Capitulo 6

151 23 7
                                        

Es un guardia de seguridad.

Qué humillación tan palpable la que siento en este mismo instante. Es curioso. Cuando estoy nerviosa, todo me hace reir, hasta lo más estúpido; pero ahora siento que no es risa de nervios, sino de lo gracioso que es que te cojan con las manos en la masa... qué atrevida.

Devuelvo la mirada hacia David y preciso en ese momento él hace lo mismo, nos abrimos los ojos y ya sé la acción que debemos tomar a continuación.

Me levanto del suelo y me dirijo a la mesa donde había dejado mi maleta. Haciendo con mi rostro un gesto de "vámonos". Él también se une a mí y agarra su maleta que estaba al lado de donde había dejado la mía, con su mano izquierda entrelaza rápidamente sus dedos a los míos, y en un abrir y cerrar de ojos siento un tirón de mi mano derecha, que me dirige a la salida de ese lugar.

El pasillo se nos convierte en un túnel sin fin. Nunca habíamos caminado tan rápido, lo único que podemos escuchar es nuestra agitada respiración y el movimiento que produce nuestros intensos pasos al recorrer nuestro cuerpo, que mueven los objetos que tenemos dentro de nuestras maletas. Ambos esperamos con ansias llegar pronto a las escaleras y bajar desde el tercer piso hasta el primero apresuradamente.

No lo podemos contener. No hemos puesto nuestros pies en el primer escalón y ya estamos muertos de la risa, de ahí para abajo sólo fueron carcajadas tras carcajadas. Cuando estas cosas pasan, me confirman lo que la gente dice de nosotros.

- ­­Amelia. Tú y David están locos. Un par de locos viviendo un amor peligroso - me dice Laura con ese jodido gesto en la cara de desaprobación y de que no le agrada para nada lo que hago.

- Lo sé - me rio - gracias - mientras sonrío. No me importa lo que diga. Soy yo y no ella.

Hemos llegado al primer piso y nos dirigimos hacia algún rincón de esta institución de nos dé un poco más de privacidad. Una vez ahí, paramos y giro para verlo. A pesar de todo este ajetreo, debo decir que me siento increíble. Nunca se me pasó por la cabeza cometer tal cosa en mi universidad, mucho menos expuestos al público, pero ha sido genial.

- ¿Piensas que de pronto se dio cuenta de lo que estábamos haciendo? - pregunto con muchísima curiosidad, esperando que su respuesta me tranquilice de esta reciente situación tan agitada.

- No, claro que no - me coge de las manos y acerca su cara a la mía -, seguro pensó que sólo te estabas cerciorando de que yo no tenía el cierre de mi jean abajo.

Me echo a reír a carcajadas.

- ¡Que ridículo! Es lógico que no habrá pensado eso. Siendo ese el caso, no tendría por qué arrodillarme ¿no crees? - le sonrío y lo miro a los ojos. Me encanta. Por un momento he olvidado que durante este tiempo he estado en puntitas.

David es muy alto, eso me fascina. Desde que estamos juntos, siento que tengo las pantorrillas menos flácidas y más fuertes y tonificadas. No tengo necesidad de ir a un gimnasio o hacer ejercicios en casa, tampoco de subir las escaleras hasta llegar a mi casa. Él me mantiene en forma.

- No te preocupes princesa - me besa la frente y vuelve a mirarme -, con tal de que jamás te reconozca, todo esta bien - sonríe-.

- Espero que de verdad no me vaya a reconocer. Lo que me ayuda es que es de noche, se le habrá dificultado reconocerme.

- ¿Ves? Todo va a estar bien. Por cierto, gracias por aquello - me da un beso en los labios.

- De nada - le devuelvo el beso -, cuando quieras.

Le vuelvo a sonreír, no entiendo por completo cómo es que su presencia me llene tanto. David hace que pierda la noción del tiempo y del espacio, produce que me desinterese todo y que mis sentidos se enfoquen en complacerlo y ofrecerle a cada instante lo que nunca nadie ha obtenido de mi: Mi alma.

Nos quedamos unos segundos parados, el uno frente al otro, mirándonos fijamente. Por los cielos y la tierra; adoro sus ojos color marrón y la manera como parece que su total rostro cambia cuando estamos juntos. No se por cuánto tiempo podré soportar esto. Es como la explosión de una bomba de apetito hacia él, que recorre mi cuerpo por dentro, por cada torrente sanguíneo.

Cada parte de mi exige con lujuria y deseo, suplica subordinada y sometida, y ansía desesperadamente que sea él quien controle todas las áreas de mi vida, los movimientos de mi cuerpo y la corriente de mi alma. Deseo que sea él el señor de las vibraciones que sus palabras producen en mis entrañas, el dueño de las palpitaciones que sus manos al tocarme causan en mi sexo. Es una locura.

Me empino un poco más y lo beso en los labios, sin intención de detenerme - por lo menos no por ahora-. El me sigue, besándome con fuerza y cogiéndome de la cara con sus dos manos. No tienen que pasar muchos segundos para que nuestras caderas se unan y empiece la fricción entre nosotros. Este hombre va a terminar con mi cordura. Siento de inmediato en mi abdomen bajo cómo su miembro se endurece, a la vez que recorre mi cuerpo con sus manos y las baja por mi cuello, pasando por mis pechos y estrujándolos. Ambos inhalamos y exhalamos con fuerza, tal como si el aire se nos agotara. Hago mi mayor esfuerzo por no perder la cabeza ahora mismo, pero es complicado, sobre todo ahora que me percato del calor que transita por todo mi cuerpo, pero a la vez permanece, causando que hierva hasta mi ser. Hace que mis quejidos salgan por mi garganta con una expresión de necesidad y angustia pura.

Retira las manos de mi. No, no, no. No puede parar ahora, detesto quedar así con las ganas a flote. Al parecer tiene la habilidad de leer no sólo las acciones de mi cuerpo, los gestos de mi rostro, sino incluso los impulsos de mi excitado cuerpo. Me provoca pellizcando mis pezones por encima de la ropa ¿así van a ser las cosas? Pues que así sean. Abro por un momentos mis ojos y veo que no sabe si mirarme o detenerse en mis pechos y seguir jugando. Es mi turno. Sonrío sólo un poco, intento que él no vea lo que estoy a punto de hacer. Separo mi cadera de la suya, dejando un reducido espacio entre ambas, y ubico la palma de mi mano por encima de su miembro. Me encanta que hasta por encima de la ropa, pueda palparlo y percibir como la sangre recorre por sus venas. Subo y bajo mi mano por toda esa zona, deteniéndome a ratos sólo para apretarlo con cariño. Que todo sea con cariño.

Sus ojos han cambiado, su mirada, su gesto, incluso su pecho se mueve con mayor rapidez. Noto en su expresión lujuria y perversidad. Me estoy empezando asustar. No tengo ni la menor sospecha de lo que hará a continuación, ahora que sabe que lo he provocado y estimulado a propósito. Me atrapa desprevenida y me coge del cabello con su mano, tira de mi cabeza hacia atrás sin piedad y se me sale un gemido, con su brazo disponible me atrae a él abrazando mi cintura.

Oh no. Cuando hace eso es porque me va a exigir algo, me va a pedir que le proporcione algún tipo de placer. La cuestión es que debo hacerlo a su manera y punto. Fijo mi mirada en él, tratando de descifrar qué hará conmigo.

Trago saliva. Mierda.

Amelia Novoa
2015

Infinitamente #PGP2016 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora