que le puede responder todas sus preguntas. Por favor, guarde este número y llámelo. Se llama Miguel Álvarez.
Amelia Novoa
2011
ESTÁS LEYENDO
Infinitamente #PGP2016
Kurgu Olmayan¿Sacrificarías tu alma por amor? Cuando la religión y el amor juvenil se ven enfrentados, es cuando debes tomar una decisión por ti mismo. ES LA PRIMERA VEZ QUE ESCRIBO DE ESTA MANERA. Agradezco la paciencia y comprensión. Puede que este modificando.
